Gladiador cubano sobrevive odisea para dar su grito de guerra en la jaula
Cuando el hombre le dijo que si no le daba $5,000 lo iba a matar, Rudisel Mora le respondió con un "haz lo que tu quieras'', porque sabía que jamás podría reunir ese dinero para pagar su rescate. Ni en el peor momento de su vida el gladiador cubano tuvo miedo. Así que menos lo mostrará ahora que comienza a abrir camino en el deporte.
El próximo 19 de noviembre, Silva debutará como miembro de Bellator, un circuito que suele ser una fuente de alimentación para las Grandes Ligas de las Artes Marciales Mixtas: la UFC.
"Ahora no tengo mucho que mostrar, pero te aseguro que voy a ser campeón'', comentó el guerrero de 24, nacido en la Isla de Pinos. "Todo lo que he vivido habrá de servirme de algo, siento que mi momento está llegando''.
El no lo supo entonces, pero su momento comenzó cuando a los 10 años de edad su papá, quien le enseñó los fundamentos de la lucha libre, le trajo del hotel donde trabajaba un video de una velada de UFC para que el chico viera ese nuevo deporte que combinaba tantas disciplinas en una jaula.
Mora, que había practicado lucha, boxeo y judo, quedó fascinado por aquel tipo de combate donde todo cabía y todo se utilizaba con el objetivo de subyugar al contrario. Eso y no otra cosa quería hacer en su vida.
Su vida, sin embargo, fue por los caminos de decenas de niños cubanos al pasar por las Escuelas de Iniciación Deportiva (EIDE) como practicante de judo antes de vivir sus primeros roces con las Artes Marciales en el Servicio Militar Obligatorio.
"Cuando salí de lo militar, me hice cocinero y ganaba buen dinero, pero era tanta mi pasión por los combates que dejé la profesión y me dediqué a esto a tiempo completo'', recordó el muchacho. "La gente, mi padre, todos decían que estaba loco. Yo solo quería pelear y llegar a la UFC''.
Fue por esos tiempos que conoció del Judokickbox, un arte marcial de origen cubano que combinaba varios estilos deportivos con la forma de ser y entender las disciplinas de combate en la mayor de las Antillas.
Pronto Mora se convirtió en uno de sus mejores practicantes al punto de ganar siete encuentros, pero sabía que su ascenso dentro de Cuba solo alcanzaría hasta cierto nivel, que necesitaba volar, llegar a los Estados Unidos.
Una oferta de un tío para escapar en balsa le llenó de preocupación y esperanza. Después de varios días escondido en los montes pineros, subió a una embarcación que se convirtió en su casa durante otros nueve días, llenos de tormentas y peligros, hasta que unos pescadores los avistaron en las costas mexicanas y los ayudaron a desembarcar en Isla Mujeres, un paraíso del Caribe.
El paraíso pronto se trocaría en un infierno. Cayeron en manos de bandidos que les pedían $5,000 o no verían más la luz del sol. Unos pocos pudieron reunir la suma y obtener la libertad, otros como Mora, tuvieron que resistir hasta que los dejaron ir, convencidos los captores que jamás obtendrían un centavo por ellos.
"Fue muy duro, porque a veces pensé que la vida se me iba'', reconoció Mora. "En medio de todo, yo seguía entrenando solo, hasta estuve a punto de combatir por dinero en peleas callejeras para pagar mi suma de dinero''.
Cuando lo dejaron partir, Mora buscó la ayuda de otra persona que por una cantidad menor le ayudó a llegar a Reynosa, en la frontera con Estados Unidos, por donde entró a la tierra que tanto ansiaba.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de noviembre de 2017, 0:13 a. m. with the headline "Gladiador cubano sobrevive odisea para dar su grito de guerra en la jaula."