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Juegos Parapanamericanos: Un corazón valiente reemplaza unas piernas que no están nunca más

El nadador peruano Juan León Durán se dirige a la piscina para iniciar una sesión de entrenamiento durante los Juegos Parapanamericanos, el lunes 26 de agosto del 2019.
El nadador peruano Juan León Durán se dirige a la piscina para iniciar una sesión de entrenamiento durante los Juegos Parapanamericanos, el lunes 26 de agosto del 2019. Sebastian Castañeda/ Lima 2019

La vida le tendió un par de emboscadas terribles a Juan León Durán, sin embargo el nadador peruano que compite en los Juegos Parapanamericanos Lima 2019 respondió con un corazón valiente, lleno de coraje, humildad y determinación.

El domingo pasado, León Durán se ubicó en sexto lugar en los 400 metros libres, con un tiempo de 6 minutos y 15 segundos, 23 segundos más abajo que su récord personal. Este viernes correrá los 50 metros libres y su objetivo es meterse en la final.

Su dramática historia comenzó a escribirse el 30 de abril de 1987. Mientras él nacía en Lima, su padre Juan era asesinado por la banda terrorista de Sendero Luminoso, en Huamalíes, Huánuco, al noreste de la capital peruana.

“Mi padre era ganadero y directivo del caserío donde vivíamos y Sendero lo capturó para que pusiera a la población a favor de los terroristas”, relató León Durán. “El no aceptó y logró escapar y dejó todo a cargo de los peones de sus chacras. Meses después recibió una llamada y sus peones le pedían que regresara porque, según ellos, los terroristas se habían retirado. Mi madre, que estaba embarazada de mí y a punto de dar a luz, le advirtió que no fuera. El le dijo que iría a vender todo, porque pensaba que en Lima había más futuro para ellos, para mi hermano mayor y para el nuevo miembro de la familia que venía que era yo”.

Los peones traicionaron a su padre. Sendero Luminoso lo decapitó en la plaza principal delante de los pobladores, para escarmentarlos y meterles miedo de lo que les iba a pasar si no los apoyaban. Las cuñadas de la víctima, que habían sido llevadas a la plaza a la fuerza al igual que los demás pobladores del caserío, fueron testigos de la fatal escena.

La vida sin padre en la capital fue terrible. Para colmo, su madre Agapita, tuvo dos hijas con una nueva relación y luego el hombre la abandonó. León Durán terminó la secundaria y a los 17 años de edad se enroló en el Ejército para cumplir el servicio militar y con la esperanza de ingresar a la escuela de oficiales para luchar contra el terrorismo. No tenía los medios económicos para pagar su ingreso a la escuela de oficiales y dos años después de su ingreso se licenció del Ejército como sargento.

Empezó a trabajar en 1,000 oficios para sobrevivir y ayudar a su familia.

El 24 de julio del 2014 sufrió un horrible accidente automovilístico, con quemaduras de segundo grado en las piernas.

“Creí que iba a sanar”, confesó León Durán. “No fue así. Las lesiones empeoraron. Los médicos me dijeron que tenía que tomar una decisión muy fuerte: la muerte o las piernas. Fue un golpe muy duro para mí y para mi familia”.

A partir de entonces, todo fue más difícil. Cambió su vida, su físico, su personalidad. Pasó por muchas terapias físicas y sicológicas para aceptar que no podía cambiar lo ocurrido y que tenía que mirar adelante.

Le resultó muy difícil encontrar trabajo. Se las arregló como vendedor ambulante y ahí alguien le informó que habían cursos de natación para personas discapacitadas en el Estadio Nacional y, lo más importante, eran gratuitos.

Cuando se lanzó al agua casi se ahogó. Sabía nadar, pero con su nuevo cuerpo el desafío era distinto. Cuando recuperó la confianza dentro el agua sintió que había encontrado una nueva ilusión de vivir.

Gracias al apoyo de jefa de Medicina y Rehabilitación del Hospital Daniel Alcídes Carrión, la doctora Mary Silvia Queravalu, y de la ONG estadounidense Dreaming & Working Together (Soñando y Trabajando Juntos) consiguió una prótesis.

“La prótesis llamada Estevi marcó la diferencia en mi vida, porque dejé la silla de ruedas y empecé a caminar por mí mismo”, explicó León Durán. “Y ya puedo usar el transporte público. Uso cuatro combinaciones de buses, que tardan dos horas y media, para ir a mi trabajo como motivador en la Municipalidad del Callao o para ir al Estadio Nacional o la Villa Deportiva Nacional donde me entreno”.

Gracias a una fundación vive en una casita prefabricada en Ancón, a unas 25 millas al norte del centro de Lima. Ahí vive con su esposa Lindsay Masgo Cano, también paranadadora. Ella perdió una pierna cuando tenía 14 años de edad debido a una herida mal curada tras pisar un clavo oxidado.

Los Juegos Parapanamericanos Lima 2019 se convirtieron en una inmensa alegría para León Durán.

“Es un honor participar en los Parapanamericanos”, confesó. “Han cambiado mi vida, me han hecho ver al Juan de hace cuatro años que no tenía piernas ni esperanzas y ahora se me ha presentado la oportunidad de crecer y representar a mi país”.

Ahora su objetivo es entrenar mañana y tarde para luchar por la clasificación a los Juegos Paralímpicos Tokio 2020. En estos momentos solo puede practicar por las tardes, pues en las mañanas tiene que trabajar. Abrió una cuenta interbancaria en el Banco de Crédito del Perú (BCP) para que puedan apoyarlo y pueda prepararse como Dios manda. El nombre y número de la cuenta son: Juan Willington Johan León Durán (00219119385894411152).

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de agosto de 2019, 8:00 p. m..

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