El principio de Arquímedes, un espectáculo que sienta pautas
Me imagino a Arquímedes saliendo desnudo de la tina y gritando “eureka, eureka”, al encontrar, por accidente, la solución al problema que le había planteado Herón de Siracusa. Pienso en la definición y en las variantes o aplicaciones del principio descubierto por él: “Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja”; o lo que es lo mismo: “un cuerpo flota si pesa menos que el agua que desaloja”.
La verdad es que se puede especular mucho, elaborar complejos entramados filosóficos, pero tengo la sospecha de que, quizás, el título de la obra del catalán Josep María Miró está un poco traído por los pelos. Sin embargo, no se puede negar que es un buen título, intrigante, que invita a ver la obra.
El principio de Arquímedes se desarrolla en el vestidor de una academia de natación para niños y adolescentes. Expone un tema de actualidad muy polémico y controversial: el abuso sexual de un menor por un adulto. Pero la obra va mucho más allá. ¿Ocurrió en realidad ese abuso? ¿O el acoso al profesor es parte de la paranoia nacional motivada por los tiempos que vivimos? Cerca de la academia, se cuenta, había ocurrido algo terrible relacionado con el abuso infantil. Es a partir de ahí que los cuatro personajes de la obra se mueven en una espiral de recelo, de dudas, de temores, hasta el final, abierto, para que el espectador llegue a sus propias conclusiones.
El tema le debe algo a La duda (Doubt, 2008), el filme de John Patrick Shanley y su adaptación teatral, pero la pieza de Miró, escrita en 2011, no deja de sorprender por su agarre y la forma tan original en que mueve a los actores en un espacio escénico que es el mismo pero que cambia. Mediante un sencillo pero ingenioso mecanismo, el punto de vista del espectador rota. Cada rotación está precedida de un brusco apagón acompañado de un efecto sonoro inquietante. Pero no solo muta la perspectiva sino que la obra da como saltos hacia atrás y cada escena recomienza, reconformándose.
Los cuatro actores que sostienen el andamiaje y lo llevan hacia adelante son profesionales de primerísima línea. Anna Silvetti, como la directora o dueña del local, resulta convincente en todo momento, con la duda sembrada en el rostro; David Chocarro, natural y espléndido en su caracterización del presunto abusador; Joseguillermo Cortines, como el otro instructor de natación, preciso y centrado.
En la función que vimos, Omar Germenos sustituyó con eficacia a Alberto Mateo en el papel del padre preocupado por lo que aparentemente ocurrió. El diseño de Diego PM y el propio director de las luces, operadas con maestría por José González, más la banda sonora –agua desplazándose, agua corriendo–, contribuyen grandemente a crear la atmosfera, que se va tornando asfixiante, amenazadora. Todos bajo la acertada dirección de Kevin Cass.
El principio de Arquímedes es uno de los espectáculos que ya han sentado pauta en Miami. La recomiendo sin que me quede nada por dentro. •
‘El principio de Arquímedes’, viernes y sábados 8:30 p.m. y domingos 7 p.m., Teatro 8, 2101 SW 8 St., (305) 541-4841.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de julio de 2015, 3:23 p. m. with the headline "El principio de Arquímedes, un espectáculo que sienta pautas."