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¿Viven los estadounidenses una crisis de conciencia?

Manifestantes se congregaron en frente al Capitolio en Washington, el 10 de diciembre.
Manifestantes se congregaron en frente al Capitolio en Washington, el 10 de diciembre. AP

Me inspiro para esta columna en un libro de Carlos Alberto Montaner, publicado originalmente en 1982, Cuba: claves para una conciencia en crisis. El autor acaba de presentar una reedición con el Neoclub Press, en el Centro Cultural Hispano de las Artes durante el Festival Vista, y en entrevista con Juan Manuel Cao.

Su texto me hizo repensar en la situación de Estados Unidos de América hoy, en la parte del país que eligió a Donald Trump, y recordar las varias etapas que he vivido desde que me establecí en este país desde 1964. Esto es, cuando no había derechos civiles para los negros, ni para ninguna raza o religión que no fuera la anglosajona, ni siquiera los judíos, ni para los gays, no importara cuánto dinero tuvieran para habitar en hoteles o repartos urbanos o entrar en restaurantes o clubes. No los dejaban.

Precisamente, el martes 5 de enero de 1988 publiqué en Opiniones de este diario, bajo la dirección del propio C.A. Montaner, una de mis primeras columnas, Reagan, Gorbachev y Mickey Mouse, en la que me preguntaba sobre esas señas de la identidad norteamericana. Estábamos viviendo las primeras fases de la relación con una renovada Unión Soviética, que pronto volvería a ser Rusia, y que hoy se está debatiendo de nuevo con la nominación del nuevo secretario de Estado, aún no confirmado, el ejecutivo general de Exxon Mobil, Rex Tillerson, socio petrolero de Vladimir Putin.

A principios de 1988, Ronald Reagan apareció en las pantallas de la televisión estatal de la Unión Soviética, la única que existía, hablándole al pueblo ruso, y Mijaíl Gorbachov nos envió su mensaje visual por las cadenas comerciales norteamericanas NBC, ABC y CNN (la CBS solo televisó fragmentos). Ambos se deseaban toda suerte de bendiciones en celebración de la paz. “No dejemos de esforzarnos por lograr la paz en la tierra”, dijo Gorbachov. Sin Reagan sospecharlo entonces, era el principio del fin de la Guerra Fría.

Pues he aquí que se encuentra un precedente de alianzas con Rusia, cuando aún era la URSS, y que puede ayudar a Trump a defenderse de por qué quiere ser aliado de Putin, cosa a la que ha aludido repetidas veces y ahora lo ha confirmado, buscando al negociante con Putin de este lado del Atlántico para sus relaciones internacionales.

¿Qué tiene todo esto que ver con la promesa de trabajos de Trump, con la promesa de acabar con ISIS y con la promesa de rechazar inmigrantes que no sean anglosajones?

¿Cuál es la crisis de la conciencia de esta América que quiere ser “great again”? Yo usé a uno de los personajes simbólicos en Estados Unidos, el Ratoncito Miguel, Mickey Mouse, en aquel entonces, porque Disney dijo que la razón de su éxito era que “Mickey era tan simple y poco complicado, tan fácil de entender, que no se podía evitar que simpatizaran con él”.

Reagan aprendió a ser simple en el mensaje. Y parece que Trump también. Como Reagan era un artista del celuloide, buscaba mensajes de ese medio, como el símbolo de Star Wars. Mientras que Trump es un artista del mensaje inmediato, la TV o el Twitter. Y es un marchante, un inversionista. Y eso es lo que usa, los temas del comercio y el dinero.

Estados Unidos siempre ha querido mostrarse como un país inofensivo, buscando la paz. Reagan tildó su Guerra de las Galaxias de escudo defensivo, “que no amenaza a nadie”. Y en aquel entonces el mensaje de Gorbachov hizo hincapié en el comercio. Que es el mismo mensaje que nos está dando Trump, escogiendo a un líder de la industria y el comercio para liderar en lo que ahora estamos viviendo, la Paz Fría.

Pero uno de los graves problemas de Estados Unidos, Rusia, China, etc., que comenzó mucho antes, fue con el viaje de otro presidente republicano, Richard Nixon, iniciando unas relaciones comerciales y políticas en 1972 nada menos que con el jefe más despótico del mundo, Mao Tse-tung. Esto causó un cambio en la faz y conciencia de América y del mundo.

Eran los albores de la globalización. Pero la identidad en una nación es la conciencia de pertenecer a un grupo específico. Y helo aquí. Los estadounidenses, aunque se creen los únicos americanos, quieren “América para los americanos”, como en Cuba dijo en sus consignas Grau San Martín –“Cuba para los cubanos”–, cuando comenzó a deportar a los españoles.

La conciencia de una parte de esta América norteña en que vivimos está en crisis, quiere volver al pasado racista y anglosajón. Y el señor Trump, que es muy listo, ha captado de modo simple y sencillo, como el propio Disney con su Mickey Mouse, que hay ciertas consignas y acciones, que convencieron a los americanos que votaron por él creyendo que resolverá la crisis. Con el comercio, como antes dijo Gorbachov. Y con la fuerza defensiva que dirigirán los militares, como la Guerra de las Galaxias de Reagan. Pero Trump no puede volver atrás, sin que cause guerras y demolición. La globalización es un hecho irreversible.

Y era imposible que el Partido Demócrata defendiera estos deseos. Que se volviera a la América de antes. Los propios latinos se han encargado de jactarse que son un poder especial, un grupo que habla otra lengua que la inglesa. Ver Univisión, con su lema “Lo Nuestro”. Están frente a los anglosajones. Serán pronto más numerosos que ellos. Y los negros no son inmigrantes. No son, ni han sido parte de esa conciencia americana, porque descienden de los esclavos, y quien les dio derechos fue un demócrata sureño, Lyndon B. Johnson, por la influencia de Martin Luther King. Aunque no pudo conseguirles la dignidad que merecían, hasta que más de la mitad de los norteamericanos, en un acto de redención, votaron por un mestizo negro criado por una madre blanca, Barack Obama. De hecho, los demócratas se olvidaron de los sindicatos y de los blancos en ese proceso.

Pero ahora más de la otra mitad americana ha dicho: “¡Basta ya!”. Es una conciencia de resentimiento nacionalista, racista y antiinmigrante. No se están fijando mucho en la situación internacional, porque Trump les ha prometido la paz, coincidiendo con Putin en apoyar a Bashard Al –Assad, cuando estaba bombardeando sin consideración a su pueblo, en la ciudad de Alepo, Siria. Es un propósito de un cinismo total, y que todos pagaremos muy caro.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de diciembre de 2016, 3:39 p. m. with the headline "¿Viven los estadounidenses una crisis de conciencia?."

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