El ‘fantasma del comunismo’ en las elecciones estadounidenses
El miedo que Donald Trump le quiere meter a la población antes de las elecciones es que los demócratas van a traer un gobierno comunista a Estados Unidos, como el de Venezuela o el de Cuba.
Es como si el Presidente estuviera imitando el comienzo del “Manifiesto Comunista”: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Y, por desgracia, muchos exiliados de los regímenes comunistas de Latinoamérica lo creen. Es que no confían en las bases profundamente democráticas en las que se fundamenta esta nación.
“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”, sigue diciendo el famoso “Manifiesto”, que en el fondo, es contra toda la clase burguesa. Y basado en eso, Trump y sus seguidores prometen que si ganan los demócratas habrá disturbios peores que los de ahora. Por eso y otros desaciertos de este gobierno muchos líderes republicanos se han negado a apoyarlo y proclaman su voto por Joe Biden.
El comunismo fue también la excusa que históricamente han usado dirigentes autoritarios para justificar sus dictaduras totalitarias, como Adolfo Hitler en Alemania, Benito Mussolini en Italia, y Francisco Franco en España.
Pero esta nación nunca ha sido comunista, ni fascista, ni dictatorial. Aquí hay un estado de derecho, y un sistema de balances, para que no surja un caudillo, imagen que sí le cuadra como anillo al dedo a Trump.
Como hispanos no tenemos que caer en la lucha que se ha librado constantemente en Latinoamérica. No estamos en esa disyuntiva. Este es un país donde se vota libremente en las elecciones. Aunque hasta en eso Trump ha tratado de crear un estado de miedo durante la pandemia, asustando acerca de fallos con el voto ausente por correo.
Tenemos un Congreso y un Senado con representantes y senadores por ambos partidos, un sistema de justicia independiente, y total libertad de prensa. Aunque la fe en la prensa también la ha criticado Trump. El ejército no puede usarse para ejercer los caprichos de un presidente. Y ya se lo han demostrado a él y vocalmente. Nunca se ha propuesto en ningún partido nacionalizar las corporaciones ni los negocios.
Pero un tipo de socialismo sí tenemos. Aunque no tan bueno como el que se goza en otros países europeos. Si no fuera por las leyes socialistas de este país ningún refugiado cubano ni de otro país hubiera recibido ayuda nunca.
Pero hubo una época en Estados Unidos en que no había ni Seguridad Social ni Medicare ni la ayuda que reciben los trabajadores cuando pierden sus trabajos, el seguro del “Unemployment” (desempleo), que está en las noticias hoy día. El “Social Security”, junto con el seguro contra el desempleo fue creado, no bajó del cielo. Fue aprobado por el Congreso en 1935, y bajo la presidencia del demócrata Franklin D. Roosevelt, con su política del “New Deal” (El Nuevo Trato).
Esta es una ley socialista, porque exige a las corporaciones pagar impuestos federales, y ahora también estatales, para cumplir las exigencias de esos seguros. Pero aún no incluía “Medicare”, para los jubilados. Esa ley se procuró el 30 de Julio de 1965, y la firmó el presidente demócrata Lyndon B. Johnson, como una enmienda del Acta del Seguro Social, e incluía la ley del “Medicaid” (Asistencia Médica) para los pobres. En ambos casos hacen responsables al gobierno federal y estatal por la salud y la alimentación del pueblo cuando lo necesitan. Y los que pagan son todos los ciudadanos a través de los impuestos.
El otro asunto es la educación. La universidad privada era lo único que existía en Estados Unidos, como Harvard (1636), y a principios del siglo XVIII, Yale, Pennsylvania, Princeton, y otras del “Ivy League”. Finalmente, se abrieron universidades estatales a principios del siglo XIX, en Georgia, en Carolina del Norte y en Virginia, y se mejoraron las posibilidades para todos los estudiantes. Pero aún cuestan dinero. Sería mejor si hubieran universidades públicas totalmente para los que no pudieran pagarla, como hay en toda Europa y América Latina. En Cuba, antes del castrismo, en un sistema capitalista, la educación, desde el kindergarten hasta la universidad era gratuita.
Hay muchos recursos para preservar la República y todas sus libertades. Aquí ha habido una evolución progresista, no una revolución. Cuando llegué en 1960, no había verdadera libertad para los negros, pero en 2008 se eligió un presidente negro. En la Universidad de Pensilvania, mi Alma Mater, y muchas otras de gran reputación, las mujeres no podían llegar a ser catedráticas (con “tenure” [ocupación fija]) aunque la mitad del estudiantado era femenino. Mientras que ya hoy han tenido presidentas o rectoras.
Se han adoptado leyes que benefician a todos igualmente y que procuran justicia. Por eso hay que decidir con el voto, no con el miedo. Para eso somos libres de decidir cuál será nuestro futuro.
Escritora cubana. Correo:
olconnor@bellsouth.net.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de agosto de 2020, 11:26 a. m. with the headline "El ‘fantasma del comunismo’ en las elecciones estadounidenses."