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La socialdemocracia es anticomunista

Cubanos participan este miércoles 1 de mayo de 2019 en el desfile por el Día del Trabajo en La Habana (Cuba).
Cubanos participan este miércoles 1 de mayo de 2019 en el desfile por el Día del Trabajo en La Habana (Cuba). EFE

Salí de Cuba el 3 de junio de 1960 con mi esposo Pedro Vicente Aja y Jorge, quien estaba invitado a participar en la Asamblea General del Congreso por la Libertad de la Cultura, CLC, que coincidió con la celebración de su décimo aniversario, en Berlín ese verano. Nos acompañaba nuestra pequeña hija Mónica.

El socialdemócrata Aja llevaba una encomienda importantísima: analizar la revolución bajo Fidel Castro en ese foro mundial anticomunista. Desde Nueva York, le acompañó el rector de la Universidad de Puerto Rico Jaime Benítez. Se encontrarían con Aureliano Sánchez Arango, ya exiliado en México, quien había sido ministro de Educación en el gobierno del presidente Carlos Prío Socarrás. Aja había sido candidato a representante por el Partido Ortodoxo, antes del golpe militar de Fulgencio Batista en 1952.

Luego colaboró con la Brigada 2506 como miembro de la Junta a establecerse en Cuba, pero en ese momento se unió a Sánchez Arango, su enemigo político durante la República, para declarar cómo Fidel Castro estaba aliándose con el comunismo internacional, bajo la Unión Soviética.

El CLC (en inglés: Congress for Cultural Freedom) tenía su sede en París, y se había fundado como respuesta a una serie de congresos “por la Paz” que organizaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) durante la posguerra. El momento inicial fue en 1950 en respuesta a la necesidad de ayuda en Berlín Occidental, que estaba siendo oprimido por Berlín Oriental.

En su momento cumbre, el CLC estuvo activo en 35 países. En Cuba, México, Argentina y Brasil había comités importantes. Hasta que en 1966 se reveló que tenía el respaldo no oficial de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, la CIA.

Pero es que con sus congresos los soviéticos atraían a intelectuales al comunismo, como Jean Paul Sartre, por ejemplo. Mientras que el CLC aspiraba a congregar a pensadores que creyeron originalmente en la URSS, pero eran adversos a su sistema autoritario. Esos intelectuales, muchos socialdemócratas, se adhirieron en Asia, África, Europa y las Américas, a la multiplicidad de publicaciones que tenía el CLC. Entre ellas, la revista Cuadernos, en español, con su jefe de redacción Julián Gorkin, a quien “La Pasionaria” le había pedido la cabeza en España, y nombres famosos, desde Jorge Luis Borges, de Argentina y Salvador de Madariaga, de España, exiliado en Londres, hasta Octavio Paz, en México.

Fue en Cuadernos (Número 52) donde aprendí la definición que se dio sobre la diferencia entre comunistas y socialdemócratas, por uno de los organizadores originales del CLC, Sidney Hook, quien era profesor de filosofía de New York University y socialdemócrata pragmatista.

“Nunca se insistirá demasiado en el hecho de que son las creencias políticas y no las teorías económicas las que constituyen la clave de la sumisión comunista”, escribe Hook, “porque hay muchos elementos anticomunistas partidarios de la adopción de amplias medidas de socialización en la economía. Por lo tanto, sería el colmo de la estupidez englobarlos entre los comunistas. Los verdaderos socialdemócratas figuran entre los adversarios más inveterados e irreductibles del comunismo”.

Las razones económicas nunca impulsaron a Fidel Castro ni ahora a Nicolás Maduro. Es la ideología marxista materialista, que mantiene al pueblo entretenido en la idea de una “cuasi adoración” aglutinadora, casi religiosa. Si hubieran dado importancia a la economía no hubieran adoptado medidas dirigidas a su rotundo fracaso. Las utilizaron para controlar, y crear “La nueva clase”, como advirtió el disidente Milovan Djilas en el libro del mismo nombre en 1957.

Desde Río Piedras, Puerto Rico, donde Aja era profesor de la Universidad, él preparó un “libro blanco” sobre Cuba, siguiendo de modelos el de Hungría y el del Tíbet, y publicado como Addendum de Cuadernos, número 47, con el título “Cuba 1961”. Incluyó como autores, entre otros, a Felipe Pazos, José Ignacio Rasco, Tony de Varona, Humberto Medrano y el propio Aja, a quien asistí con la edición, todo bajo la dirección de Gorkin.

“Esta [publicación] era un relato objetivo, pero apasionado del amordazamiento de la prensa, de la universidad y los sindicatos, con documentados estudios sobre la banca, la reforma agraria, la situación de los campesinos y la evolución de las relaciones exteriores, que no olvidaba un pormenorizado recuento de las violaciones de la Constitución del 40 y los repetidos encontronazos del régimen con la comunidad católica”, ha resumido la profesora Marta Ruiz Galbete en “Uniandes Journals” (2017), de la Universidad de los Andes.

Algunos de los colaboradores deCuba 1961” creyeron originalmente en la Revolución, pero renunciaron a la misma al darse cuenta de la traición del convertido en dictador comunista Fidel Castro.

Porque aunque el socialdemócrata quiera justicia social no la puede pagar con la pérdida de la libertad. Y algunos que eran cristianos, como Rasco y Aja, no podrían jamás conciliar el materialismo marxista con la filosofía del dualismo, que era su creencia en dos fundamentos de la vida: el espiritual y el material.

Escritora cubana. Correo: olconnor@bellsouth.net.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de septiembre de 2020, 11:48 a. m. with the headline "La socialdemocracia es anticomunista."

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