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El poder del varón y la relación entre los sexos | Opinión

Dylan Farrow, a la izquierda, la hija adoptiva de Mia Farrow y Woody Allen, durante una entrevista que transmitida el 18 de enero de 2018 en “CBS This Morning”. Farrow, de 32 años, relató un incidente de 1992, ocurrido cuando tenía 7 años, en el que Allen supuestamente abusó sexualmente de ella en la casa de su madre en Connecticut.
Dylan Farrow, a la izquierda, la hija adoptiva de Mia Farrow y Woody Allen, durante una entrevista que transmitida el 18 de enero de 2018 en “CBS This Morning”. Farrow, de 32 años, relató un incidente de 1992, ocurrido cuando tenía 7 años, en el que Allen supuestamente abusó sexualmente de ella en la casa de su madre en Connecticut. CBS (vía AP)

Los movimientos feministas de los siglos XX y XXI siguieron una progresión evidente después de que se estableció la demanda del voto para la mujer en 1848, en Seneca Falls, Nueva York. Aunque no se consiguió que triunfara hasta 1920, con la Enmienda 19 a la Constitución de Estados Unidos.

La lucha había continuado por décadas. Porque esa primera revolución de la mujer estaba relacionada no solo con el poder público, sino también el privado, ya que en aquella época el esposo tenía el poder de encarcelar a la esposa, obtener sus ganancias y la propiedad que heredaba, y además, en caso de separación, retener a los hijos.

Pero otra revolución se estaba desarrollando en Europa a fines del siglo XIX, cuando el psicólogo Sigmund Freud descubrió en sus pacientes femeninas la memoria de haber sido abusadas sexualmente de niñas (“recuerdos inconscientes de abuso sexual en la primera infancia”). Lo que definía que además el varón sentía que tenía poderes de reclamo sexual, hasta con infantes.

Más tarde, Freud pasó a formular el célebre “Complejo de Edipo” lo que le hizo gran daño a la mujer. Ya que cambió la idea de que había sido violada realmente por su propio padre, o tío, o vecino, para disfrazar la situación, como que probablemente era algo soñado, o deseado. De este modo dejaba afuera una realidad, la de que algunos varones se aprovechan de su poder físico y social en la familia y en la sociedad para violar a las hembras, no importa la edad o la resistencia de estas.

En el sitio de trabajo se ha repetido esta situación ampliamente. Claro que en ningún caso se puede decir que todos los hombres son violadores o culpables de acoso, solamente que los culpables tienden a ser encubiertos por sus pares. Y las mujeres también lo han callado, por vergüenza o por miedo. Ninguna se atrevía a confesar los acosos masculinos. Hasta el destape de #MeToo, que comenzó en 2006, pero se desarrolló mayormente en 2017, cuando se lanzaron acusaciones concretas contra el productor de cine Harvey Weinstein.

Esta ocurrencia en los puestos de trabajo fue obviada en la década del 70, cuando se luchó por el Equal Rights Amendment (ERA), una de cuyas proponentes fue Betty Friedan, presidenta del movimiento National Organization for Women (NOW) y autora del libro The Feminine Mystique. Yo participé en ese movimiento dentro de la comunidad académica (Women in the Academic Community) y no nos atrevíamos a revelar secretos de acoso.

Después de pasar por etapas intermedias en el movimiento feminista, como las aportaciones de Julia Kristeva, se ha llegado a reconocer de manera pública a lo que ya había descubierto Freud, el abuso sexual del varón. Y que obviamente se relaciona con el movimiento #MeToo, porque tiene que ver con el poder que aún se le adjudica al varón en nuestra sociedad.

Muchas personas famosas, como por ejemplo Oprah Winfred, han confesado haber sido víctimas de violación cuando eran niñas. Oprah declaró en 1986, en uno de sus programas, haber sido violada y abusada desde los 9 años.

Y en este mes de la mujer se está presentando un documental que trata de otro ejemplo famoso de abuso: Allen v Farrow. Por fin Dylan Farrow desmiente a su padre Woody Allen, contando su propia verdad. Y coincide en que fue el movimiento #MeToo lo que la impulsó a revelar su secreto públicamente. No en balde fue el hermano de Dylan, el periodista Ronan Farrow, hijo carnal de Allen y Farrow, quien publicó la exposición de Weinstein en The New Yorker lo que ayudó a iniciar el resurgimiento del movimiento #MeToo.

Dylan acusó a su padre adoptivo de haberla abusado sexualmente en 1992, pero no quiso aparecer en la corte, por lo que el fiscal no contó con la prueba y Allen no fue acusado. El documental Allen v Farrow sobre la indignidad de Woody Allen como padre, a pesar de ser un genio creador, explora la forma en que su fama le permitió inhibir públicamente la verdad de la niña y de la madre Mia Farrow.

Yo adoraba a Woody Allen y sus películas, pero consideré que era capaz de cualquier cosa al ver que se atrevió a acostarse con Soon Yi, la hija adoptiva de Mia Farrow, con quien tuvo relación de padre desde que Soon Yi tenía 10 años, y quien es aún su esposa. Para mí fue un incesto en toda regla.

En todos estos casos se demuestra que la libido no está ausente en las relaciones privadas o sociales de hombres y mujeres, Y que, por eso mismo, es necesario que se siga revisando nuestro nuevo contrato social, que incluye lo prohibido y lo consentido en el hogar y en el trabajo, para que no haya estructuras de poder que provoquen injusticias contra los débiles. Y no hay dudas de quienes hemos sido las débiles. Física y socialmente.

Olga Connor es una escritora cubana. Correo:

olconnor@bellsouth.net.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de marzo de 2021, 6:00 a. m. with the headline "El poder del varón y la relación entre los sexos | Opinión."

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