Liz Cheney, víctima del ‘cultismo’ dentro del Partido Republicano | Opinión
El constructor norteamericano que estaba haciendo un arreglo en mi casa lo definió como un “culto” nuevo en Estados Unidos, desarrollado dentro del Partido Republicano. Estaban despojando de su liderazgo en ese partido a la congresista por Wyoming, Liz Cheney.
La defenestraron el miércoles 12 de mayo de 2021, tras la votación convocada por el líder de la minoría de la Cámara, Kevin McCarthy (R-Calif.). La razón es obvia. Cheney ha estado oponiéndose desde el principio a las constantes acusaciones de ilegitimidad en las elecciones que sigue profiriendo el ex presidente Donald Trump, y lo ha hecho responsable del ataque al Congreso el 6 de enero de 2021.
Es un hecho histórico que será evaluado en el futuro como algo incomprensible en este país. Pero la corriente de sometimiento al autoritario líder en el Partido Republicano define su próximo destino. Insistir en una conspiración de la que no hay una sola prueba, excepto la del deseo del líder que miedosamente ellos acatan, hace a sus seguidores edecanes de una religión espuria que endiosa a un mortal.
Las consecuencias podrían ser la posible formación de dos partidos conservadores que a la larga le quitaría la última victoria a cualquiera de los dos. La historia de este país así lo demuestra.
Liz Cheney no es ninguna comunista, ni fascista, ni autoritaria, ni progre. Es una mujer pensante y democrática, que quiere salvar a su partido y el de su padre, el ex vicepresidente Dick Cheney, de una falsedad que destruiría al sistema norteamericano si una gran mayoría del pueblo la creyera.
Es como decir que a usted le acusaran de asesinar a alguien sin tener pruebas. Eso no sucede en el sistema de justicia de esta nación. Y unas elecciones falseadas involucran a cientos de inspectores de ambos partidos, y a los trabajadores que cuentan los votos. Una conspiración fácil de descubrir.
Liz Cheney se ha ofrecido como “mártir de la verdad”, dice Beatriz Navarro en La Vanguardia, de España. Se ha crecido en este clímax de su fascinante carrera como mujer profesional en las relaciones internacionales, que ella recabó en su discurso ante el Congreso la noche anterior a su epifanía.
“He tenido el privilegio de ver de primera mano lo poderosa y frágil que es la libertad. Hace 28 años, me paré frente a un lugar de votación, una escuela en el oeste de Kenia. Los soldados habían ahuyentado a las personas que estaban en fila para votar. Unas horas más tarde, regresaron en tropel, arriesgando nuevos ataques, impertérritos en su determinación de ejercer su derecho al voto”.
“En 1992, me senté al otro lado de la mesa frente a un joven alcalde en Rusia. Y lo escuché hablar de su sueño de liberar a su nación del comunismo. Años más tarde, por su dedicación a la causa de la libertad, Boris Nemtsov fue asesinado por los matones de Vladimir Putin”, dijo.
Después siguió narrando sus experiencias con gente como una joven de Polonia o un inmigrante exiliado del régimen de Castro. Todos le dijeron que fue el milagro de Estados Unidos, captado en las palabras del presidente Ronald Reagan, lo que los inspiró a luchar por la libertad.
Contó también como escuchó al papa Juan Pablo II hablarle a miles en Nairobi en 1985. Y 19 años después, vio al mismo Papa tomar la mano de su padre, cuando le dijo: “que Dios bendiga a Estados Unidos”.
Yo misma soy una exiliada del régimen comunista de Cuba, a mi marido le avisaron que estaba en una lista de enemigos en 1960 y escapamos con la ayuda de amigos y embajadores en La Habana.
Por lo que considero que Liz Cheney defiende mis opiniones y es mi representante en el Congreso. Ella habla la verdad en contra de los que hablan mentiras por miedo a perder el poder.
“El Colegio Electoral ha votado”, dijo Liz Cheney. “Más de 60 tribunales estatales y federales, incluidos varios jueces designados por el ex presidente, han rechazado sus afirmaciones”, dijo.
“El Departamento de Justicia de Trump investigó las acusaciones de fraude generalizado del ex presidente y no encontró pruebas que las respalden”, afirmó. “Quienes se niegan a aceptar los fallos de nuestros tribunales están en guerra con la Constitución. Nuestro deber es claro. Todos los que hemos hecho el juramento debemos actuar para evitar el desmoronamiento de nuestra democracia”.
Al final, la congresista recordó que Reagan triunfó contra los soviéticos en la Guerra Fría, y que ahora estamos en la cúspide de una nueva guerra fría, esta vez con la China comunista.
Su mensaje es certero. La democracia estadounidense se basa en la legitimidad de nuestras elecciones. El que las ataca sin otra causa que la de haberlas perdido está atacando la Constitución y la supervivencia de esta nación fundada en el ansia de libertad.
Olga Connor es una escritora cubana. Correo:
olconnor@bellsouth.net.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de mayo de 2021, 6:38 p. m. with the headline "Liz Cheney, víctima del ‘cultismo’ dentro del Partido Republicano | Opinión."