Solo deudas y ninguna ganancia. ‘Como industria no existimos’, dicen empresarios
Las mesas están servidas con todos los detalles –copas, platos, servilletas, adornos de centro– y las cortinas descorridas esperando a los clientes. Pero ahora solo el silencio compite con los pisos brillantes y las lámparas de lujo.
“La puerta se cerró tras de ti y nunca más volviste a aparecer...” es la canción popularizada por Luis Miguel que viene a la mente al ver esta escena.
Los salones de fiesta son los grandes perdedores de la pandemia en Miami, dicen algunos de los dueños que se reunieron en el Birdside Banquet Hall, en la calle 42 del suroeste, para hablar con el Nuevo Herald. Desde marzo ninguna quinceañera baila con su orgulloso padre, ni la novia lanza el ramo de flores para que sus damas de compañía se lancen a atraparlo. Están cerrados pagando unos alquileres altos y sus dueños con las cuentas en números rojos.
“La gente considera que como industria no existimos. Al principio recibíamos llamadas de clientes interesados en fiestas para el futuro, pero ya esas llamadas dejaron de hacerse”, dice Freya Guerrero, dueña de Studio305, en Kendall, y Utopia305, en Medley, apuntando que los banquet halls están cerrados desde el 14 de marzo.
Cuando la economía reabrió después de la cuarentena, algunos salones tuvieron tiempo de hacer un par de fiestas. Pero el 7 de julio, debido al aumento de casos de COVID-19, el alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, ordenó el cierre de los salones de fiestas y eventos, al mismo tiempo que estableció medidas más estrictas para los restaurantes.
Guerrero señala que los salones de fiesta enfrentan una situación difícil porque algunos han recibido demandas o cartas de abogados, de clientes que piden el reembolso del dinero de las fiestas que no se pudieron hacer por la pandemia. Ellos han dado crédito a los clientes para hasta dos años, pero algunos simplemente quieren el dinero, explicó.
La empresaria se queja además de que como propietarios de negocios no se les ofreció ninguna solución de cómo obtener algún ingreso y tampoco se les dio la oportunidad de “reinventarse” usando los salones de otra forma, como dedicarlos a eventos más pequeños.
“Solo estamos generando deuda y ninguna ganancia”, apuntó Guerrero, que dice que solo en uno de sus locales paga $6,000 mensuales de alquiler. “Multiplica eso por seis meses y suma otro local”.
El futuro de los salones de fiesta en pandemia
Guerrero cuenta que los empresarios de salones de fiestas enviaron una carta certificada al alcalde Giménez y no han recibido respuesta. También contactaron a varios comisionados con el mismo resultado. Por eso decidieron unirse alrededor de 25 dueños de salones de fiestas que ahora comparten información sobre préstamos, ayudas y tratan de encontrar alivio en medio de la crisis que representa para ellos no poder enseñar el salón a un cliente que está planeando una fiesta para dentro de unos meses.
La petición fundamental que han llevado a diferentes medios de prensa es que los dejen prepararse, abrir aunque sea de manera limitada para empezar a tomar órdenes para la temporada de fiestas de fin de año.
“Nadie te paga el día anterior”, dijo Manuel de la Cruz, que abrió Epic Events en Doral en el 2017. “Estar cerrados nos mata”.
El dinero en efectivo que reciben por adelantado para separar la fecha y el lugar de la fiesta es lo que permite a los salones de fiesta seguir operando, explicó.
Para él es fundamental que se entienda que los clientes deben sentir que pueden planear una fiesta, porque la situación de la pandemia puede durar mucho tiempo y hay que aprender a vivir con ella.
Rosario Sánchez, que reunió dinero durante 10 años para abrir Revolution Party Studio, en Kendall, dijo que “lo único que estamos pidiendo es que nos permitan abrir con la regulaciones que se escojan, pero que nos escuchen, ese es el sentido de este grupo”.
Sánchez calcula que invirtió cerca de $300,000 en la decoración del local, barras para repartir la bebida, pistas, sonido, pantallas, y cuando estaba empezando a ver el fruto de la inversión después de tres años de funcionamiento del negocio, llegó la pandemia.
“A partir de marzo ya estaba completamente tomada”, dijo Sánchez, sobre las posibilidades de realización que tenía el negocio.
En este punto, sin embargo, el dueño del local le “está pidiendo las llaves” porque debe la renta.
Guerrero también invirtió casi $3,000 para preparar su salón de fiestas para que al reabrir después de la cuarentena cumpliera con las medidas de distanciamiento. Compró estaciones de jabón de mano, mesas cuadradas para organizar el salón siguiendo las reglas y nuevos manteles.
No solo sus bolsillos les duele. A los empresarios también les preocupan los empleados fijos que han tenido que despedir y otros servicios que contrataban para las fiestas, como los fotógrafos, limusinas y las compañías de comida.
El salvavidas que han representado los préstamos para algunos negocios no ha llegado hasta ellos. Muchos dueños de salones, como es el caso de De la Cruz, no han recibido préstamos federales como el Paycheck Protection Program (PPP) para mantener el pago de los empleados u otras ayudas de la Administración de Pequeños Negocios (SBA).
Guerrero sí recibió el PPP, que le entregó $1,000 por cada empleado. Ella tenía 25 personas que trabajaban en sus dos salones de fiesta. Pero considera que esta cantidad no es suficiente para cubrir los gastos del negocio.
Ahora también les preocupa que ya les toca renovar las licencias del negocio y están en una situación extrema. Aun así, no piensan dejar de hacer lo que tanto trabajo les ha costado.
“Se han olvidado de nosotros”, concluyen casi como una voz, esperando que unidos los oigan.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de agosto de 2020, 9:09 p. m. with the headline "Solo deudas y ninguna ganancia. ‘Como industria no existimos’, dicen empresarios."