Reabre negocio que mantiene viva la pasión de Miami por las ‘cubanísimas’ guayaberas
Hay negocios tan arraigados en el paisaje de la Calle Ocho que, si algo amenaza con sacarlos de operaciones, los miamenses sienten que el piso se les mueve un poco. Cuando en julio del año pasado se anunció que La Casa de las Guayaberas, la tienda que Ramón Puig convirtió en un emporio de esa cubanísima prenda, cerraba por la pandemia, muchos temieron que se perdiera uno de los comercios que testimonian el espíritu de empresa de la primera generación de cubanos que llegó en los años 1960.
Pero su hijo Louis Puig no iba a desperdiciar el esfuerzo de toda una vida del Rey de las Guayaberas, que triunfó dos veces, primero en Cuba y después en Estados Unidos.
“Soy muy consciente del trabajo que pasamos en Estados Unidos para llegar adonde llegamos”, dice Louis, que heredó el negocio a la muerte de su padre en el 2011 y el año pasado lo cerró para proteger a su equipo.
En julio, Louis decidió reabrir la tienda, sin mucho ruido, ahora en un local más pequeño, en el mismo centro comercial de la Calle Ocho y la avenida 58 donde clientes de todo el mundo venían buscando la marca de calidad y el acabado de las guayaberas de Puig.
“Pasé mi infancia allí. Yo barría la tienda después de salir de la escuela”, recuerda Puig, señalando que la primera tienda de su padre en Miami, que abrió tres años después de la llegada de la familia por los Vuelos de la Libertad en 1968, estuvo junto al restaurante Versailles.
Cuando se les acabó el lease, Ramón Puig decidió mudarse para el centro comercial que hoy ocupan en West Miami, que entonces era los confines de la ciudad. Aunque temían que no iban a tener éxito, Ramón estaba confiado de que sus clientes lo seguirían, y así fue. Allí les daba una atención personalizada, brindaba con ellos con su trago favorito, whisky con agua de coco, mientras la costurera les tomaba las medidas, cuenta Louis.
“Muchos clientes se hacían sus amigos, para ellos era una experiencia venir”, dijo Louis, indicando que su padre recibió ofertas de tiendas grandes y reconocidas para que pusiera su negocio con ellas, pero se negó.
“El tenía que verle la guayabera puesta al cliente”, señala Louis, que recorre los pasillos mostrando las paredes cubiertas de cuadros con los patrones de las guayaberas que Ramón Puig hizo para Robert De Niro, Robert Duvall, Emilio Estefan, Bono de U2, Ice Cube, Alonzo Mourning y Alex Rodríguez.
A pesar de que vistió a numerosos artistas y presidentes, a partir de Ronal Reagan, que aparece en una foto con él, Ramón Puig no era de seguir las últimas noticias del entretenimiento. A cada rato le contaba a su hijo, por ejemplo, que un actor “alto y rubio” había visitado su establecimiento. Louis después descubría el patrón de la guayabera que le había hecho a Nick Nolte.
A medida que Louis va mostrando más patrones de famosos expuestos en el negocio, y los que dice tiene guardados en un warehouse, es fácil comprobar ese dicho de “lo que sucede conviene”. Si Fidel Castro no le hubiera confiscado la tienda que Puig abrió en los años 1940 en Sancti Spíritus, en la región central de Cuba, el arte de un sastre de pueblo no hubiera conquistado el mundo.
“Llegaron y nos quitaron hasta los cubiertos, también el auto de mi padre, un Pontiac del 1957”, dice Louis, que recuerda que a su padre lo mandaron a trabajar al campo.
“Tenía las manos tan callosas, que me raspó y me dio miedo. Solo lo vi dos veces en un año”, apuntó Louis, que acompañaba a su padre en algunos viajes en auto por la isla.
“Se la conocía de punta a punta”, dice, indicando que solía tener de clientes a abogados, doctores y políticos, y que iba primero tomando las órdenes y las medidas y luego en otro viaje entregaba las guayaberas.
La guayabera, una prenda eterna
Ramón Puig nació en Zaza del Medio, donde se sitúa el surgimiento de la guayabera, una prenda de origen campesino. Son varias las historias que adornan los comienzos de la camisa de cuatro bolsillos y alforzas, que algunos dicen surgió en el siglo 18 cuando un hombre le pidió a su esposa que le cosiera una prenda cómoda en la que pudiera guardar muchas cosas, entre ellas los tabacos. Otros dicen que se inventó para los cultivadores de guayaba, para que pudieran ir echando las frutas que recogían.
Otros señalan que la pieza comenzó a usarse en los años 1920 y que para 1940 era ya un atuendo elegante que llevaban muchos cubanos de diferentes entornos profesionales. Se cuenta que Julio Lobo, el magnate azucarero, tenía siempre tres de repuesto en su oficina de la calle O’Reilly, en La Habana Vieja, para cambiarse entre reuniones y citas de negocio.
Lobo solía usarla, como muchos, con una pajarita o corbata de lazo, una versión más elegante y para la noche. Así mismo la llevaron en su boda en Nueva York en el 2011, el fotógrafo Alexis Rodríguez Duarte y el diseñador de estilo Tico Torres, en este caso una hecha por las costureras de Puig.
“La guayabera siempre se ha mantenido de moda, ya sea con los hipsters, los gays o la gente del hip hop”, dice Louis, indicando que en la tienda ha estado Gente de Zona, que Pitbull es conocido por llevar guayaberas, y que Jencarlos Canela usó una de hilo negro y otra de hilo blanco de Puig cuando fue presentador en un evento en apoyo a la libertad de Cuba en la Torre de la Libertad el 20 de julio.
El retorno de Cuba a la palestra también ha dado un impulso al negocio, que en las últimas tres semanas experimentó un repunte en las ventas, dice Louis, invitando a las personas a ir la tienda. Allí está la foto de su padre de joven, apuesto como un actor de la época de oro del cine mexicano. También está la caricatura que le hizo Silvio Fontanilla, que lo representa con unas inmensas tijeras, y que pasó a ser la marca del negocio recogida en las etiquetas.
“La calidad se impone, no se improvisa; es el producto de una laboriosa experiencia”, es la frase de Ramón Puig que da la bienvenida a los clientes, una filosofía de negocio que prueba por qué ha sobrevivido tanto tiempo.
“Lo más importante es mantener las raíces, que no se pierda esa historia y esa herencia”, concluye Louis, señalando que las guayaberas de su padre duran “forever”, y que algunas personas tienen aun las que compraron en Cuba.
La Casa de las Guayaberas, 5840 SW 8 St Miami FL 33144, miercoles a lunes, de 10 a.m. a 6 p.m., domingo, de 10 a.m. a 4 p.m., (305) 266-9683.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de agosto de 2021, 0:29 p. m. with the headline "Reabre negocio que mantiene viva la pasión de Miami por las ‘cubanísimas’ guayaberas."