Los ranchos de Krome Avenue son muy populares en Miami, pero ahora enfrentan un reto inesperado
Los esfuerzos de Aldo Espinosa por revitalizar una zona tranquila del sur de Miami-Dade (South Dade) quizás tuvieron demasiado éxito.
El propietario del imperio de restaurantes de carnes El Toro Loco, quien dejó atrás la vida urbana buscando la paz rural de Redland, se unió a otros empresarios para apoyar una ordenanza del condado que estableció un distrito de agroturismo en Krome Avenue en 2024. La nueva normativa permitió a los propietarios de granjas abrir negocios en sus terrenos, brindándoles fuentes de ingresos adicionales y ofreciendo a los visitantes un motivo para desplazarse hacia el sur. Espinosa inauguró El Toro Loco Ranch poco después de aprobarse la ordenanza, y el negocio ha prosperado enormemente desde entonces.
En los dos años transcurridos desde que la Comisión del Condado Miami-Dade creó el Distrito de Agroturismo de Miami Redland, los negocios de estilo rancho —donde las familias pueden comer barbacoa, tomar algo, alimentar animales de granja y pasear en poni— han experimentado un auge espectacular. Según Espinosa, durante la temporada alta, unas 1,000 personas visitan El Toro Loco Ranch cada día que el establecimiento está abierto (de viernes a domingo).
Redland, una singular franja de tierras agrícolas situada en el suroeste de Miami-Dade —entre los suburbios del sur del condado y los Everglades—, está viviendo un renacimiento económico. Este fenómeno es especialmente visible en Krome Avenue, una carretera que antaño era conocida más por las prisiones cercanas que por sus atracciones agrícolas familiares.
Sin embargo, el agroturismo no es lo único que está en auge en esta zona de Miami-Dade, antes tranquila. Durante la temporada alta (primavera y otoño), Espinosa escucha música a todo volumen y alboroto nocturno provenientes de otros negocios que, presumiblemente, se están beneficiando de la misma ordenanza que él aprovechó.
“Para ser sincero, el agroturismo nos salió un poco el tiro por la culata”, comentó entre risas.
Y aunque la nueva imagen turística de la zona ha generado ingresos muy necesarios para los propietarios de ranchos y granjas, algunos temen que el distrito de agroturismo atraiga proyectos inmobiliarios a uno de los pocos lugares de Miami-Dade donde abunda más la vegetación que el hormigón.
“Es realmente increíble cuando la gente viene a Redland y ve los paisajes abiertos y las hectáreas y hectáreas de tierras de cultivo. Es una experiencia transformadora para ellos. No pueden creer que esto sea Miami”, comentó Joel White, quien dirige Knaus Berry Farm —un negocio muy apreciado y especializado en rollos de canela de temporada que reabrió en Krome Avenue en diciembre—. “Es un lugar realmente especial, y espero que pueda conservar su carácter y encanto durante mucho tiempo”.
La nueva imagen de Redland
Creado en 2024, el Distrito de Agroturismo de Miami Redland permite a las empresas agrícolas de la zona destinar el cinco por ciento de sus terrenos a espacios para comer, recolección de frutas, actividades familiares, granjas de contacto con animales, recorridos en vehículos todoterreno (ATV) y otras actividades.
“Según lo que nos dicen los empresarios, es lo mejor que les podría haber pasado”, afirmó Kionne McGhee, comisionado del Distrito 9 de Miami-Dade y promotor de la ordenanza. “Están viendo una mayor interacción entre sus negocios agrícolas y el turismo. Están recibiendo más afluencia de público en sus instalaciones y recintos”.
Esta iniciativa de renovación buscaba frenar el traspaso de tierras de manos de agricultores a especuladores y promotores inmobiliarios, explicó McGhee.
“El objetivo fundamental de la normativa es proteger las tierras agrícolas frente al desarrollo urbanístico”, señaló. “La ley fomenta que la tierra siga teniendo un uso agrícola; de hecho, no es posible desarrollar actividades de agroturismo en terrenos que no sean de naturaleza agrícola”.
Antes de la ordenanza, según Espinosa —propietario de El Toro Loco—, la zona de Krome estaba plagada de negocios irregulares e ilegales. La venta exclusiva de fruta no generaba suficientes beneficios, por lo que los propietarios alquilaban sus terrenos a personas que abrían establecimientos de comida y bebida sin las licencias correspondientes.
“Imagínese gastar 5 millones de dólares en una finca de cinco acres en Krome y solo poder vender fruta. Nunca podría pagar los impuestos, ni el terreno, ni a los empleados”, dijo Espinosa. “Por eso se cambió totalmente al modelo de agroturismo. Tiene sentido”.
Experiencias en el campo
Durante la temporada alta, los clientes de El Toro Loco Ranch están dispuestos a hacer cola hasta cuatro horas para comer en la finca, comentó Espinosa. Mientras tanto, los padres pueden entretener fácilmente a sus hijos en el zoológico de contacto del rancho, donde las gallinas y las cabras se acercan a cualquiera que pase por allí.
Los visitantes ahora perciben Krome Avenue más como un destino en sí mismo que simplemente como una vía de paso hacia los Cayos, señaló Nelson Guzmán, copropietario de By Brothers. Este es un extenso complejo recreativo familiar que cuenta con puesto de frutas, parque acuático, zoológico de animales exóticos e incluso paseos en camello. Guzmán inauguró el parque junto a su hermano Víctor en 2014, cuando Krome era apenas una carretera congestionada de un solo carril por sentido. El parque prosperó cuando la carretera se amplió a dos carriles, comentó.
La normativa de agroturismo supuso otro impulso para By Brothers. Guzmán añadió que muchos clientes acuden al parque exclusivamente para comprar frutas, verduras y miel directamente a By Brothers, empresa que posee 120 acres de tierras agrícolas y sus propios colmenares.
“Mucha más gente vino a buscar productos locales y a vivir experiencias en la zona rural de Miami, un área que los turistas solían pasar por alto”, dijo Guzmán en español. “Eso ayuda enormemente a aumentar los ingresos de los agricultores, ya que ahora tenemos la oportunidad de vender directamente al consumidor en lugar de hacerlo de empresa a empresa”.
Yaima Martínez, clienta habitual de By Brothers, suele llevar a sus hijos al parque de atracciones cuando terminan las clases. Las instalaciones atraen a los niños, especialmente el parque acuático, donde pueden refrescarse y jugar.
“Aquí siempre está lleno”, comentó Martínez.
Maribel y Royd Lemus han gestionado su vivero, Royd’s at Gateway Farms and Nursery, desde 1997. Durante la pandemia, sabían que la gente ansiaba estar al aire libre, así que decidieron ampliar el negocio. Tras cruzar las puertas estilo saloon, los visitantes encuentran un toro mecánico, un parque para perros y una gran variedad de flores en floración y plantas de gran altura a la venta, antes de contemplar la vasta extensión de los campos de cultivo.
“La agricultura es muy de estación”, señaló Maribel. “No se trata de ingresos constantes y, además, depende mucho del clima. Si tienes un mal año, todo se vuelve m[as lento”.
Con tres camiones de comida situados a ambos lados del rancho, Royd’s ofrece lo que ellos llaman cocina casera. Uno de los camiones suele tener largas filas de visitantes deseosos de probar la especialidad de fin de semana de Royd’s: el rabo de toro. Por lo general, se agotan las existencias antes de la 1:30 p.m.
“Recibimos mucha afluencia de público, lo que a su vez genera más ingresos, más ventas de plantas y mayor visibilidad”, afirmó Royd.
Royd cree que Redland tiene el potencial de convertirse en el Napa Valley de la agricultura del sur de la Florida. Sin embargo, los agricultores no deben dejarse cegar por una fuente de ingresos prometedora. Royd advierte que, si se centran demasiado en atraer a residentes y turistas, la tierra será la primera en sufrir las consecuencias.
“Ante todo, queremos que respeten la zona”, dijo Royd. “Los turistas comentan lo hermosa que es el área. A veces no se valora lo suficiente a Redland”.
Odio lo que están haciendo
Más al sur, en Homestead, el emblemático puesto de frutas Robert is Here solía estar rodeado de vastos espacios verdes rurales, al igual que la zona de Redland. Hoy en día, el terreno que rodea este puesto de frutas —con 67 años de historia— ha sido pavimentado a medida que conjuntos de casas adosadas idénticas entre sí devoran la zona.
Robert Moehling, el propietario, luchó durante años contra el desarrollo urbanístico sin éxito, y le preocupa que la tendencia continúe.
“Odio lo que están haciendo”, dijo Moehling. “¿Dónde vamos a tener agricultura? La agricultura no es hormigón ni asfalto”.
Josh Sproat, director de políticas de la organización Hold the Line Coalition, trabaja para proteger el límite de desarrollo urbano del condado, establecido para salvaguardar las zonas agrícolas, los humedales y los Everglades de la Florida frente a la expansión urbana descontrolada. Sproat considera que el agroturismo es una amenaza para las tierras de cultivo, ya que podría alterar fundamentalmente el uso del suelo.
“Ahora la presión no proviene únicamente de la ampliación del límite urbano”, señaló Sproat. “Hay terrenos que tal vez estén clasificados como agrícolas, pero donde no se cultivan productos, sino que se dedican principalmente a actividades comerciales”.
Sam Accursio, agricultor de segunda generación nacido en Homestead en 1963, posee 26 acres de tierra en Redland desde la década de 1990 y alquila una parte a Knaus Berry Farms. Su explotación agrícola familiar, fundada en 1948, era una de las 75 dedicadas al cultivo de hortalizas en la zona durante los años 80, según comentó; ahora solo quedan tres.
“Ahora tenemos tráfico de hora punta. El desarrollo urbanístico se ha disparado y está acabando con nuestro estilo de vida”, afirmó Accursio. “Básicamente, los políticos se han olvidado del sur del Condado Miami-Dade. Han traído a miles y miles de personas aquí, pero no tenemos carreteras adecuadas. Ese es nuestro mayor problema en este momento”.
Accursio comentó que la mayoría de sus vecinos se mostraban escépticos respecto al distrito de agroturismo cuando se propuso su creación. Él apoya a los negocios designados como agroturísticos que cumplen las normas, pero todavía hay “malos actores” que ponen música a todo volumen hasta las dos de la madrugada, paran cuando llega la policía y vuelven a empezar a las tres, señaló. La ordenanza de agroturismo estableció regulaciones de ruido para el horario comprendido entre las 9 a.m. y las 11 p.m.
Accursio teme que la toma de control por parte de los promotores inmobiliarios sea inevitable.
“¿Sabe qué me dicen los políticos? “Sam, tienes que acoger a la gente en tu comunidad”, comentó Accursio. “Lamentablemente, ya no podemos acoger a más personas. Siempre he querido compartir una porción del pastel que he disfrutado toda la vida, pero ahora ni siquiera sé cómo llamar a esto. Ya no es un pastel, es una paella; está todo esparcido en un recipiente”.
Espinosa también prevé un mayor desarrollo urbanístico: centros comerciales y zonas residenciales que sustituyen a las tierras agrícolas, gracias a promotores con buenas conexiones entre los políticos locales.
“Como empresario, no me preocupa. En el plano personal sí, porque si esto sigue creciendo, me mudaré a una zona más tranquila, como fue siempre fue mi sueño”, afirmó. “Pero en lo que respecta al negocio, a ganar dinero con los clientes, cuanta más gente haya, mejor”.