Tasas de vacunación desproporcionadamente bajas en comunidades centroamericanas, haitianas de Miami
José, un jardinero indocumentado de 60 años y oriundo de Guatemala, había planeado todo su día libre para ponerse la vacuna contra el COVID-19. (Le pidió al Herald que no publicara su apellido debido a su estatus migratorio).
Inicialmente estaba indeciso. Información errónea indicando que Publix cobraba (no lo hace) y la preocupación de que le pedirían una identificación de la Florida (que él no tiene) fueron solo algunas de las razones por las que inicialmente evitó vacunarse. Pero cambió de opinión cuando le dijeron que la organización pro-inmigrante WeCount! había conseguido un número limitado de vacunas en una jornada de vacunación. Se montó en su bicicleta y se dirigió a una clínica conocida como Clínica Campesina en Homestead. Pero cuando llegó, no había nadie. Esperó, pero nadie vino.
“Ahí pasé una hora yo. Una hora pasamos, éramos nueve”, recordó José.
José había entendido mal. Las vacunas se ofrecían en Centro Campesino, a unas tres millas del lugar dónde estaba. Así que se rindió y se fue de regreso a su casa
“Mucho hago por irme por mi cuenta debajo de la lluvia en bicicleta a trabajar”.
José todavía no ha recibido una dosis, al igual que muchos otros en las comunidades que albergan a las poblaciones de inmigrantes más vulnerables del Condado Miami-Dade, donde más personas tienden a ser indocumentadas, viven en pobreza o luchan con las barreras del idioma.
Los vecindarios de inmigrantes centroamericanos y haitianos en Miami-Dade están desproporcionadamente sub-vacunados, según un análisis de el Nuevo Herald que utilizó datos de vacunación del 30 de abril proporcionados por el Condado Miami-Dade y estimaciones de población del censo de Estados Unidos. En comparación, los barrios de migrantes sudamericanos tienen tasas de vacunación significativamente más altas que las del condado.
En todo el condado, el 55.5% de las personas elegibles (residentes de 16 años o más) habían recibido al menos una dosis, reveló el análisis. Pero en los cinco códigos postales donde vive el porcentaje más alto de inmigrantes centroamericanos, donde nació aproximadamente uno de cada cinco residentes en Centroamérica, la tasa de vacunación fue solo del 41%. Esas áreas incluyen partes de Homestead, Allapattah, La Pequeña Habana y vecindarios al sur de Overtown.
En las comunidades haitianas, la disparidad es peor. En los cinco códigos postales con el porcentaje más alto de inmigrantes haitianos, que incluyen partes de Little Haiti, Biscayne Park, North Miami Beach y Westview, solo el 32.5% de la población elegible ha sido vacunada.
Si bien más de la mitad de los residentes de Miami-Dade son inmigrantes, no todos han tenido la misma experiencia que los residentes centroamericanos y haitianos nacidos en el Caribe. El análisis del Herald muestra que de los cinco códigos postales con el porcentaje más alto de inmigrantes sudamericanos, ninguno tenía una tasa de vacunación por debajo de la tasa del condado. Todos los códigos postales tenían más del 90% de su población elegible vacunada. En un código postal en Doral (33178), donde casi el 30% de los residentes nacieron en Venezuela, según datos de la Encuesta de la Comunidad Estadounidense, el 95% de los residentes elegibles habían recibido al menos una dosis de la vacuna. Mientras tanto, los cinco códigos postales con el mayor porcentaje de inmigrantes cubanos tenían una tasa de vacunación del 51%, más cercana a la tasa del condado y más alta que los códigos postales dónde viven el porcentaje más alto de inmigrantes centroamericanos.
Los inmigrantes centroamericanos en Miami-Dade tienden a tener situaciones económicas menos ventajosas que los inmigrantes sudamericanos, según Jorge Duany, director del Instituto de Investigaciones Cubanas y profesor de Antropología en la Universidad Internacional de Florida. También tienen menores niveles de educación y cobertura de salud y más de ellos son indocumentados, según datos que ha estudiado Duany. Eso tiene que ver, dijo Duany, con las razones por las que emigran a Estados Unidos.
Los inmigrantes de Centroamérica llegan a Estados Unidos debido a la pobreza en sus países o desastres naturales. Muchos entran por la frontera mexicana, sin obtener una visa, en busca de trabajo para mantener a sus familias en casa. Los inmigrantes que vienen de América del Sur están huyendo debido a la inestabilidad y disturbios sociales y políticos, dice Duany. Muchos vienen con planes de iniciar un negocio, con el capital en la mano.
Ningún factor explica por qué muchos en ciertas comunidades de inmigrantes aún no han recibido su primera dosis. Los expertos dicen que es probablemente una combinación de factores que incluyen barreras del idioma, falta de una licencia de conducir de Florida y miedo a usar otras formas de identificación, transporte, un sistema en línea que es difícil de navegar e incapacidad para salir del trabajo.
“Me parece que encajan bien dentro de lo que se sabe sobre la segregación racial y étnica dentro Miami, dentro de los mismo barrios latinos”, dijo Duany. “De alguna manera, lo que vemos en Miami es un tipo de reproducción del discrimen [discriminación] por diferencias étnicas y raciales que las personas traen de sus países de origen”.
Dijo que los datos analizados por el Herald encaja con evidencia anecdótica y lo que impulsa otros tipos de inequidades.
“Miami es una de las ciudades más segregadas de los Estados Unidos, que existe un barrio casi para cada grupo étnico”.
Estatus migratorio
José Rivera, un inmigrante hondureño de 46 años que ha vivido en el sur de Florida por 24 años y trabaja como jornalero, ha estado esperando pacientemente para vacunarse por más de un mes.
No es porque no califique o porque tenga dudas sobre la eficacia de las vacunas COVID, sino porque hasta hace poco más de una semana, el estado de Florida requería prueba de residencia y tenía miedo de presentarse solo con su identificación de trabajador agrícola, proporcionada por WeCount!.
El requisito de prueba de residencia se eliminó hace un par de semanas. El Departamento de Manejo de Emergencias dijo en parte que el cambio era para facilitar que los inmigrantes indocumentados y otras personas que viven o trabajan en Florida se vacunen.
Erick Sánchez, quien trabaja con jornaleros a través de WeCount!, le dijo al Herald que, si bien le da la bienvenida a la medida, todavía existen muchas barreras.
“Si realmente quisieran vacunarlos, podrían tener sitios móviles, en cooperación con diferentes organizaciones, se lo diríamos a la gente y vacunaremos a muchos de ellos”.
‘Esto no es un juego’
La mayoría de los centroamericanos con los que trabaja Sánchez, que viven en Homestead y North Miami Beach, trabajan en cualquier cosa que encuentran, a menudo en construcción y agricultura. Muchos de ellos no pueden permitirse el lujo de no ir a trabajar para vacunarse, dijo Sánchez.
“Sus opciones son pagar la renta o ir a buscar una dosis, y siempre optan por ganar algo de dinero. No los juzgo“.
Pero Erlyn Castillo, un constructor de Honduras, le dijo al Herald que ya recibió una dosis de Pfizer.
“Esto no es un juego, esto es algo serio”, dijo el hombre de 53 años que dice que contrajo COVID en marzo de 2020, lo que lo hizo perder varios días de trabajo y, como resultado, le embargaron su auto.
Castillo dice que trabaja los siete días de la semana y no faltó al trabajo cuando recibió su primera dosis, y no planea faltar cuando reciba la segunda esta semana.
Wendi Walsh, presidenta y tesorera de Unite Here Local 355, un sindicato que representa a más de 7,000 trabajadores de hoteles, aeropuertos y servicios de alimentos en el sur de Florida, le dijo al Herald que alrededor del 60% de sus miembros todavía están sin trabajo como resultado de la pandemia, una mejora significativa ya que todos sus miembros estaban sin trabajo el año pasado debido a cierres relacionados con la pandemia. Aproximadamente el 40% de sus trabajadores se identifican como haitianos o haitianos estadounidenses.
“Creo que para mucha gente en esta comunidad no es una prioridad, cuando sus vidas son un caos”, dijo Walsh sobre las bajas tasas de vacunación entre los haitianos en Miami-Dade. Los trabajadores de la hostelería, en particular, se han visto afectados de manera desproporcionada por los despidos y furlough.
Walsh y Sánchez coinciden en que para los trabajadores de servicio y jornaleros la posibilidad de perder días de trabajo para lidiar con los efectos secundarios de la vacuna es suficiente para que la gente lo retrase.
“Creo que la gente está escuchando, ‘Oh, podría noquearte uno o dos días después’, y la gente dice: ‘No puedo, no me van a pagar por eso’”, dijo Walsh.
Pero Antoinette Clerisier, una inmigrante haitiana que había trabajado como ama de llaves en The Diplomat Beach Resort en Hollywood durante 18 años, perdió su trabajo hace un año debido a la pandemia y apuesta que vacunarse la ayudará a recuperar su trabajo.
“La única forma es que todos se vacunen, para que se abran los lugares”, dijo Clerisier, de 47 años, que vive en North Miami.
Recibió su segunda dosis de la vacuna Moderna el jueves.
¿La desinformación? Un problema para algunos
Sánchez dijo que ha escuchado todo tipo de teorías de conspiración de los trabajadores migrantes, incluso que la vacuna “es mala para la semilla”, refiriéndose a su cosecha, y que transmiten otras enfermedades cuando inyecten las dosis. No hay evidencia alguna de que algo de eso sea cierto.
Para combatir eso, Sánchez dijo que en marzo se unió a un esfuerzo nacional encabezado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y Alianza Américas, una red de organizaciones latinoamericanas e inmigrantes en los Estados Unidos, para producir material educativo sobre la vacuna. Espera recibir pronto videos para poder mostrarlos en una tableta mientras visita a los jornaleros. Dijo que quiere que se produzcan también en dialectos indígenas.
“Una parte importante del trabajo que hacemos es brindarles la información correcta”, dijo Sánchez. “Ellos confían en nosotros, confían en mí, así que hay que ayudarlos”.
Pero Walsh dijo que cree que se está poniendo demasiado énfasis en las supuestas dudas y la desinformación como elemento disuasorio. Ella espera que los funcionarios del condado la incluyan en los planes del condado para desembolsar fondos de ayuda federal a fin de ayudar a informar a la comunidad.
“La gente realmente necesita un mensajero de confianza que les anime a vacunarse. El mensajero de confianza no es un médico genérico ni un funcionario electo ”, dijo Walsh.
También hay muchos otros obstáculos logísticos que se interponen entre algunos centroamericanos y la vacuna, según Sánchez. Aparte del hecho de que algunos no tienen carro y no tienen dinero para gastar en boletos de bus, otros no pueden hablar inglés o español, sino que se comunican principalmente en dialectos indígenas como el quechua o el maya.
Los beneficios superan los obstáculos
La fase más difícil del proceso de vacunación comienza ahora, según Mary Jo Trepka, epidemióloga de enfermedades infecciosas y profesora de FIU. Trabajar con las personas que enfrentan obstáculos para recibir la vacuna debería suceder a través de los gobiernos locales, llevando la vacuna a los vecindarios menos vacunados en lugar de pedirles que vayan a otro lugar, dijo.
Incluso con niveles bajos de infección, si un visitante llega infectado y reintroduce el virus en la comunidad y no se vacuna a suficientes personas, podríamos tener otro brote.
Un código postal en Homestead (33034) que había estado entre los 10 peores códigos cuando se trata de las tasas de vacunación en el condado hace un par de semanas aumentó su tasa de vacunación del 30.7% al 40.5% en solo una semana (según datos que abarcan del 23 de abril al 30 de abril). Aunque todavía está por debajo del condado, el aumento porcentual fue el segundo más alto esa semana, sólo superado por un código postal en Miami-Dade no incorporado, cerca de los Everglades.
Zackery Good, asistente del administradora de la ciudad de Homestead, dijo que el aumento podría haber sido el resultado de algunas iniciativas de esa semana, incluyendo dos jornadas de vacunación que duraron tres días en Harris Field. El sitio de vacunas administrado por el condado de Miami-Dade, Homestead Sports Complex, también cambió de citas a visitas sin cita previa y horario extendido para funcionar de 8 a.m. a 8 p.m. a partir del 27 de abril.
Esa misma semana, la ciudad realizó actividades de divulgación de información a través de las redes sociales, comunicados de prensa y distribución de folletos. Los folletos, compartidos con el Herald, incluyen información sobre la posibilidad de utilizar las identificaciones de los trabajadores agrícolas como una forma de identificación, así como la seguridad de que la información individual no se compartirá con las autoridades policiales o de inmigración.
La oficina la alcaldesa del condado también se ha concentrado en ciertas partes de Miami-Dade con tasas bajas de vacunación y, desde fines de marzo, los voluntarios han visitado casi 60,000 hogares a través de un programa llamado VACS Now, hablando con los residentes sobre la vacuna e intentando que se registren para recibirla a través del condado. A través del programa se han preinscrito más de 1,500 personas, según datos compartidos con el Herald.
Rivera, el hondureño de 46 años que no quiso presentarse a un sitio de vacunación con su identificación de trabajador agrícola, tiene planes de vacunarse con su esposa esta semana.
Aunque Sánchez dijo que la mayoría de los trabajadores preferirían la vacuna Johnson & Johnson de una sola inyección, ya que significa tener que perder posiblemente solo un día de trabajo, Rivera no será exigente.
“Me vacunaré con la que esté disponible, con la que me den”, dijo.
Rivera, quien a menudo habla con otros jornaleros sobre la vacuna, dijo que aunque sabe que potencialmente está perdiendo los ingresos de un día, vacunarse es algo que él y todos los demás “tienen que hacer”.
“Cuantas más personas la reciban [la vacuna], menos virus estará en el aire”.
La reportera del Miami Herald Sarah Blaskey contribuyó información.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de mayo de 2021, 10:14 a. m. with the headline "Tasas de vacunación desproporcionadamente bajas en comunidades centroamericanas, haitianas de Miami."