Colombia

Tras la caída de Maduro, Colombia ve buenas oportunidades en Venezuela

Las ondas expansivas políticas y de seguridad desatadas por los recientes acontecimientos en Venezuela están reconfigurando rápidamente el panorama regional y, para Colombia podrían representar una oportunidad poco común tras años de inestabilidad a lo largo de su frontera oriental.

El ministro de Defensa de Colombia, Pedro Arnulfo Sánchez, afirmó el jueves que la evolución de la relación entre Washington y las nuevas autoridades venezolanas está abriendo una ventana para fortalecer la cooperación en seguridad fronteriza, interrumpir las rutas del narcotráfico y reactivar vínculos económicos que permanecían congelados por tensiones políticas.

“Esta es una oportunidad significativa”, dijo Sánchez en una entrevista, al destacar la coordinación emergente con la nueva cúpula militar de Venezuela. “Ya estamos trabajando para fortalecer los esfuerzos conjuntos contra el narcotráfico y el crimen organizado”.

Sánchez ofreció la entrevista en Miami, donde participaba en un foro de seguridad hemisférica organizado por la Heritage Foundation, que reunió a responsables políticos y expertos en seguridad de toda la región para debatir amenazas emergentes y la cooperación regional.

Durante décadas, la frontera de 1,300 millas entre Colombia y Venezuela ha sido a la vez un corredor humanitario y una pesadilla de seguridad: una vasta y porosa región donde guerrillas, carteles de la droga y redes criminales han operado con escaso control estatal. Esa dinámica se profundizó bajo Nicolás Maduro, cuando la cooperación bilateral prácticamente colapsó.

Ahora, tras la salida de Maduro y una transición más amplia respaldada por Estados Unidos, Bogotá ve una oportunidad para revertir esa tendencia.

Estados Unidos, que capturó a Maduro el 3 de enero en una operación militar antes del amanecer en Caracas, ha respaldado al gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez y ha ampliado su influencia sobre sectores clave, incluida la industria petrolera, como parte de un esfuerzo por estabilizar el país tras años de colapso económico y crisis política. El presidente Donald Trump ha elogiado repetidamente a Rodríguez —quien fue vicepresidenta de Maduro— calificándola de “maravillosa” y asegurando que ha estado “haciendo un gran trabajo”.

De santuario a zona de presión

Funcionarios colombianos han acusado durante años a grupos armados —incluidas las guerrillas del ELN, disidencias de las FARC y el Clan del Golfo— de utilizar territorio venezolano como refugio para reagruparse, traficar drogas y lanzar ataques.

El ministro de Defensa sugirió que ese escenario podría comenzar a cambiar.

“Si logramos alinear esfuerzos con Venezuela, estos grupos perderán profundidad estratégica”, dijo, en referencia al santuario transfronterizo que les ha permitido operar con relativa impunidad.

Esa cooperación podría tener efectos operativos inmediatos. Colombia realiza actualmente una operación militar aproximadamente cada 20 horas y desmantela una infraestructura de narcotráfico cada 40 minutos, según cifras oficiales. Además, el 80% de las incautaciones de droga realizadas por la Guardia Costera de Estados Unidos proviene de inteligencia colombiana, un nivel de coordinación que, según las autoridades, podría ampliarse con la participación venezolana.

Seguridad y economía: una oportunidad conjunta

Más allá del ámbito de seguridad, Bogotá también apunta a posibles beneficios económicos.

Una mejora en las relaciones podría reactivar el comercio transfronterizo, impulsar la integración energética y dinamizar el turismo en regiones afectadas por años de conflicto y abandono. Departamentos como Norte de Santander —donde se ubica la convulsa región del Catatumbo— figuran entre los principales beneficiarios potenciales.

La región del Catatumbo sigue siendo uno de los focos más críticos de Colombia. Hace poco más de un año, la violencia del ELN dejó más de 200 muertos, desplazó a unas 20,000 personas y confinó a decenas de miles. Aunque la situación ha mostrado cierta estabilización, el ministro advirtió que los grupos armados continúan explotando la economía ilegal de la droga.

La estrategia del gobierno —que combina presión militar con inversión social a través del Pacto por el Catatumbo— podría fortalecerse si se reducen los flujos criminales a través de la frontera.

“La verdadera solución es reemplazar las economías ilegales”, señaló Sánchez. “Pero eso es mucho más difícil si estos grupos pueden cruzar la frontera sin control”.

Nuevas amenazas, nueva doctrina

La oportunidad surge en un momento en que Colombia enfrenta amenazas en evolución dentro de su propio territorio.

Entre las más urgentes está el uso creciente de drones por parte de organizaciones criminales. Las autoridades registraron más de 9,000 intentos de ataques con estos dispositivos el año pasado, lo que refleja un cambio significativo en las tácticas de carteles y grupos armados.

En respuesta, el gobierno impulsa un “Escudo Nacional Antidrones”, una inversión de $1,500 millones destinada a desplegar sistemas avanzados de detección y neutralización en coordinación con más de 20 países.

“Esto está cambiando la naturaleza del conflicto”, dijo el ministro. “Nos estamos adaptando en tiempo real”.

Las autoridades consideran que una mayor coordinación regional —especialmente con Venezuela— será clave para enfrentar estas amenazas, en un contexto en el que los grupos armados operan cada vez más a través de las fronteras.

Persisten los riesgos

Pese a las oportunidades, el escenario sigue marcado por riesgos importantes.

Colombia ha reforzado su presencia militar en la frontera ante el temor de que la inestabilidad en Venezuela genere una nueva ola migratoria, que algunos funcionarios estiman podría alcanzar cifras millonarias.

Al mismo tiempo, el país enfrenta crecientes tensiones políticas de cara a las elecciones presidenciales, así como niveles persistentes de violencia en zonas rurales y urbanas.

El ministro reconoció un entorno complejo que incluye no solo ataques físicos de grupos armados, sino también amenazas cibernéticas y campañas de desinformación dirigidas a desestabilizar el proceso político.

Aun así, las autoridades sostienen que el momento actual —aunque frágil— representa un punto de inflexión.

Por primera vez en años, Colombia, Estados Unidos y Venezuela podrían estar avanzando, con cautela, en una misma dirección en materia de seguridad.

Que esa alineación se consolide podría definir no solo la estabilidad interna de Colombia, sino también el equilibrio de poder en una región marcada durante décadas por el conflicto, la desconfianza y las oportunidades perdidas.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de marzo de 2026, 3:22 p. m..

Antonio Maria Delgado
el Nuevo Herald
Galardonado periodista con más de 30 años de experiencia, especializado en la cobertura de temas sobre Venezuela. Amante de la historia y la literatura.
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA