Cuba

Por años, muchos predijeron la caída del régimen cubano. ¿Podría ser diferente esta vez?

El gobernante de Cuba, Raúl Castro (izquierda, en primer plano), y el presidente designado por él, Miguel Díaz-Canel (derecha, en primer plano), durante una ceremonia de homenaje a 32 oficiales cubanos que protegían al líder venezolano Nicolás Maduro y que murieron en una reciente operación estadounidense para capturarlo.
El gobernante de Cuba, Raúl Castro (izquierda, en primer plano), y el presidente designado por él, Miguel Díaz-Canel (derecha, en primer plano), durante una ceremonia de homenaje a 32 oficiales cubanos que protegían al líder venezolano Nicolás Maduro y que murieron en una reciente operación estadounidense para capturarlo. Oficina de la Presidencia de Cuba.

Tras la captura del líder venezolano Nicolás Maduro en una operación en la que murieron varios agentes de seguridad cubanos que lo protegían, el presidente Donald Trump se unió a sus predecesores al anticipar el colapso del gobierno cubano.

“Cuba brinda protección a Venezuela, y Venezuela le da dinero a Cuba a través del petróleo, y ha sido así durante mucho tiempo, pero ya no funciona de esa manera, así que no sé qué va a hacer Cuba”, dijo Trump a Fox News. “Creo que Cuba va a fracasar. No creo que haya alternativas para Cuba”.

Trump advirtió a los líderes cubanos que “lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”. Luego dijo que su administración ya estaba en conversaciones con las autoridades cubanas, una afirmación que el presidente designado de la isla, Miguel Díaz-Canel, negó de inmediato.

En Miami, el jefe de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, dijo a los periodistas el miércoles que no creyeran la negación de La Habana, pero declinó comentar sobre las negociaciones. La presión sobre el gobierno cubano “se está intensificando”, dijo. “Lo que está sucediendo está creando una oportunidad y, por supuesto, queremos que el pueblo cubano pueda beneficiarse de esta oportunidad”.

¿Podrá Trump tener éxito donde otros han fracasado?

El factor Trump

Hay varios elementos que hacen que este momento sea diferente de otras crisis que el liderazgo cubano ha superado a lo largo de los años.

Por el lado estadounidense, está la imprevisibilidad de Trump y su disposición a usar la fuerza militar para lograr objetivos de política exterior, como lo demostró la incursión para capturar a Maduro.

“Creo que eso es lo que los cubanos han aprendido ahora, que Trump no se parece a ningún presidente que hayamos tenido desde 1959, así que todo lo que creían saber se ha esfumado”, dijo Chris Simmons, un exfuncionario de contrainteligencia estadounidense que ha ayudado a identificar espías cubanos en Estados Unidos. “Eso debe ponerlos muy nerviosos. Cuando [el secretario de Estado Marco] Rubio habla de que podrían ser los próximos, se lo van a tomar muy en serio. Es decir, serían tontos si no lo hicieran”.

Trump dijo que derrocar al régimen comunista de La Habana podría requerir una acción militar, aunque hasta ahora la ha descartado.

“No creo que podamos ejercer mucha más presión que la de entrar y arrasar el lugar”, le dijo al presentador de radio conservador Hugh Hewitt. “Creo que Cuba está realmente en muchos problemas. Pero ya sabes, la gente lleva diciendo eso muchos años”.

Al mismo tiempo, el estilo transaccional del presidente Trump y su tendencia a ver los conflictos internacionales como oportunidades para negociar acuerdos podrían ayudar a impulsar una transición negociada, si los líderes cubanos aprovechan la oportunidad.

“Estamos hablando con Cuba, y pronto lo sabrán”, dijo a bordo del Air Force One. “Uno de los grupos de los que quiero ocuparme es el de las personas que vinieron de Cuba, que fueron obligadas a irse o se marcharon bajo coacción, y que ahora son grandes ciudadanos de Estados Unidos”.

Quienes siguen las políticas hacia Cuba dicen que quizás Trump se refiere a negociar una compensación para los cubanoamericanos que se vieron obligados a huir de la isla y perdieron sus propiedades después de que Fidel Castro tomara el poder en 1959. Pero muchos otros temas podrían discutirse, entre ellos, la repatriación de cubanos, la inversión privada o el levantamiento de algunas sanciones, dijo Joe García, exmiembro demócrata del Congreso que ha abogado por las negociaciones con La Habana y la liberación de presos políticos..

Después de años de dilatar las reformas, puede que no les quede mucho tiempo para actuar, dijo al Herald Hugo Cancio, un empresario cubanoamericano propietario de un supermercado en línea que entrega alimentos en Cuba.

“A la luz de los recientes acontecimientos en Venezuela, Cuba se enfrenta hoy a una elección más clara que nunca: abrirse de manera gradual y creíble a la reforma económica, la modernización institucional y una mayor participación cívica, con la participación constructiva de su diáspora, o continuar por un camino de declive controlado”, dijo Cancio. “El verdadero riesgo no es el cambio; el verdadero riesgo es posponerlo hasta que el costo sea irreversible”.

El Grupo de Estudios sobre Cuba, una influyente organización cubanoamericana que se ha centrado en apoyar al sector privado de la isla, también instó al gobierno cubano a entablar conversaciones con urgencia.

“Hoy, ninguna potencia externa rescatará a la isla”, declaró el grupo el martes en un comunicado. “Las viejas fórmulas no evitarán la catástrofe. Para prevenir un desastre mayor, las autoridades cubanas deben tomar medidas que nunca antes han tomado,” entre ellos un amplio diálogo político que incluya a la diáspora cubana.

El grupo aconsejó al gobierno en La Habana “proponer una reestructuración audaz que promueva el estado de derecho, las normas democráticas y una economía de mercado, al tiempo que se preserva una red de seguridad social. Y deben realizar gestos inequívocos, como la liberación incondicional de los presos políticos, que demuestren un compromiso genuino con un cambio de rumbo”.

El factor Rubio

En el pasado, muchos exiliados cubanos y cubanoamericanos de línea dura se opusieron firmemente a las negociaciones con el gobierno cubano. Pero esta vez, es probable que respalden los esfuerzos del presidente Trump, principalmente porque Rubio, un cubanoamericano de Miami, es quien dirige la política estadounidense hacia Cuba.

“Marco Rubio es el representante más confiable que ha tenido la comunidad del exilio en 67 años”, dijo Marcell Felipe, el presidente del Museo Americano de la Diáspora Cubana y miembro de la junta directiva de Miami Dade College. Felipe dijo que confiaba en que Rubio obtendría el mejor resultado posible en las negociaciones para impulsar un cambio de régimen en Cuba, uno con el que los exiliados cubanos pudieran estar de acuerdo.

Después de años de rechazar las conversaciones políticas con los exiliados cubanos, con el pretexto de que no representaban al gobierno estadounidense, García dijo que el gobierno cubano ahora tiene que afrontar la realidad: “la política exterior estadounidense está guiada por un cubanoamericano, un hijo de esta comunidad, un miembro de esta comunidad de exiliados”.

Aunque pertenezcan a partidos opuestos, García dijo que “Marco me representa a mí y a muchos cubanos que quieren ver un cambio en Cuba”.

Funcionarios del Departamento de Estado se han puesto en contacto con miembros de la comunidad cubanoamericana para recabar información para los planes de una transición en Cuba.

“La comunidad de exiliados cubanos se ha estado preparando para esto durante mucho tiempo”, dijo Felipe, quien también es presidente de Inspire America, una organización prodemocracia. Él dijo que su organización y otras han estado compartiendo planes con funcionarios estadounidenses para el “primer día” y la reconstrucción del país.

Trump también ha comentado sobre el papel que probablemente desempeñarán los cubanoamericanos en la reconstrucción económica de Cuba.

“Hay mucha gente en este país que quiere regresar a Cuba y ayudar a Cuba”, dijo en una reunión con los directores ejecutivos de varias compañías petroleras para discutir inversiones en Venezuela. “No tenían nada y se hicieron muy ricos en nuestro país, y tienen muchas ganas de regresar y ayudar a Cuba. Eso es algo que Cuba tiene y que muchos otros lugares no tienen”.

Cambios en Cuba

En Cuba, “una revolución que funcionaba con las reservas agotadas finalmente se ha quedado sin combustible”, afirmó el Grupo de Estudios sobre Cuba.

Durante décadas, Fidel Castro gobernó a los cubanos con una combinación de represión, propaganda y populismo. Muchos cubanos todavía temen oponerse al gobierno, pero el apoyo ideológico se ha erosionado y el Estado ya no puede satisfacer las necesidades más básicas de la población.

Este nuevo capítulo de confrontación con Estados Unidos encuentra a la isla en su peor momento económico, al borde del colapso.

El PIB de Cuba cayó otro 5% el año pasado, después de varios años de recesión. Una reforma monetaria fallida ha provocado una inflación galopante. La red eléctrica colapsa regularmente, dejando a todo el país a oscuras. La escasez de petróleo y las viejas centrales eléctricas que se averían constantemente significan que los apagones diarios de varias horas son la nueva normalidad. La basura cubre muchas calles de la capital, lo que propicia la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos. Los edificios antiguos de La Habana se derrumban con frecuencia, tras años de abandono.

Una socióloga que vive en la isla, Mayra Espina, estima que más del 40% de la población vive en la pobreza, una cifra que podría ser mucho mayor, superior al 80%, según encuestas realizadas por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, una organización no gubernamental con sede en España.

A diferencia de los tiempos en que Fidel Castro sorteaba varias crisis con habilidad, el actual liderazgo cubano ha demostrado ser menos competente, propenso a la inacción y notoriamente menos popular que el difunto dictador cubano. Un frágil Raúl Castro reapareció el jueves para rendir homenaje a los 32 oficiales cubanos que murieron durante la incursión estadounidense para capturar a Maduro. Es la máxima autoridad del país, pero a sus 94 años, es posible que ya se estén produciendo luchas de poder tras bambalinas por la sucesión.

Por el momento, los líderes cubanos se mostraron unidos y desafiantes en público. El viernes, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, elegido a dedo, rechazó la oferta de acuerdo de Trump.

“No hay rendición ni claudicación posibles, como tampoco ningún tipo de entendimiento sobre la base de la coerción o la intimidación”, dijo antes de gritar tres veces “Patria o Muerte”, durante una multitudinaria manifestación en La Habana organizada por el gobierno para demostrar que cuenta con amplio apoyo.

“Cuba no tiene que hacer ninguna concesión política, ni eso jamás estará en una mesa de negociaciones para un entendimiento entre Cuba y Estados Unidos,” agregó.

Los medios estatales cubanos han mostrado imágenes de ejercicios militares que pretenden transmitir una sensación de preparación ante un posible ataque militar estadounidense. Sin embargo, las imágenes ponen de manifiesto la enorme brecha entre el armamento militar avanzado de Estados Unidos y la antigua tecnología soviética del ejército cubano.

Más allá de la retórica, sin embargo, los mandos intermedios, funcionarios cubanos, asesores económicos, académicos y otras personas que interactúan con extranjeros comparten la frustración de gran parte de la población con el liderazgo de Díaz-Canel y verían con buenos ojos las reformas, según comentaron al Herald fuentes que viajan a Cuba y que solicitaron el anonimato para describir sus interacciones.

“Hace diez años, se oía a los funcionarios cubanos defendiendo el marxismo; ahora dicen cosas sobre Díaz-Canel que me hacen mirar a mi alrededor para ver si alguien está escuchando. Están listos para el cambio”, dijo una de esas fuentes.

Una señal evidente del debilitamiento del apoyo al sistema socialista cubano es que varios hijos y familiares cercanos de exfuncionarios y funcionarios cubanos actuales, así como miembros de la familia Castro, viven en el extranjero, incluido el hijastro de Díaz-Canel y tres nietos de Fidel Castro, que viven en España.

Incluso el coronel del Ministerio del Interior, Humberto Alfonso Roca Sánchez, quien según Díaz-Canel era el encargado de la protección de Maduro por parte de los cubanos y murió durante la incursión estadounidense, tenía dos hijas que viven en Estados Unidos, según Martí Noticias, un medio de comunicación del gobierno estadounidense.

El declive económico y la represión gubernamental están detrás del mayor éxodo de la historia de Cuba. Unos 2,5 millones de cubanos abandonaron el país entre 2021 y 2024, casi un cuarto de la población cubana, según estimados presentados por Juan C. Albizu-Campos, economista y demógrafo cubano, en una conferencia de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana en Miami en octubre.

El descontento se extiende incluso entre los oficiales del Ministerio del Interior que custodian las prisiones cubanas, afirma José Daniel Ferrer, ex preso político y destacado disidente que ahora vive exiliado en Miami. Él dijo que algunos guardias le comentaron en privado que enfrentaban las mismas carencias que la población.

A pesar de las nuevas y severas leyes para castigar la disidencia, muchos cubanos expresan críticas al gobierno en público, en las redes sociales y en comentarios en los sitios web de medios oficiales cubanos. Cuando un periodista de Cubanet, un medio de noticias sobre Cuba con sede en Miami, preguntó qué sucedería si las fuerzas estadounidenses capturaran a Díaz-Canel, algunos residentes de La Habana se negaron a responder, pero otros fueron sorprendentemente sinceros.

“Qué alegría me daría. Que se los lleven a todos para la p--a, a ver si podemos ser felices, a ver si podemos ver el fruto de nuestro trabajo”, respondió un hombre.

Obstáculos en el camino

Por muy diferente que sea el escenario económico y político actual de Cuba, los esfuerzos de cambio de régimen de la administración Trump se enfrentarán a un viejo dilema, según los expertos: cómo calibrar la presión a ejercer sobre un país que se encuentra a solo 145 kilómetros de Estados Unidos y cuya población, y sus descendientes, residen en gran número en el sur de Florida.

Rubio se ha centrado durante mucho tiempo en el ejército cubano, y es probable que la administración aumente la presión sobre GAESA, el conglomerado de las fuerzas armadas que controla al menos el 40% de la economía del país. GAESA había estado desviando los ingresos extranjeros del país hacia hoteles y tenía 18 mil millones de dólares guardados el año pasado, mientras la población sufre privaciones, según informó anteriormente el Herald.

Al mismo tiempo, Rubio se ha expresado con cautela, diciéndole al gobierno cubano que tiene una decisión que tomar y recalcando que la administración no tiene interés en una Cuba desestabilizada.

“Si se ejerce demasiada presión sobre Cuba y se le aprietan las tuercas, se corre el riesgo de crear un Haití de habla hispana”, dijo John Kavulich, presidente del Consejo de Comercio y Economía Estados Unidos-Cuba. Él cree que Rubio se opondrá a las demandas de algunos legisladores cubanoamericanos de ejercer la máxima presión económica, “porque estará pensando en el día después, ¿cómo se verá la situación?”.

La administración Trump ya cuenta con una influencia considerable, ya que los economistas predicen que el fin de los subsidios petroleros venezolanos podría tener consecuencias devastadoras para la isla. Jorge Piñón, investigador principal del Centro de Energía de la Universidad de Texas, que sigue de cerca los envíos de petróleo a la isla, dijo que no creía que México o Rusia intervinieran para cubrir el vacío dejado por la interrupción del suministro de petróleo venezolano, que, según él, cubría alrededor del 50% de las necesidades de importación de petróleo de Cuba.

Aun así, no está claro si la presión económica por sí sola lograría que Cuba “fracasara” por sí misma, como ha predicho Trump.

“No está fracasando por sí sola; el fracaso se está acelerando”, dijo Kavulich. “Pero ya hemos visto esta película antes, ¿significa esto que el gobierno de Cuba colapsará? Creo que no”.

Kavulich cree que los líderes cubanos intentarán hacer concesiones a la administración Trump para sobrevivir, de forma similar a lo que están haciendo actualmente los miembros restantes del régimen de Maduro en Venezuela.

“Comenzarán a consultar el manual de supervivencia y dirán: ‘¿Qué es lo primero que podemos hacer?’”, dijo. “Podemos liberar a los presos políticos. ¿Qué es lo segundo que podemos hacer? Podemos abrir aún más la economía. Ese es su plan. No será ‘vamos a celebrar elecciones libres y justas’, sino ‘¿qué podemos hacer para evitar hacer cosas que realmente no queremos hacer?’”.

“La incógnita es cuánta presión quiere ejercer la administración Trump”, dijo Kavulich.

¿Quién podría ser el Delcy Rodríguez de Cuba?

Según los expertos, un elemento central de los esfuerzos de la administración Trump para negociar con La Habana una transición futura es encontrar el equivalente cubano de Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro que ahora lidera un gobierno interino y que hasta el momento ha cedido a algunas de las demandas de Trump.

El poder en Cuba está más fragmentado que durante el gobierno de Fidel Castro. Su hermano, el general retirado nonagenario Raúl Castro, no está a cargo de las decisiones diarias. Su sucesor elegido a dedo, Díaz-Canel, es visto como una figura decorativa al frente de un gobierno civil con poco poder real, incluso si es oficialmente el primer secretario del Partido Comunista. Pocos creen que pueda ser el negociador con los estadounidenses.

El poder real reside en los militares. Los generales tienen representación en la Asamblea Nacional, el Partido y los principales órganos de toma de decisiones del gobierno. El primer ministro del país, Manuel Marrero, también proviene del ejército y tenía vínculos con GAESA.

Los miembros de la familia Castro siguen siendo influyentes. Esto incluye al hijo de Raúl Castro, el coronel Alejandro Castro Espín, quien negoció con funcionarios estadounidenses durante la administración Obama, y ​​a su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, a cargo de la seguridad personal de Raúl y que está involucrado en los turbios negocios de GAESA, según una fuente con conocimiento del asunto que pidió no ser identificada para hablar sobre este tema delicado. En menos de dos años, otro miembro de la familia, Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, ha ido ascendiendo en la jerarquía hasta convertirse en ministro de comercio exterior e inversión y viceprimer ministro.

¿Podría alguno de estos actores sentirse tentado a negociar para evitar terminar como el líder venezolano?

“Parte del mensaje que creo que la administración espera transmitir es: miren lo que le pasó a Maduro”, dijo Ryan Berg, director del Programa para las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “Se le ofrecieron opciones para irse pacíficamente. No estaría ahora con un mono naranja, pero lo está porque no aceptó la oferta de irse a Turquía o Qatar. Y eso le da mucha influencia. Pero dado el factor ideológico en Cuba, soy un poco escéptico de que acepten una salida negociada. Creo que muchos de ellos preferirían hundirse con el barco antes que aceptar un exilio negociado”.

Identificar con precisión quién podría ser el reformador cubano dispuesto a trabajar con Estados Unidos para desmantelar el sistema comunista y reconstruir el país ha resultado difícil.

“No creo que haya una analogía real con Venezuela”, dijo Berg. “Estemos de acuerdo o no con esta teoría, hemos identificado a Delcy Rodríguez como la persona que podría asumir el poder e implementar políticas pragmáticas favorables a Estados Unidos. ¿Cuál es el equivalente en el caso de Cuba?”

La respuesta a esa pregunta en este momento podría ser desagradable para Rubio y los exiliados cubanos, según Ric Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group.

“La única persona que se parece a Delcy en Cuba ahora es Raúl Castro”, dijo. “Porque, ¿qué es Delcy? Delcy es alguien de adentro, un funcionario de alto rangio. Fue vicepresidenta, pero tiene una influencia significativa dentro del partido, dentro de la burocracia y con los militares. Alguien que puede mantener a todos esos sectores bajo control y a todas las diferentes facciones colaborando”.

“¿Quién puede lograr eso en Cuba sin tener el apellido Castro?”, preguntó.

Muchos activistas cubanos de larga trayectoria que se han opuesto firmemente a las negociaciones con el régimen de La Habana podrían sentirse decepcionados si lo que la administración estadounidense está haciendo en Venezuela sirve de ejemplo de cómo podría actuar con respecto a Cuba. La Ley Helms-Burton, aprobada por el Congreso en 1996, prohíbe reconocer un gobierno de transición encabezado por Raúl Castro, pero no menciona nada sobre otros miembros de su familia.

Felipe dijo que sería “extremadamente difícil, si no imposible, que la comunidad cubana en el exilio acepte un modelo de transición que involucre a alguien cuyo apellido sea Castro”. A los miembros de la oposición cubana tampoco les gustará una negociación con Raúl Castro u otro miembro de la familia Castro, dijo Ferrer.

“Pero si somos pragmáticos y uno de ellos negocia, y Trump y Rubio logran que la transición a la democracia avance lo más rápido posible, entonces eso es mejor que continuar en la situación en la que estamos, en completo estancamiento, con la gente todavía sufriendo hambre, penurias y pobreza extrema, y ​​sobre todo, permaneciendo sin derechos, sin libertad y constantemente reprimida, con las cárceles llenas de presos políticos”, dijo Ferrer.

“Idealmente, este proceso se completaría lo antes posible, y los Castro desaparecerían del poder debido a todo el daño que le han hecho a Cuba”, agregó.

Parte de la razón por la que el régimen de La Habana ha podido sobrevivir tanto tiempo es que, a diferencia de Venezuela, donde varios partidos de oposición aún son legales, Fidel Castro abolió todos los partidos de oposición y disidentes como Ferrer son enviados rutinariamente a prisión o al exilio.

Aun así, la administración Trump ha decidido trabajar con Rodríguez en lugar de con María Corina Machado, la líder de la oposición, para gestionar una transición en Venezuela, señaló Ferrer.

“Insistimos ante nuestros amigos estadounidenses en que la oposición cubana, tanto la interna como la comunidad organizada en el exilio que lleva años luchando por una transición a la democracia en Cuba, no puede ser ignorada en ningún momento”, dijo Ferrer. “Debemos ser parte activa de cualquier proceso. No podemos ser marginados”.

En definitiva, hay una realidad que no ha cambiado en varias décadas en Cuba: el régimen de La Habana aún conserva gran parte de su capacidad de represión, tiene todas las armas y decenas de miles de efectivos de seguridad y militares para sofocar la disidencia e infundir miedo en la población. Protestar a menudo conlleva penas de prisión.

El viernes, el periodista independiente cubano José Gabriel Barrenechea Chávez fue condenado a seis años de prisión por participar en una protesta pacífica haciendo sonar cacerolas durante un apagón en Villa Clara, una provincia del centro de Cuba.

Pero a medida que la economía se derrumba y crece el descontento entre los cubanos, la creciente presión estadounidense y la incapacidad del régimen para abordar las necesidades apremiantes de la población bien podrían desencadenar otro capítulo de protestas masivas, similares a las de julio de 2021, dijo Ferrer.

El régimen de La Habana, pronosticó, “no llegará a fin de año”.

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Nora Gámez Torres
el Nuevo Herald
Nora Gámez Torres is the Cuba/U.S.-Latin American policy reporter for el Nuevo Herald and the Miami Herald. She studied journalism and media and communications in Havana and London. She holds a Ph.D. in sociology from City, University of London. Her work has won awards by the Florida Society of News Editors and the Society for Professional Journalists. For her “fair, accurate and groundbreaking journalism,” she was awarded the Maria Moors Cabot Prize in 2025 — the most prestigious award for coverage of the Americas.//Nora Gámez Torres estudió periodismo y comunicación en La Habana y Londres. Tiene un doctorado en sociología y desde el 2014 cubre temas cubanos para el Nuevo Herald y el Miami Herald. También reporta sobre la política de Estados Unidos hacia América Latina. Su trabajo ha sido reconocido con premios de Florida Society of News Editors y Society for Profesional Journalists. Por su “periodismo justo, certero e innovador”, fue galardonada con el Premio Maria Moors Cabot en 2025 —el premio más prestigioso a la cobertura de las Américas.
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