Cantante Joao del Monte lanza ‘Sálvate’, un grito musical por Cuba que llama a no tener miedo
Joao del Monte tuvo que esperar a que se le pasara la rabia para lanzar Sálvate, una “canción de amor y de esperanza” para Cuba, que grabó hace dos años y acaba de sacar en uno de los momentos más oscuros de la historia de su tierra.
“Esperé tanto para lanzarla porque en el fondo quería que no me diera tiempo. Una vez que la sacara tenía que cantarla”, reconoce Del Monte, que deseaba que la libertad de Cuba llegara primero que su canción.
Cuando este guantanamero, que vive en Barcelona desde el 2019, canta: “Yo no siento el mismo amor de antes... Pues se quedó flotando en una isla”, se paran los pelos. Es pura emoción, como aquella que sintieron los cubanos cuando oyeron por primera vez Patria y vida.
Pero Del Monte no quería que Sálvate fuera parte de las tantas canciones que surgieron a raíz de las protestas populares del 11 de julio del 2021. De esos días de entusiasmo que se convirtieron en tristeza cuando estalló la represión.
“El arte viene desde el amor, y eso no me generaba amor, sino dolor y depresión”, dice Del Monte, que necesitaba dejar asentar las emociones.
Sálvate habla de una realidad aplastante, que nos toca a todos los cubanos en los huesos, en el ADN, dice el artista, reconociendo que vivir de lejos la crisis presente de Cuba le cuesta más.
El video de Sálvate, bajo su dirección, muestra la destrucción de la isla. Las calles llenas de baches y basura, los hospitales en condiciones deplorables, los ancianos y niños hurgando en latones son parte de esas imágenes que se ven mientras que Del Monte canta que Cuba fue “una reina”.
Justo cuando le da el título real a su isla, sale en el video el rostro de Celia Cruz. El artista reconoce en esta entrevista que su deuda con Cuba es solo la de la cultura.
“A Cuba le debo la clave, el guaguancó, el son, y ser el escenario de hacerme fuerte por haber sido tan diferente”, dice Del Monte, apuntando que salió de Guantánamo, en la región oriental de la isla, y se abrió paso hasta donde le dieron las fuerzas, que resultó ser el mundo.
“Solo le debo la cultura, la cubanidad, que la pueden degradar, pero no quitar”, precisa. “Somos una cubanidad que se ha creado afuera, desde la reprogramación como individuo, porque son otros tiempos, de salvación”.
El cantante señala la presencia del “himno de Bayamo” –Himno nacional de Cuba– en la letra de Sálvate. Apunta también a coincidencias en la melodía inicial de Sálvate con Yo pisaré las calles nuevamente (1976), de Pablo Milanés. El tema, que fue insignia de la izquierda en Latinoamérica, hace referencia al golpe militar de Augusto Pinochet y al gobierno democrático de Salvador Allende.
“Sálvate la soñé con [Carlos] Valera, y cuando se la propuse se quedó como un poco así: ‘No me voy a meter en esta candela’, y tuve que asumirla”, cuenta Del Monte.
La canción está traspasada por esa firmeza. Desde el principio sale la imagen de uno de los líderes disidentes más destacados de Cuba, el fallecido Oswaldo Payá Sardiñas.
“Yo no te odio, pero no te tengo miedo. Tú eres mi hermano, pero no me voy a someter más a ti”, dice Payá. La frase encuentra eco en el mensaje que el artista de 33 años quiere mandar con su canción.
“Los hijos del pueblo tienen que hacerle honores a su raza, aunque su raza grite que tiene que ser entretenida y enajenada”, dice Del Monte, que conmina a que los cubanos se amen más a sí mismos y entre ellos.
“Recuerden de donde venimos. Somos hijos de los cimarrones, no de los que esclavizaron, sino de los que se despertaron. Es hora de amar a los hermanos pero no de temerles”.
Del Monte y las raíces cubanas
Lázaro Joao Aguilera Duporte eligió como nombre artístico Joao del Monte cuando llegó a España y empezó a hacer su carrera artística en solitario. Se había formado como bailarín de danza moderna en el ISA, hoy Universidad de las Artes.
“El monte es donde se forman los misterios de la religión yoruba”, dice. “Que eran ‘del monte’ se les decía a las personas del campo, de lo rural”.
Del Monte también refuerza su origen de guantanamero, e indica que es del “centro” pero se movía por toda la ciudad. Su papá es el cantante Alexis Rogelio y su mamá la actriz Angela Liuba Duporte.
Bebió del changüí, “la madre de la música asincopada”, pero también de la música norteamericana –allí se ubica la Base Naval de Guantánamo– y de la jamaiquina, y tampoco le falta la trova santiaguera, que se origina en Santiago de Cuba.
Un cubano gitano en Barcelona
Todo eso preparó a Del Monte para convertirse en el artista multifacético que se escucha y se disfruta, porque es un showman y el baile está muy presente en sus conciertos, en el Marula Café de Barcelona.
Allí lleva tres años de residencia, donde ha encontrado “un oasis, que no lo podía haber hecho en Cuba o en Miami”, apunta. Se presenta con su banda, músicos jóvenes y sensibles de “espíritu antiguo”.
“El que va a Marula Café sabe que va a ir a ver la extensión de la música cubana que está a salvo del embrutecimiento”, señala.
Ellos son la tradición, Celia Cruz, Celeste Mendoza, Rolando Laserie, pero con otros nombres, dice.
Del Monte se distingue por fusionar la música cubana con el flamenco. De hecho, hace seis años se hizo “viral” antes que conociera el término cantando con el cantaor catalán Deni Peña.
“Los cubanos somos un poco gitanos, andamos por el mundo dispersos”, dice, indicando que en el flamenco ha descubierto un fragmento de la cubanidad, porque en este arte encuentra a los rumberos, a los músicos que tocaban en el puerto.
Si tuviera que escoger un nombre para su ritmo es el Soniquetón, que también le inspira un disco, Brujería del Monte, con referencias al mundo flamenco y al cubano, y la producción de un compatriota, Kiki Nexus.
“El ritmo de aquí es menos de ‘a prisa’, podemos sonar desde la música que te salva”, concluye.