Díaz-Canel compara conversaciones con Trump con la era de Obama: ‘No es la primera vez’
El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel confirmó este viernes las conversaciones del gobierno con Estados Unidos e intentó establecer un improbable paralelismo entre Donald Trump y Barack Obama.
“No es la primera vez que Cuba entabla una conversación de este tipo”, afirmó Díaz-Canel en una inusual alocución pública temprano en la mañana. “Creo que el ejemplo más reciente fue la forma en que el general de Ejército condujo las conversaciones con el presidente Obama, muy recientemente, y todos conocemos los resultados de aquellas conversaciones”.
Su comparación evoca una breve era de relaciones económicas normalizadas entre Estados Unidos y Cuba, que incluyó la reapertura de embajadas y una flexibilización del embargo estadounidense. Obama visitó la isla, estrechó la mano de Raúl Castro; celebridades veraneaban en La Habana, artistas internacionales ofrecían conciertos e incluso los cruceros comenzaron a navegar desde Miami hacia la capital cubana.
Sin embargo, la referencia de Díaz-Canel al deshielo de la era de Obama —construido sobre el acercamiento diplomático y las aperturas económicas— constituye, para algunos miembros de la comunidad del exilio cubano en el sur de Florida, más una advertencia que un motivo de tranquilidad.
“Fue un atropello, porque le dieron todo a cambio de nada”, declaró Tomás Regalado, tasador de propiedades del condado Miami-Dade, cubanoamericano que ejerció como alcalde republicano de Miami mientras Obama normalizaba las relaciones con Cuba. “Los presos siguieron en la cárcel y el Partido Comunista siguió siendo el único partido”.
Una década después, las conversaciones de la administración Trump con el círculo íntimo del régimen castrista —con la participación del Vaticano— se desarrollan en un contexto muy diferente. Por un lado, la situación económica de Cuba es sumamente crítica, después de que fuerzas militares estadounidenses capturaran al hombre fuerte de Venezuela, Nicolás Maduro, y cortaran los envíos de petróleo a la isla. Además, Trump ha mostrado su disposición a utilizar la fuerza militar contra aquellos líderes que no se doblegan ante su voluntad.
Aunque Díaz-Canel podría considerar ventajoso comparar este momento con una era de relaciones económicas normalizadas —en la que hubo escasos cambios políticos en Cuba bajo el mandato de Obama—, dicha comparación también sirve para encubrir las realidades muy distintas que se viven sobre el terreno, según Michael Bustamante, profesor de Historia y titular de la Cátedra Emilio Bacardí Moreau de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami (UM).
Según Bustamante, las marcadas diferencias entre las conversaciones de la era de Obama y las actuales con Trump pesan mucho más que cualquier similitud entre ambas. Eso incluye la presencia de un cubanoamericano —el secretario de Estado Marco Rubio— en las conversaciones, así como las medidas de presión extremas que la administración Trump ha impuesto a la isla.
Además, existe un ángulo más personal al comparar a Trump con uno de sus mayores rivales políticos.
“Si hay algo que deberían saber sobre el presidente Trump, es que realmente no es un admirador de Barack Obama”, comentó Bustamante. “Eso no va a ser bien recibido. No es una comparación con la que vayan a sentirse cómodos”.
Cuando el Herald preguntó sobre la comparación que hizo Díaz-Canel entre Trump y Obama, un funcionario de la administración Trump declaró que los “líderes de Cuba deberían llegar a un acuerdo, el cual [Trump] cree que ‘se lograría muy fácilmente’. Cuba es una nación fallida cuyos gobernantes han sufrido un revés importante con la pérdida del apoyo de Venezuela y con el cese del envío de petróleo por parte de México”.
El factor Marco Rubio
Regalado señaló la larga historia de presidentes que han intentado distender las tensiones con Cuba, solo para ver cómo la iniciativa terminaba volviéndose en su contra.
Según su perspectiva, Jimmy Carter intentó entablar un diálogo de “buena fe” y, como respuesta, presenció la emigración masiva de refugiados cubanos hacia Estados Unidos durante el éxodo del Mariel. Bill Clinton intentó abrir un diálogo y, a cambio, recibió el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate.
“Los cubanos en el exilio están acostumbrados a los desenlaces negativos”, afirmó Regalado. Otros cubanos del sur de Florida también comentaron al Herald este viernes que las conversaciones entre Estados Unidos y Cuba les parecen “la misma vieja historia de siempre”.
Sin embargo, Regalado argumentó que, a pesar del intento de Díaz-Canel de trazar un paralelismo entre Obama y Trump, existe una amplia gama de factores que hacen que este momento se perciba como algo muy diferente, sobre todo entre los republicanos.
“Creo que hay una esperanza cada vez mayor en la comunidad cubana en el exilio, una esperanza que no existía cuando Obama, Carter o Clinton intentaron acercarse al gobierno cubano”, señaló.
Parte de esa esperanza de cambio político está vinculada a la persona que encabeza estos esfuerzos: un cubanoamericano criado en Miami.
El excongresista demócrata Joe García afirmó que una diferencia fundamental entre las conversaciones de la era de Obama y las que la administración Trump mantiene actualmente con Cuba es la presencia de Rubio, quien siempre ha abogado por políticas de línea dura contra la isla.
“Existe una enorme diferencia: el cubanoamericano está involucrado”, afirmó García. “Marco Rubio —si bien puede que no sea de mi partido, y aunque yo podría haber pensado en otras personas, en otros cubanoamericanos que podrían haber ocupado ese lugar— es el hombre indicado en el momento oportuno, y representa a esta comunidad”.
La participación de Rubio también ha hecho que la idea de entablar conversaciones con el régimen de Castro resulte más aceptable para la indignada derecha política del sur de Florida, que había denunciado inicialmente cualquier diálogo y se había opuesto a las conversaciones mantenidas durante la era de Obama.La participación de Rubio también ha hecho que la idea de entablar conversaciones con el régimen de Castro resulte más aceptable para la indignada derecha política del sur de la Florida, la cual había denunciado inicialmente cualquier diálogo y se había opuesto a las conversaciones mantenidas durante la era de Obama.
Diplomacia frente a presión
Obama adoptó una “postura amistosa” para intentar crear incentivos a favor de reformas económicas, con la esperanza de propiciar futuras reformas políticas. Sin embargo, mientras Estados Unidos intentaba normalizar las relaciones, el régimen adoptaba medidas que frustraban a los exiliados, quienes aguardaban cambios en la isla.
Cuba intentó obligar a las compañías de cruceros a prohibir la entrada en sus puertos a los ciudadanos estadounidenses nacidos en Cuba, una postura que abandonó cuando las navieras amenazaron con cancelar sus rutas. Los viajeros cubanoamericanos que regresaron a la isla durante el deshielo informaron haberse sentido acosados por las autoridades en los aeropuertos, según reportes del Herald. Y el régimen de Castro permaneció en el poder.
En esta ocasión, Estados Unidos está empleando un tipo de presión diferente para influir en Cuba.
“La administración Trump está recurriendo a la coerción”, señaló Bustamante, el historiador. “Han impuesto a Cuba un bloqueo petrolero de facto que ha llevado a la economía al borde del abismo”.
Cuba enfrenta una crisis humanitaria después de que Estados Unidos interrumpió su suministro de petróleo proveniente de Venezuela, lo cual ha desencadenado incesantes apagones, ha situado al sistema de salud al borde del colapso y ha disparado los precios de los alimentos.
Sigue siendo una incógnita si el enfoque agresivo de Trump logrará forzar un cambio político. No obstante, es poco probable que Cuba obtenga un resultado similar al que consiguió durante la era de Obama, afirmó Bustamante.
“El mundo ha cambiado con respecto a diez años atrás, y lo ha hecho de maneras que a muchos les pueden parecer desagradables e incómodas; pero la idea de intentar reeditar aquí el guion de Obama —si es que realmente creen poder lograrlo— me parece que podría constituir un auténtico error de cálculo”, concluyó. “Por otro lado, con la situación en Irán descontrolándose, me pregunto hasta qué punto eso significa que la Casa Blanca querrá inclinarse por buscar simplemente una solución rápida al asunto de Cuba y poder así declarar la victoria”, añadió.
García señaló que el legado de Obama en Cuba incluye cambios que allanaron el camino para el momento actual, tales como permitir a los cubanos visitar a sus familiares en la isla y eliminar los topes al envío de remesas, lo cual generó inversiones en el país.
“Su lugar en la historia está asegurado”, afirmó García. “Ahora veamos si podemos profundizar aún más en esto”.
Comparó el enfoque de Obama con una estrategia que aspiraba a un resultado, pero sin forzarlo. Lo que queda por ver es si el enfoque de Trump —con su añadido costo humanitario— tendrá un resultado diferente.
“Si el intento de Obama de lograr un cambio en Cuba fue un parto y una evolución naturales, este es un parto asistido con fórceps”, comentó García. “Han implementado, tal vez, el embargo más efectivo desde que se instauró dicha medida. Han cortado el flujo vital del país”.
Los reporteros del Miami Herald Syra Ortiz-Blanes y Garrett Shanley contribuyeron a este informe.