Cuba

Rol del nieto de Castro en diálogo con EE.UU. divide a partidarios del gobierno en Cuba

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente cubano Raul Castro, concedió a USA TODAY su primera entrevista con una publicación estadounidense.
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente cubano Raul Castro, concedió a USA TODAY su primera entrevista con una publicación estadounidense. USA TODAY Network, Reuters
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  • La participación de Raúl Guillermo Rodríguez Castro en canales discretos con Estados Unidos ha generado controversia dentro del círculo oficialista.
  • Las críticas públicas a un miembro de la familia Castro son raras y reflejan tensiones internas sobre el futuro del poder en La Habana.
  • El episodio plantea preguntas sobre quién controla realmente las decisiones clave en el gobierno cubano y cómo se gestionan las relaciones con el exterior.

Cubanos que se autodenominan revolucionarios han recurrido a las redes sociales para cuestionar el rápido ascenso del nieto de Raúl Castro y su papel en las negociaciones con la administración de Donald Trump, en una señal inusual de divisiones entre los partidarios más fieles del gobierno.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro no ocupa un cargo formal en el gobierno pero, como canal directo con su abuelo y figura poderosa que supervisa los intereses familiares en GAESA —el conglomerado militar que controla alrededor del 40% de la economía de la isla—, ha estado en contacto con el equipo del secretario de Estado Marco Rubio desde principios de este año. También estuvo presente durante una reunión con el director de la CIA John Ratcliffe durante su viaje a La Habana en mayo.

Fuentes del Herald que se han reunido con él en La Habana salieron de los encuentros con pocas dudas de que Rodríguez Castro ocupa una posición influyente en la isla, puede autorizar acuerdos económicos, como la fallida oferta de Vanguard para ampliar las ventas de combustible a la isla, y toma decisiones cotidianas del país en consulta con su abuelo nonagenario.

Su papel en las negociaciones con el gobierno de Trump ya había despertado la ira entre los exiliados cubanos, que tuvieron dificultades para aceptar los contactos de Rubio con un miembro de la familia Castro. Ahora, los partidarios del gobierno cubano tuvieron una reacción similar después de que Rodríguez Castro confirmara, en sus propias palabras a USA Today, lo que los medios estadounidenses han venido informando desde hace tiempo: que él ha estado liderando las conversaciones por la parte cubana.

“Puedo negociar con cualquiera designado por los EE. UU.”, dijo Rodríguez Castro durante las entrevistas en La Habana con USA Today. “Si se me presenta la oportunidad, por supuesto, con Trump”.

Estos y otros comentarios hirieron la sensibilidad del exdiplomático y analista cubano Carlos Alzugaray, quien, en una publicación en Facebook, los calificó de “imprudentes”.

“Las relaciones y conversaciones con distintas administraciones norteamericanas han sido demasiado sensitivas como para que el liderazgo cubano permita tanto desparpajo”, afirmó. “Me resisto a creer que alguna instancia del poder en Cuba autorizó algo tan burdo y torpe en un asunto tan sensible”.

Los comentarios de los seguidores de Alzugaray se dividieron entre quienes expresaron indignación similar y quienes cuestionaron su ingenuidad por pasar por alto la dinámica de poder del país, señalando que la familia Castro ha sido el centro del poder durante décadas.

En un artículo más extenso para La Joven Cuba, un blog habitualmente afín al gobierno, Alzugaray insistió en sus críticas hacia el nieto de Castro.

“Reafirmo, que como ciudadano cubano estoy asombrado, apesadumbrado y contrariado por la imagen del comportamiento de este militar cubano”, escribió. “Entregarle el rol de interlocutor a alguien sin experiencia y con una actitud más bien frívola hacia la vida de los cubanos puede tener graves consecuencias”.

Otros críticos del nieto de Castro también atacaron su vida de lujo, tan alejada de la de los cubanos promedio, especialmente en un momento de grave crisis económica.

El Herald ya había informado sobre la inclinación de Rodríguez Castro por un estilo de vida lujoso lleno de yates, fiestas VIP y artículos de diseño. USA Today informó sobre una cena en un restaurante privado, donde llevaba una camiseta Dolce & Gabbana y zapatillas de diseñador a juego. También publicó una foto de él con una camiseta Hugo Boss y una gruesa cadena de oro.

“Me duele que muchas personas no puedan vivir como yo. Me pesa cómo la gente sufre. Y estoy trabajando todos los días para cambiar esa situación,” dijo Rodríguez Castro en la entrevista.

Israel Rojas, cantautor cubano de la agrupación Buena Fe, que actúa con regularidad en mítines del gobierno, publicó un comentario furioso en Facebook, diciendo que “en la revolución que yo conocí (o la que creí conocer, vaya a saber uno hasta dónde llega mi anacronismo), los tipos como los de ese artículo gringo, Raúl Guillermo, siempre acababan mal”.

“Nadie antes se había atrevido a tanto”, añadió, y calificó el estilo de vida de Rodríguez Castro como “incompatible con la austeridad y la moral revolucionaria”.

“Ninguna familiaridad ni jovialidad de un dirigente revolucionario puede excusar saltarse, ni siquiera simbólicamente, la institucionalidad del país”, añadió Rojas.

En cientos de comentarios sobre Rodríguez Castro esta semana, muchos instaron al gobierno a negar sus declaraciones. Otros preguntaron por qué las autoridades cubanas no habían divulgado públicamente su papel. Muchos más dijeron que no estaba capacitado y que carecía de un título formal para tal posición.

Por su parte, los críticos del gobierno señalaron que los funcionarios gubernamentales —y especialmente los miembros de la familia Castro— siempre habían disfrutado de una vida de lujo tras una fachada de austeridad revolucionaria, algo que se ha hecho más evidente en la era de las redes sociales.

La controversia es importante porque revela grietas dentro del grupo de partidarios más fieles del gobierno y sugiere que una futura candidatura de Rodríguez Castro a un puesto de liderazgo formal no estaría exenta de desafíos. Él dijo a USA Today que no le interesaba la política, “pero si en algún momento la revolución me necesita, voy a dar un paso al frente.”

También revela que el descontento con la situación actual y con la forma en que el gobierno cubano la está manejando es tan grande que incluso sus partidarios están dispuestos a atacar públicamente al poderoso nieto de Raúl Castro, un gesto impensable en el pasado.

El Partido Comunista tomó nota. Elier Ramírez Cañedo, vicejefe de su departamento ideológico y miembro de su Comité Central, publicó un comunicado en Facebook confirmando que Rodríguez Castro había sido designado como el “interlocutor” en las conversaciones en canales paralelos con Estados Unidos y pidiendo unidad.

Ramírez Cañedo dijo que en el pasado el gobierno cubano había recurrido a personal no diplomáticos para liderar conversaciones secretas con Estados Unidos. (No lo mencionó, pero el tío de Rodríguez Castro, el general Alejandro Castro Espín, negoció una distensión con la administración de Barack Obama). La diferencia, esta vez, afirmó, es que la administración Trump ha sido “poco seria” y ha filtrado información.

“Asimismo, observamos una operación mediática desde Estados Unidos dirigida hacia la narrativa de ruptura en la dirección de nuestro país, que incluye asesinatos de reputación”, dijo. “Las manipulaciones y mentiras, el periodismo amarillista, en torno a Raúl Guillermo, como interlocutor del lado cubano, por decisión de la máxima dirección del país, responden a ese objetivo”.

“Los cubanos sabemos muy bien el valor de la unidad inquebrantable de la dirección de la Revolución, unidad que se expresa entre la generación histórica y el nuevo liderazgo en la conducción del país, junto al pueblo,” añadió, insistiendo en que “la preservación de la unidad es imprescindible”.

Ana Teresa Badía, periodista de medios estatales cubanos y profesora universitaria, llegó a preguntarse si la controversia revelaba divisiones en el liderazgo de Cuba, una pregunta que los periodistas de medios estatales no habían podido formular antes sin enfrentar graves consecuencias.

“¿Por qué Raúl Guillermo logró con una entrevista remover el ajedrez político en Cuba? ¿Qué sentimientos mueven las reacciones? ¿Hay lucha de poder evidenciadas en ciertas publicaciones y comentarios? ¿Hay unidad o fractura en la política cubana?”, se preguntó.

Badía dijo que no le gustó que la historia de USA Today mencionara “marcas y esas cosas” porque la mayoría de la gente “no tiene acceso a nada de eso, y casi está muriendo”. Pero dijo estar a favor de las conversaciones con Estados Unidos si pueden aliviar la “intensa crisis humanitaria cubana y de acceso a los derechos humanos.”

“Y si Raúl Guillermo puede contribuir a que yo tenga luz, pues que participe en el diálogo”.

El jueves por la noche, el primer ministro del país Manuel Marrero intervino.

“El equipo de trabajo conformado para esta responsabilidad estratégica cuenta con la confianza, el apoyo y el mandato del General de Ejército y del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República” Miguel Díaz-Canel, dijo Marrero en X.

“Los asesinatos de reputación, las manipulaciones y los llamados a la desunión y la fractura responden a un plan bien diseñado para generar incertidumbre y desconfianza. Cada paso, en este momento histórico determinante, es en defensa de la Revolución y de nuestra soberanía”, añadió.

No mencionó al nieto de Castro por su nombre.

Nora Gámez Torres
el Nuevo Herald
Nora Gámez Torres is the Cuba/U.S.-Latin American policy reporter for el Nuevo Herald and the Miami Herald. She studied journalism and media and communications in Havana and London. She holds a Ph.D. in sociology from City, University of London. Her work has won awards by the Florida Society of News Editors and the Society for Professional Journalists. For her “fair, accurate and groundbreaking journalism,” she was awarded the Maria Moors Cabot Prize in 2025 — the most prestigious award for coverage of the Americas.//Nora Gámez Torres estudió periodismo y comunicación en La Habana y Londres. Tiene un doctorado en sociología y desde el 2014 cubre temas cubanos para el Nuevo Herald y el Miami Herald. También reporta sobre la política de Estados Unidos hacia América Latina. Su trabajo ha sido reconocido con premios de Florida Society of News Editors y Society for Profesional Journalists. Por su “periodismo justo, certero e innovador”, fue galardonada con el Premio Maria Moors Cabot en 2025 —el premio más prestigioso a la cobertura de las Américas.
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