Cuba

El coronel con un Rolex y un yate: nieto de Castro tiene la llave de acuerdo con Cuba

El coronel cubano Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, asiste al funeral de los 32 soldados cubanos muertos durante la incursión estadounidense en Venezuela en el cementerio de Colón, en La Habana, el 16 de enero de 2026. El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, ha mantenido conversaciones en secreto con un miembro de los Castro mientras intensifica la presión sobre la isla.
El coronel cubano Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, asiste al funeral de los 32 soldados cubanos muertos durante la incursión estadounidense en Venezuela en el cementerio de Colón, en La Habana, el 16 de enero de 2026. El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, ha mantenido conversaciones en secreto con un miembro de los Castro mientras intensifica la presión sobre la isla. AFP via Getty Images

Una década después de la muerte de Fidel Castro, el destino de su revolución comunista podría estar ligado a un personaje inesperado: su propio sobrino nieto, un coronel apodado El Cangrejo, que siente debilidad por los lujos capitalistas —yates, fiestas VIP, aviones privados— vedados para la mayoría de los cubanos.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, 41 años, es el nieto mayor de Raúl Castro. Es hijo de la hija de Castro, Deborah, y del fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, el hombre que construyó un imperio militar, GAESA, que controla gran parte de la economía de la isla.

Castro, de 94 años, está formalmente retirado, pero sigue siendo “el líder de la revolución”, como lo llaman los medios estatales, y continúa tomando las decisiones que importan en el país, con la ayuda de su nieto favorito.

Por eso El Cangrejo ha llegado a desempeñar un papel inesperado y relevante en uno de los momentos más delicados de la reciente historia cubana, como la persona clave en la órbita de Castro con la que la administración Trump se ha puesto en contacto para ver si estaría dispuesto, en términos de Trump, a facilitar “un acuerdo” que pudiera empezar a desmantelar seis décadas de comunismo en la isla.

El 26 de febrero, el coronel Rodríguez Castro abordó un Dassault Falcon 900 que despegó de un aeropuerto militar en Baracoa, al este de La Habana, y voló a San Cristóbal para reunirse con uno de los principales asesores del secretario de Estado Marco Rubio al margen de una reunión de líderes caribeños. En otra señal de que él es el poder detrás del liderazgo formal de Cuba, se reunió por separado con un alto funcionario del Departamento de Estado cuando una delegación del gobierno estadounidense sostuvo conversaciones en La Habana a principios de este mes, a pesar de no tener título oficial en el gobierno ni en el Partido Comunista.

Que la administración Trump esté negociando con Raúl Castro, a través de su nieto, ha sido un shock para muchos cubanoamericanos en Miami. En otra época, eso habría provocado masivas manifestaciones. Hoy, la comunidad está dividida sobre el tema, según una reciente encuesta del Miami Herald.

Para Rubio, el secretario de Estado cubanoamericano que guía las negociaciones, contactar al nieto fue de lógica elemental, ya que la familia Castro sigue en el centro del poder en Cuba, y el presidente formal del país, Miguel Díaz-Canel, es percibido como una figura decorativa. En una entrevista reciente con NBC, Díaz-Canel reconoció que no había hablado con Rubio.

Rodríguez Castro es percibido como una figura más joven y menos ideológica, que ha viajado y visto el mundo, y que tiene un incentivo para asegurar los intereses familiares en una futura Cuba. Como el asistente y ejecutor más próximo de Raúl Castro, él proporciona un canal directo hacia su abuelo, a quien sirvió lealmente como jefe de su escolta personal. En 2016, Rodríguez Castro fue nombrado, según informes, jefe de la Dirección de Seguridad Personal del Ministerio del Interior. No se sabe si conservó el cargo después de que su abuelo entregara la máxima posición del Partido Comunista a Díaz-Canel en 2021.

Vaya donde vaya Castro, su nieto siempre va unos pasos detrás. Rodríguez Castro aparece con frecuencia en fotos susurrando al oído de su abuelo y, últimamente, orquestando cada movimiento de su frágil figura durante sus escasas apariciones públicas.

Raúl Castro, entonces presidente, junto a su nieto y guardaespaldas, Raúl Rodríguez Castro, asiste al desfile del Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución de La Habana, el 1 de mayo de 2017.
Raúl Castro, entonces presidente, junto a su nieto y guardaespaldas, Raúl Rodríguez Castro, asiste al desfile del Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución de La Habana, el 1 de mayo de 2017. ADALBERTO ROQUE AFP via Getty Images

Raúl Castro, descrito por familiares, amigos y enemigos por igual como un hombre de familia, también siente un cariño particular por el nieto que lleva su nombre.

“No hay duda de que el abuelo ve a través de los ojos del nieto”, dijo una fuente familiarizada con las conversaciones entre el equipo del secretario de Estado Marco Rubio y Rodríguez Castro.

Funcionarios de la administración Trump han solicitado a observadores de Cuba y a exiliados que identifiquen a la persona que podría ser la versión cubana de Delcy Rodríguez: la vicepresidenta venezolana que asumió el liderazgo cuando las fuerzas estadounidenses capturaron al gobernante Nicolás Maduro a principios de este año. Si bien Trump ve a Rodríguez como una interlocutora capaz de salvar los intereses estadounidenses al tiempo que garantiza la estabilidad interna, pocos creen que Rodríguez Castro esté preparado para ser el rostro público de un acuerdo de tal naturaleza en Cuba.

“No es alguien que posea un sistema de pensamiento coherente, ni está capacitado para ocupar un puesto verdaderamente significativo”, dijo una fuente cercana a la familia. “La realidad es que sirve como intérprete de su abuelo —siendo la persona más cercana a él— y solo eso lo convierte en una figura extremadamente importante”.

Un vínculo especial

Rodríguez Castro nació con un dedo extra debido a una rara condición genética llamada polidactilia. Sus parientes comenzaron a llamarlo en broma El Cangrejo, un apodo que él abrazó por completo, incluso estampándolo en una camiseta de los Yankees que fue visto usando en el escenario de un concierto del popular grupo de reguetón Gente de Zona en Varadero.

El vínculo especial entre abuelo y nieto se forjó en la infancia de Rodríguez Castro. Quería tanto convertirse en el guardaespaldas de su abuelo que se fue de la casa de sus padres y se mudó a vivir con Castro y su abuela, la fallecida Vilma Espín, cuando tenía alrededor de 11 o 12 años, dijo la persona con conocimiento de su historia familiar.

La educación de Rodríguez Castro, rodeado por los jóvenes oficiales militares que conforman los múltiples anillos de seguridad alrededor de la residencia apartada de Castro en La Habana, “una vida de armas, gimnasios y ejercicios físicos, moldeó su visión del mundo”, dijo la fuente, que pidió anonimato por temor a represalias.

Estudió en la escuela militar conocida como Los Camilitos y más tarde se graduó de la Universidad de La Habana, donde cursó Contabilidad y Finanzas. No fue un buen estudiante, pero eso no pareció importar mucho.

“Creció en una burbuja, totalmente endiosado”, dijo la fuente. “Como era el nieto favorito del abuelo, muchas personas se acercaban a él para llegar hasta su abuelo a través de él. Eso lo pone en contacto con todas las personas importantes en Cuba”.

El fallecido Papa Francisco (izq.) saluda a una niña junto al gobernante Raúl Castro (2-izq.) y al guardaespaldas y nieto de Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, al aterrizar en el aeropuerto internacional de La Habana el 19 de septiembre de 2015.
El fallecido Papa Francisco (izq.) saluda a una niña junto al gobernante Raúl Castro (2-izq.) y al guardaespaldas y nieto de Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, al aterrizar en el aeropuerto internacional de La Habana el 19 de septiembre de 2015. FILIPPO MONTEFORTE AFP via Getty Images

Si quería jugar béisbol, iba a jugar con el equipo nacional de Cuba, dijo la fuente —un hecho confirmado por el lanzador cubano Odrisamer Despaigne. Si el gobierno iba a concederle una casa a un funcionario leal, él se encargaba de eso.

“Ha tenido un poder excesivo durante bastante tiempo”, dijo la persona.

Un fan del reguetón

El hecho de que el nieto de Castro esté en medio de conversaciones que podrían resultar existenciales para Cuba ha desconcertado a muchos exiliados y a cubanos en la isla, que lo conocían más bien por una serie de videos polémicos filtrados en los últimos años.

A diferencia del pasado, cuando Fidel Castro mantuvo en secreto su matrimonio con Dalia Soto del Valle y a sus hijos fuera del ojo público durante décadas, detalles de la vida privada de Rodríguez Castro han surgido en redes sociales y en imágenes publicadas por medios de Miami.

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Hay fotos de un matrimonio temprano con una mujer llamada Sheyla Puentes, alrededor de 2007 o 2008, con quien tiene dos hijas. Una de las imágenes muestra a Raúl Castro abrazando fuertemente a su nieto. Otra lo muestra junto a su padre, el fallecido general Rodríguez López-Calleja, de quien aparentemente heredó los ojos azules y su alta estatura, aunque no su agudeza, dijeron las fuentes.

También están las imágenes escandalosas que lo muestran disfrutando la vida de la jet-set en un yate y usando una expresión fuerte para bromear con amigos en un español chamuscado donde dice que toda la experiencia “parece como si estuviéramos en Miami, en Cancún”. En las imágenes filtradas a America TV en 2022, se le ve con Daliene Gómez, con quien supuestamente se casó y luego se divorció. El medio de Miami también informó que tuvieron una hija. Más tarde, fue vinculado sentimentalmente con la modelo cubana Sheila Mariño.

Con los años, videos y fotos lo han mostrado compartiendo con famosos jugadores de béisbol en su yate y festejando y bailando en el escenario con estrellas de la música popular cubana y del reguetón. Un video muy comentado de 2017 lo muestra intentando emular el baile sugerente de los miembros de la orquesta de salsa cubana Charanga Habanera, algunos de los cuales fueron invitados a su boda con Puentes.

Que haya abrazado por completo el reguetón, un género popular en todo el mundo pero especialmente resonante entre cubanos cansados del socialismo por su culto al consumo, es otro ejemplo elocuente de cómo los Castros más jóvenes, que crecieron en una vida de privilegio, han abandonado los valores comunistas. También se le ha fotografiado llevando lo que parece ser un Rolex, una tradición en la familia.

Quienes lo conocen lo describen como un hombre “básico”, alguien a quien le falta la formación de su padre o el interés por la política de su tío abuelo. Una persona que ha interactuado con él en un entorno profesional, que pidió no ser identificada por temor a represalias, dijo que Rodríguez Castro hace largas pausas cuando habla, “como si intentara recordar qué decir, para recordar el guion que sus asesores escriben para él”.

Fue ridiculizado en la televisión francesa por ignorar el protocolo cuando acompañó a su abuelo a una visita oficial en 2016.

Pero las fuentes coinciden en que sería un error descartarlo por sus meteduras de pata y videos controvertidos, ya que parece ser el hombre que lleva las riendas del país.

El nuevo hombre del dinero en Cuba

Siguiendo los pasos de su difunto padre, Rodríguez Castro está involucrado en los negocios de GAESA y actúa como un enlace informal entre su actual jefa, la general Ania Guillermina Lastres Morera, y su abuelo, dijo una fuente con conocimiento de los negocios de GAESA.

GAESA, siglas de Grupo de Administración Empresarial, S.A., es un conglomerado manejado por las fuerzas armadas revolucionarias de Cuba, que está bajo sanciones de Estados Unidos. Controla gran parte del turismo, la mayoría de las estaciones de servicio y supermercados de la isla, el negocio de las remesas, las agencias de cambio de moneda, el puerto del Mariel y muchas otras empresas rentables. Estados financieros del sistema contable interno de GAESA, obtenidos por el Herald, muestran que en marzo de 2024 el conglomerado reportó hasta $18,000 millones en activos corrientes.

Registros de vuelos obtenidos por La Prensa en Panamá muestran que Rodríguez Castro voló a ese país 13 veces en 2024 y al menos 10 veces el año siguiente, en el mismo jet de lujo que usó para reunirse con los asesores de Rubio en el Caribe y en aviones privados vinculados al empresario panameño Ramón Carretero.

Carretero consiguió varios contratos lucrativos del régimen de Maduro en Venezuela y había hecho negocios con CIMEX, el principal holding de GAESA registrado en Panamá, a través de Corporación Logística del Caribe, una empresa registrada en Panamá y Cuba.

Al menos una vez, en mayo de 2024, Rodríguez Castro viajó acompañado de Lastres Morera, la presidenta de GAESA.

Según fuentes de inteligencia citadas por La Prensa, Rodríguez Castro y un acompañante no identificado fueron vistos comprando artículos caros en Panamá. No sería la primera vez que hacen compras allí, afirma el reportaje.

Rodríguez Castro “es un pulpo. Tiene tentáculos en todo lo que tiene que ver con el dinero”, dijo la fuente con conocimiento de los tratos internos de GAESA.

No se le conoce como propietario formal de alguna de las miles de pequeñas y medianas empresas privadas, conocidas como mipymes, que han surgido en los últimos años en la isla, aunque sus exesposas sí poseen negocios privados, dijeron dos fuentes.

“Cuando un negocio prospera en La Habana, la gente susurra: ‘eso es de El Cangrejo’, aunque no sea así”, dijo un empresario cubano que pidió no ser identificado por temor a represalias por hablar con el Miami Herald.

El nieto de Castro es conocido por estar “profundamente ligado al ‘mundo empresarial’ de Cuba”, facilitando contactos y acuerdos entre emprendedores privados, intermediarios informales y GAESA “para mantener el comercio en movimiento”, dijo Ricardo Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group, en una publicación en X.

“En líneas generales, los descendientes de la vieja nomenklatura que permanecen en la isla ahora operan dentro de este ecosistema comercial, no como burócratas del partido de a pie”, añadió.

Fuera de las sombras

En última instancia, aún está por verse si Rodríguez Castro tiene la capacidad de cerrar un acuerdo con Trump. Dicho pacto exigiría enfrentarse —incluso desmantelar— una burocracia enquistada e ineficiente para acelerar reformas económicas, y deshacerse de comandantes históricos y de todo aquel en el gobierno, el Partido Comunista y la cúpula militar que se interponga.

En las conversaciones en La Habana a principios de este mes, funcionarios del Departamento de Estado advirtieron a sus homólogos cubanos de que tenían “una ventana pequeña” de tiempo para lograr un acuerdo. Hasta ahora, Cuba parece estar intentando retrasar cualquier concesión significativa, incluida la liberación de la mayoría de los presos políticos.

Cuba ha anunciado que permitirán que los cubanoamericanos inviertan y sean dueños de empresas en la isla, una propuesta poco atractiva bajo las leyes vigentes del país y que el secretario Rubio ya ha criticado como no lo bastante “dramática”.

El Herald informó previamente que la administración había transmitido a Rodríguez Castro que Díaz-Canel, en particular, era visto como un obstáculo para un acuerdo. Más tarde Rubio dijo que Estados Unidos quería ver un cambio en el liderazgo de la isla.

Pero incluso si Díaz-Canel es solo una figura ceremonial y ampliamente impopular, eliminar al presidente formal y primer secretario del Partido Comunista, alguien preparado por Raúl Castro para esos roles, sería interpretado internamente como una concesión mayor a EEUU, una que por ahora los Castro no están dispuestos a aceptar.

Díaz-Canel también parece haber emprendido una campaña por su supervivencia, prometiendo morir por la revolución en entrevistas con medios estadounidenses, una muestra de intransigencia diseñada, al parecer, para ganar el apoyo de otros partidarios de la línea dura dentro del gobierno y demostrar su lealtad a los Castro.

A pesar de todos los rumores que rodean a El Cangrejo y lo presentan como un negociador poderoso, John Kavulich, veterano observador de Cuba y presidente del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, sigue escéptico de que pueda concretar un acuerdo y cree que el liderazgo cubano podría estar apostando a esperar.

“No estoy convencido de que sea potencialmente transformador, de que sea el tipo que va a hacer que todo esto ocurra”, dijo. En cambio, cree que el nieto de Castro aprendió de las negociaciones que su tío, el general Alejandro Castro, mantuvo con la administración Obama durante el deshielo y quiere repetir su éxito. En ese entonces, “al final no dieron nada y lo obtuvieron todo”, opinó Kavulich.

Kavulich también se preguntó por qué, si Rodríguez Castro “fuera tan astuto, como algunos dicen, y fuera el tipo con todo el poder”, los funcionarios cubanos han hablado de una apertura económica y nuevas oportunidades de inversión sin emitir ninguna regulación para implementar esas reformas.

“No me sumo a quienes sostienen que este individuo está cumpliendo”, afirmó Kavulich, añadiendo que, a su juicio, “los cubanos simplemente calculan que podrán obtener suficiente apoyo externo para esperar a que pase la administración de Trump”.

Sin embargo, ese guion tan familiar podría no desarrollarse a favor de La Habana en un momento de gran incertidumbre, en el que un cubanoamericano encabeza la política exterior de Estados Unidos.

Para Rodríguez Castro, el reloj corre, dada la crisis humanitaria en curso del país, la avanzada edad de su abuelo y el estilo mercurial e impredecible de toma de decisiones de Trump. Sobre las negociaciones gravitan las amenazas de Trump de “tomar” Cuba y su demostrada disposición a usar la fuerza militar para lograr objetivos de política exterior.

Y aun así, aunque a Rodríguez Castro pudiera tentarle llevar a Cuba al siglo XXI y abrazar el capitalismo con ayuda estadounidense, es improbable que su familia acceda a abandonar el poder, si la historia sirve de precedente. Incluso bajo amenaza, muchos dictadores y líderes autoritarios —Sadam Huseín en Irak, Slobodan Milosevic en Serbia, Bashar al-Assad en Siria y, a principios de este año, Maduro en Venezuela— optaron por resistir hasta el último minuto.

Hasta ahora, Díaz-Canel y los diplomáticos cubanos han trazado una línea roja, insistiendo en que el gobierno no hará concesiones políticas.

Mientras tanto, Rodríguez Castro ha ido saliendo de la sombra de su abuelo.

Apareció de manera conspicua en primera fila en una reunión gubernamental en la que Díaz-Canel admitió públicamente que Cuba estaba en conversaciones con el gobierno de Trump, después de negarlo inicialmente. El nieto de Castro también estuvo en la audiencia de una conferencia de prensa televisada que Díaz-Canel ofreció para ampliar sobre las conversaciones.

El ministro de Defensa general Álvaro López Miera (a la izquierda) y el gobernante Miguel Díaz-Canel, durante el entierro en La Habana de 4 de los 32 guardaespaldas cubanos muertos durante el ataque militar estadounidense para capturar a Nicolás Maduro. Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, está detrás de ellos.
El ministro de Defensa general Álvaro López Miera (a la izquierda) y el gobernante Miguel Díaz-Canel, durante el entierro en La Habana de 4 de los 32 guardaespaldas cubanos muertos durante el ataque militar estadounidense para capturar a Nicolás Maduro. Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, está detrás de ellos.

También asistió al entierro de 4 de los 32 guardaespaldas cubanos muertos durante el ataque militar estadounidense para capturar a Maduro. No estaba protegiendo a su abuelo, que no asistió, pero como de costumbre, estuvo en el centro de la escena, esta vez observando por encima del hombro de Díaz-Canel.

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