Rescates en Venezuela: ‘Nunca pensé que sacaría un cadáver con las manos’, dijo empresaria de Miami
Gisela Rojas, empresaria de Miami, estaba de vacaciones en Venezuela cuando en su apartamento de Campo Claro, una urbanización al este de Caracas, se sintieron las primeras sacudidas de los dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que golpearon el centro y norte del país el miércoles 24 de junio.
“El edificio se movía como una “barajita”, dice Rojas, conocida por compartir sus conocimientos como agente de bienes raíces en Univision y Telemundo.
No podía tenerse en pie, rodaba de un lado a otro, y se tiró al piso. La construcción antisísmica resistió y Rojas y sus hijos bajaron la escalera y se pusieron a salvo. Su prima, que vivía en La Guaira, no tuvo tanta suerte. Cuando paró el primer terremoto, la joven de 27 años salió al balcón a ver lo que ocurría, y entonces golpeó el segundo terremoto, y se vino abajo la pared, siete pisos en caída libre.
La ciudadanía al rescate de La Guaira
Al día siguiente, Rojas tomó la carretera para ver cómo estaban sus familiares y amigos en La Guaira, un estado costero a 19 millas al norte de Caracas que fue el más afectado por el doble terremoto.
Lo que encontró fue un paisaje dantesco. Miles de construcciones reducidas a escombros y gritos de auxilio de personas atrapadas bajo montañas de concreto. Los que sobrevivieron a los sismos permanecían incomunicados, sin corriente eléctrica ni acceso a internet, al borde de la acera o en las plazas, desesperados por saber de sus familiares.
Sin herramientas y sin el apoyo de los equipos de emergencia del gobierno que tampoco tenían maquinaria para responder a un desastre natural que ha cobrado 2,295 vidas y dejado más de 11,000 heridos, comenzaron los rescates liderados por los ciudadanos, a falta de una guía y presencia gubernamental.
“Rescatábamos a las personas con las manos peladas”, dijo Rojas, que se sumó a un equipo de voluntarios que rescataron 16 personas, entre ellas dos niños, luego de tres días de ocurrido el doble terremoto.
Lo que hubieran sido unas vacaciones de reencuentro con su país, se transformaron en una experiencia de vida durísima.
“Nunca pensé que tuviese el valor de tocar un cadáver y sacarlo con las manos”, dijo Rojas.
La empresaria pagó a dueños de maquinarias para que sacaran a personas, aunque en otros casos encontraron contratistas generosos que facilitaron sus equipos sin cobrar un centavo.
Los motorizados son los verdaderos héroes, dijo Rojas, sobre los civiles que se movilizaron en moto desde puntos cercanos para socorrer a las víctimas.
En un momento determinado la carretera desde Caracas colapsó por tantas personas que querían ayudar, y el gobierno la cerró. Hoy Rojas tiene que obtener un salvoconducto para llegar a La Guaira, con la promesa de que va a llevar ayuda.
“Es potestad de ellos [las autoridades chavistas] si te lo dan”, dijo.
Abandonados por el gobierno
Los edificios de La Guaira constituyen la mitad de los 58,870 dañados en el país, según mapa de la NASA. El edificio donde Rojas tenía un apartamento de playa en la ciudad costera, es uno de los que cayó como fichas de dominó.
Pero ella no ha tenido tiempo de reflexionar sobre las pérdidas ni tampoco sobre el milagro de haber sobrevivido al terremoto en Caracas. Ha estado demasiado ocupada creando puntos de acopio en la Iglesia San Bernardino (Avenida Cristóbal Mendoza) y Chacao (Instituto de Diseño), dos vecindarios de Caracas donde asisten a las personas con artículos de primera necesidad.
También se ha sumado a las cadenas humanas que sacan escombros en La Guaira, una labor que no terminará en largo tiempo.
“Estuve 12 horas sacando escombros. Era puro pueblo, 100 hombres en una cadena humana y la policía sentada en una garita, limpios”, dijo.
Las primeras 48 fueron terribles, apuntó Rojas, que se abocó a ayudar en el rescate y traer ayuda desde Caracas, porque los comercios de La Guaira están inutilizados. En Caracas sí se pueden comprar alimentos y medicamentos, pero todo está dolarizado, precisó.
“Compraba cosas para [asistir] a los heridos, y nadie del gobierno aparecía”, dijo Rojas.
La otra gran batalla fue proteger a los niños que quedaron huérfanos. “Atajamos a muchas personas que querían llevarse niños”, cuenta Rojas, que formó un grupo de mujeres que ayudaron en esa tarea.
Por suerte esa situación se ha tranquilizado, apuntó sobre el robo de niños que se teme bandas criminales quieran destinar al tráfico humano.
Venezolanos no pierden esperanzas de encontrar sobrevivientes
Al tercer día de los terremotos, cuando comenzaron a llegar los equipos de rescate de El Salvador, México y Estados Unidos, Rojas los llevaba a veces en su auto hasta donde había escuchado voces de sobrevivientes atrapados. En este caso también faltaba el apoyo del gobierno, y los rescatistas no sabían adonde dirigirse para ser más efectivos.
“El corazón se me aprieta. Me quiero despertar mañana”, dice Rojas sobre el panorama que encuentra en La Guaira.
A una semana de la catástrofe natural es cada vez más difícil encontrar sobrevivientes, pero los venezolanos no se rinden.
“Tengo esperanza de que la gente resista un poco más, hay muchos que quedaron atrapados, pero con huecos de aire”, dijo.
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Su preocupación ahora es qué pasará con las personas que han quedado sin hogar. “El gobierno hasta ahora no ha visto qué hacer con toda esa gente”, dijo, indicando la importancia de establecer campamentos para que las personas sin hogar puedan tener un mínimo de necesidades cubiertas.
En este momento ya La Guaira tiene hospitales de campaña temporales. Desde la Universidad Central de Venezuela han llegado también estudiantes y profesionales de la salud.
En medio del dolor, Rojas se maravilla de la solidaridad humana. “Llegan voluntarios con arepas, con sopa, gente que tiene restaurante, va y les da comida”, dice.
Para las personas que quieran ayudar, enumera los artículos más necesitados: pañales para bebé, sardinas, atún, compotas, almohadillas sanitarias femeninas, cepillo y pasta de dientes, y comida para mascotas.
Puede contactar a Gisela Rojas en el teléfono 407-364-3056 o por Instagram en @Soygiselarojas.