Venezuela

Sin listas ni respuestas: la angustiosa búsqueda de los deportados en el vuelo 164

Jhonattan Lamus habló por última vez con su familia el 24 de junio, apenas dos horas antes de que los terremotos sacudieran Venezuela. Había llegado ese mismo día en el vuelo 164 tras ser deportado de Estados Unidos.
Jhonattan Lamus habló por última vez con su familia el 24 de junio, apenas dos horas antes de que los terremotos sacudieran Venezuela. Había llegado ese mismo día en el vuelo 164 tras ser deportado de Estados Unidos. Adela Yelitza Osuna/cortesía

Vuelo 164: deportación, terremotos y supervivencia — segundo de una serie de tres

La familia de Ángel Jesús Romero Audivet lleva días deambulando entre los heridos y los cadáveres que dejaron los terremotos en Venezuela. Lo buscan en hospitales y morgues de La Guaira y Caracas, chocando una y otra vez contra la misma pared: nadie sabe nada, nadie les da una respuesta.

Romero Audivet, de 31 años, es uno de los 146 venezolanos deportados de Estados Unidos en el vuelo 164, que aterrizó en Venezuela apenas horas antes de que dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 devastaran el centro-norte del país el 24 de junio de 2026.

Al llegar al Aeropuerto Internacional de Maiquetía, llamó a su familia para avisar que había aterrizado y que sería trasladado al hotel Santuario La Llanada, en La Guaira, el estado más golpeado por los sismos. Fue la última vez que supieron de él.

Romero Audivet, de nacionalidad venezolana y colombiana, residía en Atlanta, Georgia, antes de ser repatriado.

Ángel Jesús Romero Audivet permanece desaparecido después de llegar a Venezuela en el vuelo 164, apenas horas antes de los devastadores terremotos del 24 de junio de 2026.
Ángel Jesús Romero Audivet permanece desaparecido después de llegar a Venezuela en el vuelo 164, apenas horas antes de los devastadores terremotos del 24 de junio de 2026. Glina Melissa Ospino Audivet/cortesía

“Nunca más volvimos a saber nada de él. No sabemos si está vivo y, si lo está, dónde se encuentra. O si murió, porque tampoco aparece su cuerpo. Esto es muy doloroso, muy horrible”, dijo a el Nuevo Herald su hermana, Glina Melissa Ospino Audivet.

Ángel Jesús Romero Audivet, de 31 años, es uno de los 146 venezolanos deportados de Estados Unidos en el vuelo 164. Desde los terremotos del 24 de junio de 2026, permanece desaparecido.
Ángel Jesús Romero Audivet, de 31 años, es uno de los 146 venezolanos deportados de Estados Unidos en el vuelo 164. Desde los terremotos del 24 de junio de 2026, permanece desaparecido. Glina Melissa Ospino Audivet/cortesía

Adela Yelitza Osuna también busca a su primo, Jhonattan Lamus, de 40 años, nacido en San Cristóbal y residente en Nueva Jersey antes de ser deportado.

La última vez que hablaron con él fue la tarde del 24 de junio, entre las 4:00 p.m. y las 4:10 p.m. Llamó para avisar que ya había llegado al hotel. Desde entonces, su familia no ha vuelto a tener noticias.

“En ninguna parte hay listas. Estados Unidos no suministra la lista de los que mandaron para acá. Tampoco existe una lista de los que llegaron al hotel, de los que rescataron, de los heridos. No hay nada”, dijo a el Nuevo Herald.

Los familiares intentaron acercarse al hotel, pero aseguran que se encontraron con un “bloqueo total” del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), organismo encargado del traslado y la custodia de los deportados.

Según Osuna, los funcionarios nunca explicaron por qué les impedían ingresar al área.

Jhonattan Lamus, de 40 años, nacido en San Cristóbal, Venezuela, residía en Nueva Jersey antes de ser deportado en el vuelo 164.
Jhonattan Lamus, de 40 años, nacido en San Cristóbal, Venezuela, residía en Nueva Jersey antes de ser deportado en el vuelo 164. Adela Yelitza Osuna/cortesía

“En otros edificios colapsados las familias han podido acercarse, participar en las búsquedas o al menos recibir información. Aquí no nos dejan ni entrar”, afirmó.

La familia también ha recorrido hospitales y morgues sin encontrar rastro de Lamus.

“Ya no nos queda ningún otro lugar donde buscar. Pensamos que sigue debajo de los escombros”, dijo.

Lee más: La increíble historia del deportado que sobrevivió a dos tragedias en La Guaira

Misterio en el hotel Santuario

Los casos de Romero Audivet y Lamus forman parte del misterio que rodea a los pasajeros del vuelo 164, luego de que el hotel donde las autoridades venezolanas alojaron a los deportados para cumplir procedimientos administrativos y exámenes médicos colapsara durante los terremotos.

Más de dos semanas después de la tragedia, aún se desconoce cuántos pasajeros de ese vuelo fallecieron, sobrevivieron o permanecen desaparecidos.

El balance oficial de los terremotos, actualizado al 8 de julio, supera los 3,000 muertos y los 16,000 heridos.

Sin embargo, el régimen venezolano todavía no ha informado cuántas personas permanecen desaparecidas ni ha divulgado un balance específico sobre los deportados.

Uno de los sobrevivientes del vuelo aseguró a el Nuevo Herald que mantiene contacto con algunos de los pasajeros y calcula que entre 35 y 42 personas lograron sobrevivir. La cifra, sin embargo, no ha podido ser verificada de manera independiente.

Hotel blindado tras los terremotos

Activistas y familiares denuncian que las autoridades encargadas de recibir a los deportados mantienen bajo reserva toda la información relacionada con el vuelo y han convertido el área del hotel en un perímetro restringido.

Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), viajó a las zonas devastadas por los terremotos con el propósito de documentar la situación humanitaria.

Sin embargo, el único lugar al que no pudo acceder fue, precisamente, el hotel Santuario La Llanada.

“Sabíamos que existía mucho hermetismo sobre lo ocurrido con los deportados del vuelo 164 y queríamos verificar la situación”, dijo a el Nuevo Herald.

Relató que, cuando ella y otras personas intentaron acercarse, encontraron un cordón de funcionarios vestidos de negro, identificados como miembros del SEBIN y armados con fusiles, que les impidieron el paso.

Al preguntar por qué ese lugar permanecía restringido cuando había podido ingresar a otras zonas afectadas, los funcionarios respondieron que cumplían órdenes y que se trataba de una medida de seguridad.

Jiménez insistió en que esa explicación no justificaba un trato diferente al resto de los edificios colapsados de La Guaira. En respuesta, los agentes le ordenaron retirarse y tampoco le permitieron tomar fotografías.

Para la defensora de derechos humanos, el despliegue de la policía política plantea serios interrogantes.

“¿Por qué un vuelo de deportación tiene que ser recibido por la policía política?”, preguntó.

Recordó que, en otros países de América Latina, la recepción de vuelos con deportados suele estar a cargo de autoridades civiles, con el acompañamiento de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y organizaciones de la sociedad civil, especialmente cuando entre los pasajeros viajan familias y niños.

“Queda la interrogante de por qué la policía política es la encargada de custodiar y recibir estos vuelos, sobre todo cuando se trata de un organismo señalado internacionalmente por graves violaciones de derechos humanos. Esa es una pregunta que el Gobierno debería responder”, afirmó.

Jiménez también cuestionó que las autoridades todavía no hayan divulgado un balance sobre los pasajeros.

“La falta de transparencia es grave. Las familias tienen derecho a saber quiénes fallecieron y quiénes sobrevivieron. Esa incertidumbre provoca un nivel de ansiedad terrible que el Estado tiene la obligación de aliviar proporcionando información”, sostuvo.

El Nuevo Herald solicitó entrevistas con el director del SEBIN, mayor general Alexis Rodríguez Cabello, y con el jefe de la Misión Gran Vuelta a la Patria, Mervin Maldonado, para conocer la versión oficial sobre la situación de los deportados, pero no obtuvo respuesta.

Exigen la lista de los deportados desaparecidos

Ante la falta de información oficial y la desesperación de quienes buscan a sus seres queridos, la directora de Venezuelan Awareness Foundation, Patricia Andrade, intentó contactar directamente a la Misión Gran Vuelta a la Patria, responsable de recibir a los deportados y trasladarlos al hotel.

Como no encontró un correo electrónico ni un número telefónico del programa o de su director, recurrió a las redes sociales de Maldonado para exigir la publicación de la lista de fallecidos, sobrevivientes y desaparecidos.

La gestión obtuvo una respuesta, pero no la que esperaba.

Un funcionario del programa se comunicó con la organización únicamente para negar el acceso a la información, alegando que no eran familiares de las víctimas.

Aunque proporcionó varios números telefónicos para que los allegados solicitaran información, Andrade aseguró que las llamadas nunca fueron respondidas y que algunos familiares denunciaron haber sido bloqueados después de insistir en conocer el paradero de los deportados.

Andrade explicó que la ausencia de una lista oficial de pasajeros agravó la angustia de decenas de familias que esperaban la llegada del vuelo 164.

“Los familiares estaban ansiosos porque sabían que esa semana deportarían a su hermano, a su hijo o a otro ser querido. Lo primero que querían saber era quiénes venían en ese vuelo”, dijo.

Según la activista, la incertidumbre era aún mayor porque el vuelo había sido aplazado en dos ocasiones.

Para Andrade, esa combinación de retrasos y la falta de un listado oficial de pasajeros dejó a muchas familias sin saber si sus seres queridos habían sido finalmente deportados, si se encontraban entre los pasajeros o si figuraban entre las víctimas del colapso del hotel.

Sin esa información, añadió, los familiares siguen atrapados entre la esperanza de encontrar con vida a sus seres queridos y el temor de que permanezcan bajo los escombros del hotel.

‘Ayúdennos a encontrarlo’

Mientras las autoridades guardan silencio, las familias sienten que el tiempo juega en su contra.

“Tenemos derecho a darles un entierro digno o, al menos, a saber dónde están. Lo único que pedimos es que nos informen qué pasó con ellos”, dijo Osuna.

Workers nail a wooden cross onto a freshly dug grave marked with a number at La Esperanza Cemetery in Catia La Mar, La Guaira state, northeast of Caracas on July 5, 2026, where rows of similar graves for unidentified individuals, victims of twin earthquakes, stretch across the site. Venezuela's devastating twin earthquakes killed nearly 3,000, updated official figures showed on July 4, as international rescue teams began winding down search operations for survivors in the rubble of the disaster. (Photo by Miguel MEDINA / AFP via Getty Images)
Trabajadores clavan una cruz de madera sobre una tumba recién excavada, identificada únicamente con un número, en el cementerio La Esperanza de Catia La Mar el 5 de julio de 2026, donde son sepultadas personas no identificadas que murieron en los terremotos gemelos de Venezuela. MIGUEL MEDINA AFP via Getty Images

Ospino Audivet lanzó un llamado directo a las autoridades venezolanas.

“Ya han pasado demasiados días y seguimos sin la más mínima idea de qué ocurrió con nuestros familiares. Ellos no eran perros ni gatos; eran seres humanos que pudieron haber sido rescatados desde el primer día”, dijo.

“Por favor, se los suplico, agilicen la búsqueda. Ayúdennos a encontrar a mi hermano, vivo o muerto. Lo único que necesitamos es saber la verdad. Este dolor está destruyendo a toda nuestra familia”.

Sonia Osorio
el Nuevo Herald
Cubro temas de América Latina, judicial, negocios y locales relacionados con la comunidad latinoamericana. Gran parte de mi carrera la desarrollé en agencias internacionales de noticias. Mis trabajos de investigación han recibido premios de la FSNE y SPJ Sunshine State. Soy periodista venezolana.
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