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En medio de la terquedad del gobernador ante los escándalos, Puerto Rico se prepara para más protestas

Manifestantes piden a fuerzas policiales unirse a las protestas

Manifestantes piden a fuerzas policiales unirse a las protestas durante una manifestación en el viejo San Juan el viernes, 19 de Julio del 2019.
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Manifestantes piden a fuerzas policiales unirse a las protestas durante una manifestación en el viejo San Juan el viernes, 19 de Julio del 2019.

Al igual que sus compatriotas en territorio continental de Estados Unidos, los angustiados habitantes de este territorio estadounidense se enfrentan a una amplia gama de preguntas preocupantes e ineludibles sobre la aptitud de su líder para gobernarlos.

¿Cruzaron las comunicaciones ofensivas del jefe del ejecutivo en las redes sociales los límites de la decencia y lo descalifican para el alto cargo? ¿Implicarán al gobernador las múltiples investigaciones de corrupción que rodean a sus asistentes y a la administración? ¿Deberían los legisladores iniciar ahora los procedimientos de un juicio político? De ser así, ¿podría un sucesor más capaz guiar a un pueblo dividido en una encrucijada política sin precedentes?

Incluso mientras los estadounidenses del territorio continental lidian con las consecuencias de posibles transgresiones presidenciales, los puertorriqueños se han rebelado ante preocupaciones más inmediatas que Donald Trump: las asombrosamente similares interrogantes de legitimidad que penden sobre el gobernador Ricardo Rosselló, el asediado líder electo de este territorio insular de Estados Unidos, de 3.5 millones de habitantes.

Durante los últimos días, miles de puertorriqueños han tomado las calles del Viejo San Juan, donde está la residencia oficial del gobernador, que data del siglo XVI y se conoce como La Fortaleza, para exigir su renuncia por una serie de escándalos y indignación pública a niveles hasta ahora no vistos.

Dos días después que decenas de miles de apasionados y ruidosos manifestantes llenaron las estrechas calles del Viejo San Juan, en lo que según observadores puede haber sido la mayor manifestación en la historia de la isla, se ha impuesto una especie de calma en momentos que Rosselló, quien ha insistido en que no renunciará, sigue en sus trece. Medios locales de prensa informaron que La Fortaleza está en un encierro virtual; Rosselló no se ha presentado en público y solamente se comunica a través de las redes sociales o un portavoz.

Esto pudiera ser solamente una pausa en el esfuerzo por sacar a Rosselló del cargo en medio de una dinámica que parece superar fuertes divisiones políticas, socioeconómicas y demográficas de larga data en la isla. Tanto los manifestantes de línea dura como los ciudadanos comunes parecen estar uniformemente decididos a seguir presionando hasta que Rosselló renuncie.

Miles de manifestantes tomaron las calles en la capital puertorriqueña exigiendo la renuncia del gobernador Ricardo Rossello en julio 17, 2019.

El viernes por la tarde, los raperos puertorriqueños conocidos como Residente y Bad Bunny, quienes lideraron una manifestación masiva el miércoles, criticaron duramente a Rosselló en Instagram por publicar comentarios y fotos de reuniones con miembros de su administración, como si nada hubiera sucedido. El gobernador retiró sus comentarios poco después.

Detrás del reportaje

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Las exhortaciones a que Rosselló renuncie o lo saquen del cargo llegaron de toda la isla y del territorio continental, así como de la diáspora puertorriqueña en todo el mundo. Se han programado protestas diarias frente a La Fortaleza, donde grupos de manifestantes jóvenes agresivos y vestidos de negro provocaron dos veces enfrentamientos nocturnos con la policía antidisturbios, que respondió disparando gases lacrimógenos y balas de goma contra la multitud.

Obispos y clérigos protestantes se han unido a figuras destacadas en el propio partido de Rosselló, partidario de la estadidad, el Partido Nuevo Progresista (PNP), en las exhortaciones para que renuncie, entre ellos un ex gobernador y la compañera de boleta de Rosselló, Jenniffer González Colón, la representante sin derecho a voto en el Congreso federal. Lo mismo han hecho líderes del Partido Popular Democrático, entre ellos la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, considerada ampliamente una aspirante a la gobernación. El PNP ha convocado a una conferencia de partido para discutir la crisis.

Miles de puertorriqueños marcharán por las calles del Viejo San Juan el 17 de julio de 2019 para protestar contra el gobernador Ricardo Rosselló y pedir su renuncia.

Algunos también han pedido que se le someta a un juicio político en la Legislatura de Puerto Rico, que ha solicitado asesoría al Colegio de Abogados de la isla. El diario El Vocero reportó el viernes que un comité de ese Colegio concluyó que los comentarios en el chat pudieran ser razón para sacar al gobernador del cargo.

Las protestas estallaron después de una filtración de casi 900 páginas de comentarios profanos, homófobos y misóginos en un chat que reveló que Rosselló y 11 de sus aliados insultaron y se burlaron de opositores políticos y partidarios por igual. La filtración, ocurrida una semana después que varios asistentes de Rosselló, entre ellos su ex secretaria de Educación, una persona ampliamente rechazada, fueron acusados por un jurado de instrucción federal de cargos de corrupción en asuntos de contratación, pareció sobrepasar todos los límites de lo que los puertorriqueños están dispuestos a tolerar.

“Esto fue como una decisión universal que tomamos para defendernos”, dijo Margarita Cariño, de 58 años y vecina de Ponce, que se unió a una de las protestas en San Juan esta semana. “Sólo estamos esperando a que renuncie. Aunque su arrogancia le ha impedido tomar esa decisión, nos quedaremos aquí. Hemos estado aquí seis días, vamos a estar el tiempo que sea necesario hasta que renuncie”.

Para muchos puertorriqueños, abrumados por una década de problemas económicos y gubernamentales, una ola incesante de acusaciones de corrupción pública, un huracán catastrófico y el hecho de que una junta nombrada por el gobierno federal tomó el control de las finanzas del país, lo que está en juego con Rosselló es mucho.


Si el esfuerzo no conduce a su salida del poder, dicen algunos, eso puede servir de confirmación de un temor cada vez más generalizado de que los puertorriqueños de a pie tienen poco o ningún control sobre su futuro político y económico.

“Todas las acusaciones, y especialmente lo del chat, revelaron las sospechas de muchos de nosotros de que somos un país de dos realidades”, dijo Fernando Rivera, un sociólogo puertorriqueño de la Universidad del Centro de la Florida. “Una es una clase política poderosa que controla todas las esferas del poder, que hace lo que quiere sin ningún temor a las repercusiones.

“La otra es una clase social que se siente empantanada y desesperada, que ahora cierra filas porque no tiene nada que perder, política y socialmente, excepto la dignidad y el respeto. Esta situación ha tocado un nervio colectivo que no creo que se calme hasta que [Rosselló] renuncie”.

Cariño, la manifestante de Ponce, dijo que su indignación se debe a la vergüenza que sintió como mujer puertorriqueña por los insultos sexistas y homófobos de Rosselló que los noticieros llevaron a todo el mundo.

“Las palabras del gobernador no son las palabras del pueblo puertorriqueño. Somos gente sencilla y humilde y [el gobierno] no nos representa”, dijo.

En mensajes intercambiados en el chat, Rosselló califica a la ex presidenta del Concejo de Nueva York de “prostituta” y pide a otros integrantes del chat que convoquen a sus defensores para criticarla en las redes sociales. Rosselló también le dice a la junta de supervisión financiera federal que “se vaya al demonio”. Christian Sobrino, el ahora ex asesor financiero del gobernador y representante de Puerto Rico ante la junta de supervisión, le expresó al grupo: “Estoy salivando por matarla”, refiriéndose a la alcaldesa de San Juan. Rosselló le respondió: “Me harías un gran favor”.

La arrogancia alejada de la realidad que se refleja en el chat parece haber cristalizado a la oposición pública, no solo contra al gobernador sino contra el fracaso sistemático del gobierno de la isla, dijo Jorge Duany, profesor de la Universidad Internacional de la Florida, quien enseñó anteriormente en la Universidad de Puerto Rico y quien ha escrito extensamente sobre la isla.

“Ellos refuerzan la idea de que la corrupción está extendida y que el gobierno de Rosselló tolera este tipo de cosas”, dijo Duany. “Rosselló es la figura principal, pero no es el único, ahora se cuestiona a todo el sistema.

El chat y la aparente insensibilidad de Rosselló parecen haber tocado en especial a los jóvenes puertorriqueños, un amplio grupo de millenials y miembro de la llamada generación Z que han visto venirse abajo sus oportunidades en medio de una economía fracturada que ha obligado a muchos a abandonar la isla.

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Ricardo Rosselló, gobernador de Puerto Rico, habla en una conferencia de prensa en San Juan el 16 de julio de 2019. Enfrentado a fuertes presiones para que renuncie, el mandatario hablño el martes por la mañana después de fuertes protestas el lunes. ERIKA P. RODRIGUEZ NYT

Aunque entre los manifestantes ha habido personas de todas las edades, los más jóvenes han estado en primera línea, animados por gente como el rapero de trap Bad Bunny, quien convocó a la manifestación masiva del miércoles y interrumpió una gira en Europa para pedir la renuncia del gobernador.

“Somos los que a veces no podemos encontrar trabajo, o los que supuestamente no quieren trabajar, pero la verdad es que nos han pisoteado porque hay falta de empleo”, dijo Francheska Collazo, una mujer de 27 años de la localidad isleña de Cayey. “Todos hemos tratado de prepararnos y educarnos, pero ¿qué crees que pasa cuando nos graduamos? Ahí es cuando comienzan las frustraciones”.

Collazo dijo se fue de la isla varios años y se dedicó a trabajar con comunidades desatendidas en todo Estados Unidos Cuando decenas de miles se marcharon de la isla tras el paso del devastador huracán María, regresó a Puerto Rico hace aproximadamente un año para trabajar en la agricultura.

“Me di cuenta de que esta isla es un tesoro y todos lo sabemos. Así que nos hemos levantado, hemos despertado y estamos aquí porque no vamos a abandonar nuestra isla. No la vamos a dejar y vamos a defenderla como si fuera lo más preciado que tenemos”, dijo Collazo.

Mónica Aponte, de 19 años, llevaba un cartel durante una protesta el jueves junto a varios cientos de personas, que decía: “Esta es la generación del ‘Yo no me dejo’”.

“Yo me identifico con esto porque es la generación que está despertando, que no le vira la cara a la situación. Estamos despertando y vemos lo que el gobierno nos ha estado haciendo”, dijo Aponte, estudiante de Contabilidad en la Universidad de Puerto Rico. “Yo no soy persona de participar en protestas, pero ya basta. No nos van a pisar”.

Lo único que Rosselló parece haber logrado, dijo un experto en asuntos puertorriqueños, es unificar a los habitantes de la isla, divididos durante muchos años por el estatus político y su relación con Estados Unidos, y la gran desigualdad que dejó al descubierto el huracán María en 2017. La débil respuesta de Rosselló y el gobierno de Estados Unidos han tenido un papel clave en las profunda frustración que se siente en la isla.

“Rosselló ha provocado esta sensación general de repugnancia”, dijo Duany, de FIU. “Esto es algo que no he visto nunca. Es es una distinción dudosa, que ha sido capaz de enfurecer a casi todo el mundo”.

Pero esa unidad recién descubierta pudiera rendir frutos si lleva a una reconciliación más amplia entre los puertorriqueños que han sido víctimas de la discriminación en el pasado, dijo.

“Estoy fascinado por cómo este incidente del chat provocó este movimiento muy rápidamente. Ni siquiera las noticias anteriores de acusaciones de corrupción crearon este tipo de levantamiento moral”, dijo Duany. “Es una reacción contra el lenguaje sucio, el sexismo y los comentarios contra todos, desde los gays hasta las personas gruesas y las mujeres.

“Puede resultar ser un tipo diferente de movimiento de oposición que atrae a mujeres, gays y lesbianas, gente de clase trabajadora”.

Pero la batalla por sacar del cargo a Rosselló se ha complicado por la confusión sobre el proceso de sucesión legal. Según la Constitución de Puerto Rico, un gobernador que no puede terminar su mandato debe ser reemplazado por el secretario de Estado. Pero la persona que ocupaba ese cargo renunció por su participación en el chat filtrado. Eso significa que Rosselló podría nombrar a su propio sucesor en medio de la crisis, o dejar que la frágil Legislatura de la isla lo nombre.

Algunos observadores políticos temen que el vacío creado por un gobierno paralizado o que ha perdido su legitimidad pueda fortalecer a la controversial junta de control fiscal, nombrada por el gobierno federal, que ha impuesto fuertes medidas de austeridad que han llevado a fuertes reducciones en los empleos gubernamentales, una fuente clave de empleo para los puertorriqueños.

A algunos les preocupa también que el Congreso o el presidente Trump, que ha aprovechado las protestas para reiterar sus alegaciones de que el gobierno de la isla no merece recibir asistencia para la recuperación por el huracán, impongan estrictos controles políticos en la isla. Varios legisladores federales han pedido la renuncia de Rosselló, entre ellos el senador republicano floridano Rick Scott y el representante Raúl Grijalva, demócrata por Arizona.

Pero los puertorriqueños siguen concentrados en la meta inmediata de sacar al gobernador del poder. El viernes se convocó a una manifestación masiva para el lunes por la mañana en una importante vía de San Juan.

“Al final nos vamos a cansar, y ese cansancio nos va a consumir, y ahí es cuando tenemos que decidir si paramos o nos vamos [a La Fortaleza], aunque tengamos que dormir en San Juan en colchones de aire”, dijo Collazo. “Pero vamos a tener que hacerlo, porque ahora somos los que vamos a decidir qué sucede aquí¨.

Manifestaciones en Puerto Rico continúan al son de tambores con Bomba y Plena.

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