Negocios

Mientras muchos negocios se hunden, otros se reinventan y gozan de una buena racha

La semana pasada Yanet Alfonso vendió 15 pudines y una cantidad tal de papas rellenas que no se atreve a contarlas.

Su pequeño negocio de repostería y comida para fiestas ha tenido un gran crecimiento durante la pandemia del coronavirus, y en especial su cuenta de Instagram, a la que sube las fotos de los imaginativos cakes que hace y los cientos de pastelitos, pizzas y tamales que le piden para las reuniones en familia.

“Yo pensaba que me iba a afectar mucho el negocio, las primeras semanas estuvo muy flojo, pero después la gente se desató a comprar, y el que prueba algo, luego vuelve y pide”, dijo Alfonso, que hace cinco años abrió El Palatino, un negocio que funciona desde el garaje de su casa y que nombró como su restaurante favorito en su natal Cienfuegos, una ciudad de la costa sur de Cuba.

“A partir del viernes y hasta el lunes tengo nueve cakes encargados y todos los fines de semana han sido así”, contó la empresaria, indicando que como no se permiten hacer reuniones de más de 10 personas, muchos celebran en sus casas, con un grupo reducido de familiares y amigos.

Cocinar para muchos es una habilidad que a Alfonso, de 40 años, se le da muy bien, porque tiene una familia grande que le gustaba reunirse y cocinar desde Cuba, y que aquí ha convertido su casa en el centro de todas las fiestas señaladas, en la que se reúnen a disfrutar de la comida y la compañía hasta 30 primos y tíos.

Alfonso hizo su primer cake en Miami para celebrar el cumpleaños de su papá hace más de una década. Eligió darle la forma de una caja de herramientas porque esta es una de las pasiones de su papá. Después comenzó a tomar tutoriales de YouTube para hacer cakes cada vez más sofisticados.

Yanet Alfonso prepara un cake con el tema del coronavirus, una de las órdenes que ha recibido en un momento que su negocio florece.
Yanet Alfonso prepara un cake con el tema del coronavirus, una de las órdenes que ha recibido en un momento que su negocio florece.

En la actualidad, El Palatino ya cuenta con una buena colección de cakes de todo tipo, incluyendo los más elaborados para bodas y Quinces, que como ella resalta, tienen la ventaja de que no son solo para las fotos, sino que se pueden disfrutar muy bien por su sabor y calidad.

Ella hace una panetela suave y un merengue casero con almíbar, típico de la repostería de las abuelas, y también otra variante, la crema Chantilly, que usa además para los “merenguitos”, un postre que también le encargan para las fiestas.

A juzgar por las tortas que Alfonso presenta en su cuenta de Instagram, el coronavirus ha despertado la creatividad y el humor en muchas personas, que se refleja en cakes como el que le pidieron para celebrar los 18 años de una chica.

Era una nevera llena de botellas de cerveza Corona, cubiertas con nasobucos. Debajo del letrero de Corona, las botellas llevan el de “virus”, que cuando se lee de corrido deja clarito que se está hablando de la pandemia que tantos cambios ha provocado en el mundo.

Cuando estalló la escasez de papel sanitario en los mercados, Alfonso decidió sorprender a una amiga enviándole un cake en forma de “oro blanco”, como se le llama en broma en las redes sociales a este artículo de primera necesidad que se convirtió en objeto de lujo cuando las personas comenzaron a acapararlo.

Aunque este cake era un regalo, otras tortas más complicadas como la nevera de “Corona virus”, cuestan alrededor de $120, dijo Alfonso explicando que muchas de las imágenes que usa se imprimen en láminas de azúcar con una impresora cuya tinta es comestible.

“Para el 15 de mayo me mandaron a hacer un cake que es como un cisne, con las plumas de chocolate. Es un nuevo reto”, dijo Alfonso, que cocina con la ayuda de su mamá y no deja que nadie entre a su casa, cumpliendo con todas las precauciones que se recomiendan para evitar el contagio.

Reinventarse para salvar empleos

Si hay algo en que coinciden la mayoría de los negocios que han podido mantenerse activos durante el coronavirus, es que sería mucho más difícil empezar de cero después de la pandemia.

Para ellos la respuesta ha sido seguir operando, establecer nuevas estrategias y reinventarse, ofreciendo lo que las personas necesitan en esta dura temporada. También algunos han luchado por mantener en plantilla a sus empleados, aunque a veces las ganancias que están obteniendo no cubren ni siquiera los costos.

“Hemos tratado de mantener el plantel de empleados, pero recortamos horario y el salario de todos a la mitad, ya que no sabíamos cuándo íbamos a retomar”, dijo Alejandro Etayo, codueño de Marfish, una compañía de distribución de pescados y mariscos en Doral que no quiere perder a sus cuatro empleados a tiempo completo, aunque sí tuvo que despedir a una persona que trabajaba a medio tiempo.

La compañía vende una variedad de productos congelados y frescos, con especialidad en los moluscos que vienen principalmente del estado de Washington y de Vancouver, en Canadá.

Pero el 16 de marzo cerraron los restaurantes del sur de la Florida para respetar las reglas de distanciamiento social y evitar el contagio del coronavirus.

Este fue un duro golpe para el negocio, dijo Etayo, que perdió el 85 por ciento de sus clientes, restaurantes de mantel blanco, que no estaban preparados para servir inmediatamente take out.

Este fue el momento que Etayo tomó para reinventar su negocio, que hasta ese momento había hecho muy pocas ventas al por menor, porque, como él reconoce, “las cosas cambian cuando se pasa del mayoreo al particular”.

Decidió entonces empezar por vender a amigos y conocidos, enviándoles todas las semanas por mensajes de texto o correo electrónico una lista de los productos disponibles de Marfish. Estas personas a su vez comparten la lista en sus cuentas de redes sociales o la envían a otros amigos.

“Hemos tenido que darnos a conocer, y poco a poco ha ido creciendo. No llega al nivel que teníamos [antes del coronavirus], seguimos perdiendo dinero y creo que demoraría un tiempo llegar a un nivel para cubrir gastos”, dijo Etayo, quien se sumó como socio de su padrastro, Néstor Romeo, en el 2002, dos años después que este fundara Marfish.

Aun así el negocio ha conseguido su propósito de seguir operando, aunque de manera diferente. Antes las órdenes se ponían el día anterior y los empleados empezaban muy temprano para tenerlo todo listo. Ahora Etayo se pasa todo el día en el teléfono tomando órdenes y coordinando con clientes.

“Ya desde esta semana hemos retomado la compra de productos frescos del Atlántico norte. Viene el pedido en un camión desde Boston y nos traen productos de Maine y Massachusetts”, explicó Etayo, indicando que hasta ahora estaban tomando el inventario de productos que congelaron al principio del cierre de los restaurantes.

Alejandro Etayo, codueño de Marfish, con los empleados Héctor Cebrian Varela y Raúl Muria, en el almacén de la compañía en Doral.
Alejandro Etayo, codueño de Marfish, con los empleados Héctor Cebrian Varela y Raúl Muria, en el almacén de la compañía en Doral. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Ahora, la nueva etapa del negocio incluye seguir al pie de la letra las medidas de seguridad usando guantes y mascarilla o nasobuco.

“Todo se ha hecho más impersonal porque nadie puede entrar a la oficina, los pedidos se entregan en la puerta con una bolsa y los choferes no pueden entrar a las casas”, describió Etayo.

Al mismo tiempo reconoció que están funcionando con las reservas de dinero de la compañía, porque no ha obtenido ninguno de los préstamos que solicitaron, entre estos, el Paycheck Protection Program (PPP), un programa que es parte del estímulo federal que ayuda a los pequeños negocios a seguir pagándoles a sus empleados.

También solicitaron el Préstamo de Emergencia para Pequeños Negocios de la Florida, pero nunca recibieron respuesta, precisó Etayo.

Por suerte, tienen a su favor que el dueño del lugar donde se encuentra Marfish les redujo el alquiler.

Aun así, la parte financiera también pudiera verse afectada cuando se permita la reapertura de los negocios, ya que Etayo tomó la decisión de no presionar a los clientes con el dinero que debían de compras anteriores, y es posible que muchos no puedan volver a abrir después del impacto económico del coronavirus.

“Creo que esa sería la preocupación principal, que esa deuda que tienen con nosotros la vamos a perder”, dijo el empresario.

Etayo considera que el retorno de los negocios a la nueva normalidad debe ser una decisión de salud, y señala que para negocios como el suyo sería muy perjudicial abrir y tener que volver a cerrar porque las pérdidas serían muy grandes.

El se siente listo para reabrir, aunque prevé muchos retos, entre ellos el aumento de los precios de los pescados y mariscos por el desabastecimiento.

Para ordenar comida y repostería en El Palatino: 786-709-6793.

Para ordenar pescados y mariscos en Marfish: 305-725-4761 .

Esta historia fue publicada originalmente el 5 de mayo de 2020, 6:00 a. m. with the headline "Mientras muchos negocios se hunden, otros se reinventan y gozan de una buena racha."

Sigue más reportes de Noticias sobre coronavirus

Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA