En medio de conversaciones entre Estados Unidos y Cuba, exiliados evalúan regresar
Resumen generado por IA y revisado por nuestra redacción.
- Los residentes de Miami exigen claridad sobre qué aspectos son innegociables en cualquier negociación con las autoridades cubanas.
- La comunidad espera una hoja de ruta concreta para una transición política que incluya garantías para libertades civiles y elecciones libres.
- Hay una urgencia por medidas tangibles para ayudar a la población en la isla, enfocadas en la asistencia humanitaria y el apoyo a la sociedad civil.
Han pasado décadas desde que la primera oleada de exiliados cubanos huyó del comunismo hacia el sur de Florida, pero mientras las negociaciones entre la administración Trump y Cuba sobre posibles cambios en la isla acaparan los titulares, el anhelo en Miami de ver una Cuba libre se mantiene tan fuerte como siempre.
Ebelio salió de La Habana en 1980, sin imaginar la vida que construiría desde cero en Hialeah — con una esposa y seis hijos, cuatro de los cuales se hicieron médicos. Ahora, 46 años después, dice que espera que si cambian las condiciones y mejora la economía cubana, pueda regresar a la isla.
A sus 67 años, un motivo en particular impulsa ese deseo.
“Quiero volver y morir en La Habana”, dijo Ebelio. “Anhelo sentir la cálida bienvenida de mi gente. Quiero reunirme con mi hermana y mis primos, y quiero volver a caminar por las calles de La Habana.”
Ebelio, quien pidió ser identificado solo por su primer nombre, dijo que dejó atrás la casa de sus padres en La Habana, donde vive su única hermana. En sus cuatro décadas viviendo en Estados Unidos, aseguró que a menudo ha sentido que no pertenece realmente al país — incluso viviendo en Hialeah, la ciudad estadounidense más cubana— aunque reconoce las oportunidades que le brindó para criar a una familia y forjar una vida digna.
Desde el triunfo de la revolución castrista en 1959, los cubanos han abandonado la isla en oleadas: unos legalmente, otros arriesgando la vida en botes y balsas, o tratando de cruzar fronteras por Centroamérica. Muchos de los recién llegados, sobre todo en las últimas décadas, aún tienen familia en la isla.
Cómo ven los cubanoamericanos del sur de Florida las negociaciones en curso de Trump depende de muchos factores, entre ellos cuánto tiempo han vivido en EE.UU. y si todavía tienen familiares en Cuba.
¿Dos semanas?
Las reacciones entre los cubanoamericanos del sur de Florida ante la posibilidad de cambios importantes en Cuba — el presidente Donald Trump sugirió el viernes que podrían ocurrir en tan solo dos semanas — van desde el optimismo prudente hasta la disposición a participar activamente en la transformación de la isla.
Muchos cubanos entrevistados por el Miami Herald y el Nuevo Herald imaginan contribuir a la reconstrucción de Cuba y aportar la experiencia que adquirieron viviendo en el extranjero, muchos desde la adolescencia. Otros desean regresar a establecerse en la isla cuando consideren que existen las condiciones adecuadas, condiciones que varían para cada persona según su historia personal y su estatus migratorio.
Las redes sociales han fomentado una relación más cercana entre los cubanos de la isla y los que viven en el exterior, lo que ha resultado en una mayor comprensión de las penurias de la población, que incluyen apagones diarios de 20 horas o más, una crisis de salud pública y la desnutrición que afecta con mayor severidad a niños y ancianos.
“Si hay un cambio, yo regreso de voluntaria”, dijo Sisi Colomina, 59 años, graduada universitaria que trabaja para una empresa de servicios de catering. “Si me sacrifico aquí y doy mi esfuerzo, ¿cómo no hacerlo allí, donde hacen falta más manos? Quiero ser parte de ese cambio.”
Colomina, ciudadana estadounidense que vive en Miami desde hace ocho años, dijo que se mantiene en contacto frecuente con Cuba porque su madre de 80 años vive allí.
Conoce bien la crisis económica que azota la isla, donde montones de basura se pudren a la vista en las calles, hay cirugías en espera y la falta de combustible ha forzado a la gente a volver a condiciones del siglo XIX y cocinar con leña.
“La mayoría de los cubanos están como en terapia intensiva. Requieren todo tipo de ayuda, incluida asistencia psicológica, porque nadie puede estar bien tras tanto tiempo en situación de supervivencia”, dijo Colomina.
Cambios graduales
La razón por la que muchos cubanoamericanos esperan que pueda darse un cambio en Cuba tras tantas décadas es la atención que la isla está recibiendo por parte de la administración Trump.
Tras la captura del autócrata venezolano Nicolás Maduro en Caracas a principios de este año por parte de las fuerzas estadounidenses, la administración concentró su atención en Cuba. En poco tiempo, Estados Unidos puso fin a envíos vitales de petróleo desde Venezuela a la isla y luego amenazó con aranceles a México, lo que también terminó con los envíos de combustible mexicano a Cuba.
La economía cubana, ya inmersa en una crisis existencial, entró en caída libre. Funcionarios de la administración Trump aprovecharon la oportunidad para iniciar negociaciones, enfocándose en el nieto de Raúl Castro, a quien consideran tal vez con suficiente influencia para lograr que La Habana implemente reformas de mercado a cambio del alivio de sanciones estadounidenses.
El secretario de Estado Marco Rubio, cubanoamericano de West Miami, ha liderado esos esfuerzos.
Tras el encuentro de funcionarios del Departamento de Estado con el nieto de Castro, Raúl Rodríguez Castro, al margen de la conferencia anual de líderes del Caribe de CARICOM en Saint Kitts y Nevis la semana pasada, Rubio dijo que Estados Unidos entiende que los cambios pueden ser graduales.
“Cuba necesita cambiar”, dijo Rubio a los líderes caribeños. “Y no tiene que cambiar todo de golpe. No tiene que cambiar de la noche a la mañana. Somos todos maduros y realistas.”
Del escepticismo a la confianza
Durante décadas, muchos exiliados cubanos vieron cualquier intento de acercamiento entre Estados Unidos y Cuba con profunda desconfianza. En el pasado, quienes dialogaban con el gobierno cubano — incluso para asegurar la liberación de presos políticos — fueron a menudo tildados de “dialogueros”, una etiqueta con fuerte connotación peyorativa dentro de la comunidad de exiliados.
La frustración ha perdurado ante lo que consideran una estrategia del gobierno cubano de buscar concesiones sin compromisos significativos — una dinámica que, según muchos, minó la apertura de la era Obama que restableció relaciones diplomáticas entre ambos países. No obstante, las conversaciones actuales con representantes del gobierno cubano han resonado de otra manera, en gran parte porque el principal negociador por Estados Unidos es Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos que creció en Miami y que goza de amplia credibilidad dentro de la comunidad de exiliados.
Reflejando la esperanza de una transición cuidadosa, el empresario cubanoamericano Yurek Vázquez, quien vive en Miami, apoya un proceso modelado a la manera de Venezuela.
Tras la captura de Maduro, su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, fue nombrada presidenta interina. Trump ha elogiado su liderazgo en la apertura de la industria petrolera del país a Estados Unidos. Venezuela también ha dado pasos para liberar presos políticos y disidentes, y el viernes ambos países anunciaron la restauración de relaciones diplomáticas.
“Tengo una tremenda confianza en cómo Trump y Marco Rubio están manejando estas negociaciones”, dijo Vázquez, de 49 años, quien llegó a Estados Unidos en 1991 a los 14 años.
Vázquez agregó que ahora piensa “como un estadounidense” y ve la intervención militar en Cuba — antes considerada por muchos exiliados como la única vía para librar a la isla del régimen comunista — solo como último recurso.
Vázquez afirmó que el “dolor” impide a muchos exiliados ver la necesidad de negociar con el actual gobierno socialista: “Tenemos que repensar la estrategia. ¿Queremos venganza o queremos cambio?”
Algunos cubanoamericanos tienen poca esperanza de que, aun con las negociaciones con Estados Unidos, la libertad y la democracia regresen a Cuba. No obstante, algunos dicen que regresarían si las cosas cambian lo suficiente.
“Nunca hemos vivido en democracia o libertad, pero si las negociaciones traen mejoras económicas que nos permitan ir al supermercado, conseguir comida y comprarla con nuestro propio dinero, eso sería suficiente para que yo regresara”, dijo Jacqueline Ventura, 47 años, residente permanente, que lleva cinco años en Estados Unidos.
Originaria de la provincia occidental de Matanzas, Ventura no está satisfecha con su vida en Miami.
“No soy feliz aquí. Mi marido sigue allá y no puedo traerlo”, dijo, señalando que el intento de reencontrarse con su esposo en Estados Unidos está en pausa debido a cambios de la administración Trump que han restringido drásticamente la inmigración desde Cuba. “Mi familia está allá. Estoy ahorrando para comprar una casa más grande y poder reencontrarnos.”
Ventura, quien obtuvo su tarjeta de residencia bajo la administración Biden después de entrar al país por la frontera con México, dice que siente que no tiene vida en Estados Unidos.
“Trabajo 24 horas al día, siete días a la semana como cuidadora de ancianos, ganando $5 la hora, y no tengo nada. No siento que pertenezco aquí. El sistema no nos quiere”, dijo. “Si Cuba viera alguna vez mejoras económicas como las de Venezuela, me iría en un abrir y cerrar de ojos.”
Ventura añadió que su decisión de regresar a Cuba no sería por democracia o libertad. “Los cubanos no saben lo que es eso”, dijo. “Solo quiero comida en los supermercados cubanos, pero hoy eso es imposible. Si no enviamos dinero desde el extranjero y comida a nuestros parientes, apenas sobreviven.”
La historia de Ventura refleja las dificultades que muchos inmigrantes cubanos enfrentan para construir una vida estable en Estados Unidos debido al alto costo de vida en el sur de la Florida y la presión constante de mantener a la familia en la patria.
En medio del debate más amplio sobre el futuro de Cuba y de cómo eventos internacionales — desde las conversaciones de EE. UU. con La Habana hasta conflictos regionales en Medio Oriente — moldean opiniones en la comunidad de exiliados, no todos son optimistas sobre la posibilidad de cambio.
Rosa, otra mujer de Matanzas que llegó a Homestead hace dos años y medio y pidió ser identificada solo por su primer nombre por la seguridad de su familia en Cuba, expresó escepticismo sobre las perspectivas de un cambio significativo en la isla. Aunque en su momento esperó que llegara el cambio, los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y las tensiones globales en desarrollo han reforzado sus dudas.
“Aunque se hable mucho sobre negociaciones entre Estados Unidos y Cuba, los apagones continúan, las necesidades en la isla persisten, la gente sigue sufriendo y nada mejora; nada cambia realmente”, dijo.
Rosa, de 48 años, quien en Cuba era economista, trabaja en como cocinera en la ciudad de Hollywood, mientras mantiene a sus hermanos en la isla.
Ella dijo que estaría dispuesta a volver a Cuba si tuviera una economía próspera. Pero por ahora su prioridad es mantener a salvo a sus seres queridos, enviarles comida, medicinas y dinero para comprar lo que todavía esté disponible en Matanzas.
“La gente ha estado sufriendo por mucho tiempo, pero lo que ocurre ahora con las enfermedades, la falta de alimentos y la ausencia de gasolina es peor que nunca”, dijo. “Cuba es invivible. A veces paso días sin hablar con mi familia, la luz se va constantemente y no hay forma de comunicarse.”
Sus hermanos, añadió, están “demacrados”, a pesar del dinero y la comida que les envía casi todos los meses.
Deshacerse de los generales
José Azze, residente de Hialeah quien emigró de Cuba en 1971 teniendo siete años, mantiene lazos muy fuertes con sus parientes en la isla. Él espera cambios en la isla, pero mira el futuro con cautela.
“Tienen que deshacerse de todos los generales”, dijo Azze, expresando su convicción de que eliminar o capturar al presidente designado de Cuba, Miguel Díaz-Canel, a quien describió como “solo una marioneta”, no cambiaría por sí solo la estructura fundamental de control en Cuba.
“La gente verá cambios inmediatos si se deshacen de los militares, porque tendrán electricidad y comida”, dijo Azze. “Pero reconstruir la infraestructura… eso tomará 20 años para volver a la normalidad.”
Azze, quien tiene 62 años, solía visitar Cuba casi todos los meses hasta que dejó de hacerlo en diciembre, principalmente por miedo a la propagación de enfermedades en la isla y por la falta de transporte. Sus parientes — graduados universitarios que viven en la ciudad oriental de Holguín — sobreviven con los $100 al mes que él y su familia les envían.
“La gente estaría feliz con 10 horas de electricidad al día, estaría feliz con arroz y frijoles, pero ni eso tienen”, dijo Azze.
Los no negociables
En cuanto a los términos de una transición en la isla, muchos cubanoamericanos tienen muy claros los tipos de concesiones que no pueden aceptarse.
Ileana Pérez Drago, arquitecta de 62 años, cree que miembros de la familia Castro, Díaz-Canel y altos funcionarios del gobierno no deberían tener ningún papel en una transición.
“Los Castro no pueden estar en la foto. Eso no es negociable”, dijo Pérez Drago, quien dejó Cuba hace 31 años y vive en Miami desde hace ocho. “Sí estoy de acuerdo en que funcionarios que puedan liderar una transición, como diplomáticos no involucrados en la represión, podrían ser incluidos.”
Ella dijo que la liberación de más de 1,200 presos políticos y de cualquier persona encarcelada por criticar al gobierno es otra condición innegociable
Para Pérez Drago, el cambio en Cuba no puede ser solo económico, debe ser también político. Afirmó que el Partido Comunista debe disolverse y que se debe permitir la formación de nuevos partidos políticos que conduzcan a elecciones libres — algo actualmente imposible bajo el sistema de partido único de Cuba, en el que no se permite la existencia de partidos de oposición genuinos.
“Tiene que haber una agenda clara, con fechas”, dijo, señalando que en Venezuela no se ha establecido un cronograma concreto para una transición a la democracia, una situación que cree no debe repetirse en Cuba. “Eso deja una incertidumbre muy grande, y Cuba, después de 67 años, no puede estar en esa bobería.”
Como arquitecta, también reconoce la necesidad de ayuda externa para reconstruir la infraestructura gravemente deteriorada de la isla.
“Hace falta una especie de Plan Marshall”, afirma, refiriéndose al esfuerzo estadounidense para ayudar a reconstruir Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial. “Pero cualquier cambio va a ser mucho, ya tener comida en el refrigerador, va a ser mucho para los cubanos”.
‘No se puede confiar en los comunistas’
Tony Haber, propietario de un negocio de licores en Miami, ve el potencial de cambio con cautela, enfatizando la importancia de las salvaguardas políticas junto con las reformas económicas.
Haber, de 52 años, quien llegó a Estados Unidos desde Cuba siendo adolescente, dijo que es importante que Estados Unidos presione por un cambio político.
“En los comunistas no se puede confiar. Su estrategia es alargar las cosas”, dijo, y añadió que cualquier reforma económica debería ir acompañada de elecciones libres supervisadas por Estados Unidos.
“Si solo hay una apertura económica, las mismas personas seguirán en el poder y se harán más ricas con el dinero de Estados Unidos”, dijo el empresario.
Cuba necesita una transición supervisada con salvaguardas legales para inversionistas como él, dijo, quienes podrían inyectar vida en una economía revitalizada.
Haber es copropietario de Ocean Cask Spirits, una compañía de licores que produce rones y tequilas.
“La idea es que una empresa como la mía podría crear empleos en la isla”, dijo.
Si bien muchos exiliados ansían regresar, con planes de ser voluntarios o ayudar a crear empleo, todos se aferran a la esperanza por Cuba, matizada por décadas de penurias.
Mientras esperan un milagro — ya sea una intervención militar, un cambio de régimen o negociaciones hacia una economía reformada — continúan apoyando a sus familias en la isla, que están sufriendo lo que describen como las peores condiciones en los 67 años del régimen, una realidad que con el tiempo se ha vuelto cada vez más desesperada.
“Los cubanos sobreviven con lo que familias en el extranjero, como la mía y muchas otras, les envían cada mes”, dijo Ebelio, el hombre que anhela morir en La Habana. “Apenas se mantienen. Si no reciben comida, no sobrevivirán.”
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2026, 0:11 p. m..