Feria del libro de Miami: Escritores hispanos marcan pauta
Con una corona de cartón salpicada de brillantina sobre su cabeza que lo identificaba como miembro de la “Realeza de la lectura”, Harigopal Cante recorría risueño los puestos de exhibición de la Feria del Libro de Miami. Sin saberlo, a sus tres añitos también encarnaba el futuro de los libros –y de la propia feria.
“Como ahora todo el interés desde chiquitos es estar pegados a las pantallas de los teléfonos y las computadoras, es importante que vea que los libros son parte del conocimiento de la humanidad”, comentó su padre, Juan Cante, guatemalteco de 34 años. “El libro ayuda a descubrir el lenguaje. Hay que inculcarle la lectura”.
Ese amor y valoración por los libros –y por la función social que han desempeñado desde tiempos inmemoriales–, es el patrimonio común que hilvanó las vidas de quienes se entretejieron en el gran tapiz de asistentes a la Feria organizada por Miami Dade College, cuya trigésima tercera edición concluyó el domingo con broche de oro.
“La Feria es un bello regalo a la ciudad que ha trascendido los límites de Miami”, afirmó Eduardo Padrón, presidente del recinto académico.
El evento insignia de la cultura acontece en momentos en que la producción literaria en español en la metrópolis floridana es bastante fértil, pese a la consolidación de las grandes casas editoriales y el avance implacable de las plataformas digitales que se vienen adueñando de la palabra escrita. Este contingente de autores, de diversos géneros y orígenes, está ávido por publicar sus obras y encontrar espacios para su divulgación.
Ochenta creadores de las letras se agruparon bajo la égida del capítulo miamense de la Asociación Internacional de Poetas y Escritores Hispanos (AIPEH), de cuya caseta en la Feria colgaban ondulantes banderas latinoamericanas.
Juan D. Hernández, colombiano de 28 años, dirige el gremio local. “Se está haciendo un filtro de toda la dispersión literaria en Miami con respecto a la literatura hispánica –explicó el escritor–. Hay muchos autores con materiales que no saben qué puertas tocar. Para ellos hemos creado un espacio donde puedan mostrar sus trabajos, conocer los de sus colegas y trabajar en pro de la madurez literaria”.
En días venideros, organizarán un taller para sus miembros sobre el uso efectivo de las redes sociales como medios de promoción de sus creaciones, y en el tintero remoja la idea de forjar un convenio con un sello editorial norteamericano para traducir algunas obras al inglés. El problema, especificó, es la distribución y falta de puntos de venta.
Pero un puñado de pequeñas editoriales locales, dirigidas por devotos de las letras, manan como bastiones de la palabra escrita en español. “Están marcando la pauta de lo que se está produciendo en este pueblo”, destacó José Abreu Felippe, narrador y dramaturgo cubano, al citar como ejemplos Neo Club Press, Editorial Silueta y Alexandria Library.
El editor de Alexandria, Modesto “Kiko” Arocha, elaboró al respecto: “La gente quiere escribir. Parece que es un fenómeno de los inmigrantes. Quieren dejar a sus hijos y nietos la vida que tuvieron en sus países. Muchos son libros de memorias. En parte, gracias a la tecnología es más fácil, tanto para la concepción del libro como para luego venderlo por internet y que llegue a todas partes”.
Los obstáculos, empero, son altos y espinosos, especialmente para los autores emergentes. Maya Islas, laureada poetiza cubana radicada en Nueva Jersey, presentó el domingo La divinidad que devora, una recopilación de cuatro poemarios, cuyos orígenes se remontan a una viaje suyo, en 1990, a Machu Picchu.
La posibilidad de publicar para un autor novato, observó, “sigue siendo muy difícil porque necesita tener el respaldo moral y económico de alguien que vea su talento y quiera ayudarlo. Porque hasta que no se publique y la gente no lo lea, ¿cómo poder saber que su trabajo tiene valor?”
Descubrirlos –si han ido a imprenta–, es precisamente una de las motivaciones que atrajo a la Feria a Ulises Hernández, un lector compulsivo y contratista de construcción, junto a su hija de 9 años, Camila.
“No es solamente el amor al objeto, sino a la sabiduría que posee, y la posibilidad de volver a tocarla y hacerla parte de ti”, expresó, dejando también en manos de Camila la responsabilidad de resguardarla en el horizonte del tiempo.
Siga a Daniel Shoer Roth en Twitter @danielshoerroth
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de noviembre de 2016, 8:01 p. m. with the headline "Feria del libro de Miami: Escritores hispanos marcan pauta."