Sur de la Florida

Número de muertes de menores por armas de fuego se dispara en Florida

R.J. Gaines, de tres años, se disparó a sí mismo accidentalmente en la Navidad del 2014 en Tallahassee, el mismo día que le hicieron esta foto.
R.J. Gaines, de tres años, se disparó a sí mismo accidentalmente en la Navidad del 2014 en Tallahassee, el mismo día que le hicieron esta foto. Courtesy of Shantel Taylor

Acurrucados en la caseta de un patio trasero en Sulphur Springs, los cuatro chicos examinaron su tesoro: una pistola calibre 0.38, tan bien diseñada que parecía un juguete futurista.

Uno de los chicos se la había robado a su tío. Ellos creían que estaba descargada, así que se la pasaron de mano en mano, apuntándose unos a otros como en las películas, hasta que se disparó. La bala abrió un agujero en el cuello de Ikeim Boswell.

Ikeim murió esa noche, 14 de marzo del 2015, en Tampa General Hospital. Tenía 16 años.

Las heridas de armas de fuego son un problema creciente para los menores de edad en la Florida, un problema que aumenta de manera directamente proporcional a la creciente disponibilidad de armas de fuego en el estado, concluyó el Tampa Bay Times.

Para determinar cuántos chicos reciben heridas de bala cada año —ya sea de manera accidental, intencional, o mientras se está cometiendo un delito— el Times examinó millones de registros de alta de hospitales para pacientes en toda la Florida, así como datos recogidos por los 24 médicos forenses del estado.

El análisis concluyó que entre el 2010 y el 2015, casi 3,200 chicos de 17 para abajo habían sido muertos o heridos por armas de fuego. Dicho de otra manera: en la Florida un menor recibió un disparo como promedio cada 17 horas.

Del 2010 al 2015, el número de chicos muertos en incidentes relacionados con armas de fuego aumentó en casi un 20 por ciento. Las heridas de armas de fuego aumentaron en un 26 por ciento sólo en el período del 2014 al 2015.

“Ese es un aumento extremadamente rápido”, dijo el doctor Garen J. Wintemute, quien dirige el Programa de Investigación para la Prevención de la Violencia (Violence Prevention Research Program) de la Escuela Davis de Medicina en la Universidad de California.

Las armas de fuego han causado la muerte de 475 menores a lo largo de ese período de seis años. Un poco menos que el cáncer, pero muchos más que las enfermedades cardiovasculares, infecciosas y respiratorias.

Mientras tanto, hospitales de todo el estado facturaron más de $100 millones por heridas pediátricas de armas de fuego. Más de $75 millones de esa cifra fueron facturados a aseguradoras subsidiadas con fondos públicos tales como Medicaid o Florida KidCare.

Pero, si se le preguntan a agencias policiales del estado si saben cuántos menores reciben heridas de bala cada año, ellos no saben. El Departamento de Salud de la Florida cuenta con una campaña a nivel estatal para reducir las muertes por ahogamiento, pero no hay nada destinado a reducir el número de incidentes de arma de fuego relacionados con menores, en los cuales muere aproximadamente el mismo número de chicos de 17 años o menos.

“Estamos sufriendo una epidemia”, dijo el doctor Leopoldo Malvezzi, director de traumatología del Nicklaus Children’s Hospital en Miami. “Y nadie está haciendo nada para evitarlo”.

Esto sucede en grandes ciudades como Miami lo mismo que en ciudades pequeñas como Marianna, en todos los grupos de raza e ingresos. Los chicos llegan a la sala de emergencia con heridas de bala en la cabeza, el pecho, el estómago. Otros nunca llegan al hospital. Mueren en el mismo lugar en el que les disparan.

Alrededor del 80 por ciento de los menores heridos de bala entre el 2010 y el 2015 fueron adolescentes, concluyó el análisis del Times. Pero algunos eran mucho menores. Casi 30 niños de menos de 5 años fueron a parar al hospital cada año a causa de heridas de arma de fuego.

La mayoría de los heridos o muertos eran varones. Una cantidad desproporcionada –aproximadamente dos tercios– eran de raza negra. Los varones negros tenían el doble de probabilidades de recibir heridas de bala que los blancos en el 2015, concluyó el análisis.

En los datos de los hospitales, la mayoría de los casos fueron categorizados como accidentes, asaltos o daños a sí mismos.

Los accidentes representaron alrededor del 45 por ciento del total de incidentes, y fueron por un gran margen la categoría de más rápido crecimiento, con un aumento de casi el 50 por ciento entre el 2010 y el 2015.

Los datos de los hospitales no dieron detalles sobre las circunstancias que rodearon a estos incidentes. Pero investigaciones del grupo de activismo Everytown for Gun Safety (Todos los Pueblos por Seguridad contra las Armas de Fuego) muestran que los incidentes de disparos no intencionales relacionados con menores pasan a menudo en el hogar o en casa de un amigo o familiar. Los niños más pequeños tienden a dispararse a sí mismos. Los de más edad reciben a menudo disparos de otros.

Eso fue lo que ocurrió a Lavardo Denashe Fisher II.

El chico de 13 años, quien se hacía llamar El’jay, estaba jugando juegos de video en casa de un familiar suyo en Orlando en febrero del 2016 cuando recibió un disparo en la parte posterior de la cabeza. Su primo había estado jugando con un arma de fuego en una patineta y disparó el arma por error.

Los asaltos representan otro 45 por ciento de los incidentes, concluyó el análisis del Times. Esos incidentes tenían más probabilidades de ser fatales que los accidentes.

Marion Hammer, la principal cabildera de la Asociación Nacional del Rifle en la Florida, considera que el número de asaltos es más grande de lo que reflejan los datos de los hospitales, y por tanto son más atribuibles a una conducta criminal.

“Muchos de estos casos son pandilleros disparándose unos a otros”, dijo.

Una razón posible del creciente número de accidentes con arma de fuego es que el número de armas de fuego está aumentando.

La venta legal de armas de fuego está en aumento. Las verificaciones de antecedentes penales, un requisito para la compra de armas de fuego de manos de vendedores de arma de fuegos, aumentó en un 66 por ciento entre el 2010 y el 2015, de acuerdo con el Departamento de Policía de la Florida. El número de personas con permiso de portación de armas ocultas durante ese período aumentó en casi el doble, de 739,222 a 1.4 millones, lo cual es mucho más rápido que el crecimiento de la población.

Eso no tiene en cuenta el posible aumento de armas de fuego compradas a vendedores particulares o en ventas ilegales de arma de fuego, las cuales no son fáciles de rastrear.

Las investigaciones han reafirmado la existencia de una asociación estadísticamente significativa entre la disponibilidad de las armas de fuego y las tasas de muertes no intencionales por disparo de armas de fuego, los homicidios con armas de fuego y los suicidios con armas de fuego entre los menores de edad. En pocas palabras: mientras más armas de fuego, más chicos se dispararán a sí mismos o a otros.

Aparte de eso, algunos expertos consideran que cambios en la sociedad están impulsando a más personas a guardar armas de fuego al alcance de la mano, lo cual aumenta aún más su disponibilidad para los menores.

“La gente ha sido convencida de dos cosas”, dijo Daniel Webster, director del Centro de Política e Investigación de las Armas de Fuego en la Universidad Johns Hopkins. “De que están en peligro en todo momento, lo cual no es cierto, y que podrán sobreponerse a ese peligro siempre y cuando tengan a mano un arma de fuego cargada”.

Eso cambia el modo en que las personas guardan sus armas de fuego, afirmó. Las personas que tienen armas de fuego para la defensa propia a menudo no las mantienen bajo llave o separadas de las municiones. Ellos quieren tenerlas accesibles en caso de una emergencia.

El resultado, no obstante, es que los menores de edad en el hogar están corriendo más peligro que nunca.

La Asociación Nacional del Rifle, la cual cuenta con un gran poder en la política a nivel estatal tanto como nacional, afirma que la mejor manera de evitar que los niños sufran daños de armas de fuego es enseñarles lo que tienen que hacer si se encuentran con una.

En el centro de este esfuerzo está el programa Eddie Eagle GunSafe, desarrollado por un equipo de psicólogos y educadores en 1988. Eddie, un personaje ficticio, enseña a los chicos cuatro aspectos de la seguridad de las armas de fuego: ¡Para! No toques. Corre. Díselo a un adulto.

Pero las investigaciones también muestran que las armas de fuego atraen a los menores, y enseñarles a mantenerse alejados de las mismas no quiere decir necesariamente que ellos harán caso.

La investigadora del Times Caryn Baird contribuyó a este reportaje.

Escriba a Kathleen McGrory al kmcgrory @tampabay.com o llámela al 727-893-8330. Sígala en @kmcgrory.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de marzo de 2017, 3:34 p. m. with the headline "Número de muertes de menores por armas de fuego se dispara en Florida."

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