¿Política, ignorancia o desinterés? Los cubanos de Miami no visitan su propio museo
La casona blanca al final de la arboleda de Coral Way, a la entrada de los Roads, ya alberga el museo cubano que estuvo presente varios años en los desvelos de muchos amantes del arte en Miami.
El condado de Miami-Dade puso $10 millones de los Bonos de Obligación General para que el museo sin paredes tuviera una sede. El arquitecto Raúl Rodríguez transformó el esqueleto de lo que había sido el edificio de la ópera de Miami y lo convirtió en una casa cubana tradicional, con un puntal altísimo y una escalera señorial.
El resultado es un espacio elegante, blanco, minimalista, perfecto para exponer arte, con un patio para celebrar veladas íntimas y una terraza con tremendas vistas del perfil del downtown de Miami y Brickell, ideal para tremendo fiestón.
El American Museum of the Cuban Diaspora abrió sus puertas a finales del 2016 con una exposición sobre la obra de Luis Cruz Azaceta, un artista cubanoamericano que reside en Nueva Orleans.
Aunque la inauguración oficial del museo no será hasta el 17 de mayo, en la actualidad presenta una excelente muestra, OF/BY/FOR, con instalaciones de Azaceta, José Bedia, María Brito, Florencio Gelabert, Jillian Mayer, Ernesto Oroza, César Trasobares y Juana Valdés. Esta se estrenó en diciembre durante Art Basel y ha recibido muy buenos comentarios de parte de la comunidad artística.
El nombre de la exhibición, que se inspira en las palabras de Abraham Lincoln de “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, puede ser un resumen de la misión del museo. Un arte de cubanos, hecho por cubanos y para cubanos con la aspiración de que sea admirado también por el resto de los residentes del sur de la Florida y de los turistas que lo visiten.
El museo lo tiene todo: un bello edificio, una muestra muy bien lograda por los propios artistas, nombres de peso, pero le falta el público. En una tarde de miércoles no está abierto. Solo lo abren los sábados de 12 a 8 p.m., y el domingo de 12 a 4 p.m. porque no hay presupuesto.
Tienen 4 empleados y necesitan 14 para funcionar a completa capacidad. Los gastos operacionales ascienden a $1.2 millones al año. Estos tendrían que dedicarse en parte a la seguridad de las salas, para cumplir con las regulaciones de la American Association of Museum y poder abrir todos los días.
¿Arte o polémica?
El 29 de septiembre el condado le asignó $550,000 en fondos al American Museum of the Cuban Diaspora, cantidad que todavía no han recibido porque este tipo de subsidio toma tiempo.
La polémica surgió porque algunos reclaman que ese poco más de medio millón fue restado de los $4 millones que recibe el Pérez Art Museum Miami (PAMM) para operar anualmente.
Por otra parte, al American Museum of the Cuban Diaspora le ha surgido competencia. Los impulsores de un proyecto de museo cubano, Cuban Exile History Museum, que solo existe en planos, buscan que el condado les alquile por $1 al año el terreno público detrás de la American Airlines Arena para construir el nuevo museo.
“Ese es un solo proyecto, una buena maqueta, y este museo ya existe”, dice Ileana Fuentes, directora fundadora del American Museum of the Cuban Diaspora, indicando que su propósito no es menospreciar el otro proyecto sino señalar que este museo tiene un historial.
Para aquellos que han llevado la polémica más lejos y cuestionan la existencia de un museo especializado en la historia y cultura de una comunidad, los responsables de American Museum of the Cuban Diaspora citan el éxito de instituciones con un perfil similar. El Museo del Barrio, en Nueva York, representa la actividad artística y cultural de los latinos en esa ciudad, con énfasis en la comunidad puertorriqueña. También señalan, por su labor con la comunidad mexicoamericana de California, el museo La Plaza de la Cultura y Artes, en Los Angeles.
American Museum of the Cuban Diaspora tiene una misión educativa más allá de las exposiciones de arte, que planea realizar con proyectos como Cuéntame tu vida, que unirá a ancianos con estudiantes de séptimo grado de Miami-Dade. Los primeros contarán su vida, y los niños la reinterpretarán en dibujos.
“Esto no es un museo de arte, es un museo de historia cultural del exilio. Su misión es resaltar los logros, vicisitudes, problemas y la realidad de los cubanos fuera de la isla”, aclara Fuentes.
Rosie Inguanzo, actriz y profesora, aplaude los esfuerzos del museo en este sentido. “Soy educadora, por lo que también apostaría a un buen programa educativo que fomente lazos con la comunidad y atraiga a los más jóvenes. La alta cultura no tiene por qué ser de minorías”.
Una nueva carga al machete
A la entrada espera al visitante una instalación de José Bedia, uno de los artistas más importantes de la prolífica generación de los 1980, que reside en Miami desde hace más de dos décadas. La pieza mayor, en la pared junto a la escalera, se titula Algo así... como una nueva carga al machete. El estilizado jinete cabalga sin montura –a pelo le dicen en Cuba– como lo hacían muchos mambises, principalmente los negros libertos, durante la Guerra de Independencia.
“La pieza quiere funcionar como un reclamo actual de limpieza y purificación”, dice Bedia en las palabras de presentación de la obra.
La catarsis lleva al espectador desde el siglo XIX hacia el presente en otra de las piezas de la instalación de Bedia, Si fuera a decir algo allí (2017), en la que el artista imagina lo que le diría a su hija si viajaran a la isla en un crucero. El Morro, la Plaza de la Revolución y otros edificios emblemáticos están acompañados por un texto que describe lo que ha sido el castrismo. Desde el “nosotros” cómplice habla del odio, las guerras en territorio extranjero, las carencias, todo en nombre de una ideología fracasada que “nos” obstinamos en mantener. Para concluir con la pregunta: ¿Qué diría el Apóstol?
En la siguiente habitación, la instalación de Gelabert, Sitio III, construida con basura, muebles viejos y materiales de desecho que el artista se fue encontrando en las calles de Nueva York, remite a La Habana en el contexto de esta exposición. O más específicamente a sus ruinas, a los solares yermos, a los huecos malolientes que, entre edificios, van delineando la ruta del caminante en lo que fue una ciudad esplendorosa.
Las instalaciones de María Brito, Seedlings y As of 24/03/07, exploran los experimentos con el ser humano. En medio de la galería, un cuartico con luces que cambian de intensidad y artefactos que aluden a experimentos macabros, se refieren a otras ruinas. Evocan al nazismo como el paradigma de los totalitarismos.
De la arquitectura en ruinas se pasa a la “arquitectura de la necesidad” de Ernesto Oroza. Su instalación, titulada Efficiency (after Papanek), une la idea de la tierra prometida del inmigrante, ese espacio reducido de vivienda, el efficiency, con la idea del mueble “eficiente”, con una utilidad, propugnada por el diseñador Victor Papanek.
El viaje por la Pequeña Habana, donde César Trasobares compró una casa en 1978, continúa en Barrio adentro. Algunas de las piezas exploran las “casitas”, los altares que los residentes dedican a imágenes religiosas en el jardín de su propiedad, o las ofrendas que van dejando al pie de la gran ceiba de Memorial Boulevard. Desde el 2013 Trasobares fotografía con el iPhone, durante sus paseos matinales, las ofrendas en la ceiba. Este es el material que constituye el minidocumental Árbol libre.
En el segundo piso del museo están las instalaciones de Azaceta y Jillian Mayer, que más que a un desplazamiento en el espacio son un viaje a la infancia. Swing Space, de Mayer, es un conjunto de columpios que invitan a balancearse en un parque cinemático en el que un “cielo” de imágenes refuerza el efecto de movimiento.
La instalación de Azaceta, In Transit, está compuesta por un universo de carritos y camiones que Fuentes describe como “un ejército de juguetes” que representan lo impredecible y peligrosa que pueda ser en muchas ocasiones la vida del inmigrante.
“Este show es una prueba de la tenacidad, la perseverancia y el genio de la diáspora”, dice Fuentes.
Planes del museo
La inauguración oficial del museo es el 17 de mayo con una exposición dedicada a Celia Cruz, Forever Celia, que recorrerá su vida y carrera musical. Incluirá algunos de los objetos expuestos en el museo Smithsonian de Historia Estadounidense en una exposición dedicada a la Guarachera de Cuba en el 2012, y otros reunidos especialmente para esta ocasión.
“Esta muestra va a tener algo más personal. Va a recrear la oficina que tenía en su casa, los premios, fotos con otros músicos y su mesa de maquillaje”, adelanta Fuentes, indicando que van a contar con la colaboración de la Fundación Celia Cruz y de su presidente, Omer Pardillo.
En la segunda planta se presentará una exposición dedicada a la historia de la Bacardí, de la compañía, sus bebidas y del aporte de la familia a la lucha por los derechos y la independencia de Cuba de España. Entre los documentos que planean exhibir está el periódico del día en que el gobierno de Fidel Castro nacionalizó las grandes empresas y bancos cubanos, el 13 de octubre de 1960.
En 2019 se cumplirán 60 años de la llegada de Castro al poder y por lo tanto el comienzo de la diáspora, lo que el museo documentará con la exposición Exodos, que va a recorrer las diferentes etapas y oleadas del exilio cubano.
Fuentes indica que el Museo no perdería su vigencia cuando cambie la situación política de Cuba en una futura democracia.
“La historia de la diáspora cubana –ahora somos dos millones– no desaparecerá. La historia de Cuba se desarrolla en varios lugares, en Cuba y en el mundo. Tenemos que tenerlo todo guardado para cuando llegue el momento [del cambio]”.
El museo se propone también recoger y mostrar los logros de empresarios, ingenieros, médicos, arquitectos cubanoamericanos. Para el 2019 preparan una exposición sobre los cubanos en Grandes Ligas del béisbol.
Un museo para todas las generaciones
Los responsables del museo se proponen que su oferta apele a todas las generaciones.
“Si hacemos una exposición sobre la música cubana y podemos traer a Pitbull, va a venir todo el mundo. Tanto el que está acabado de llegar de Cuba como el que lleva aquí mucho tiempo, como el que está de visita”, dice José Hidalgo, director de las galerías del museo.
“Todavía hay una noción de que este museo es solo del viejo exilio, pero aquí hay gente joven”, dice Carisa Perez-Fuentes, directora de comunicaciones y diseño, de 37 años, y nacida en Nueva Jersey.
“No es un museo congelado, ni solo para el exilio o los cubanos”, dice Fuentes.
También quieren atraer a los turistas, que tendrán más oportunidades para visitar el museo después de la apertura oficial, porque estará abiertos seis días a la semana.
Fuentes indica que los museos no pueden costearse solo con las ganancias por la entrada o por la membresía. Una institución de este tipo gasta $52 por cada persona que entra a sus galerías, según la American Association of Museum. Como promedio cada persona paga solo $8.
En el caso de American Museum of the Cuban Diaspora, la entrada cuesta $12 para adultos y $8 para los estudiantes.
“Es imprescindible para cualquier museo, y para este, que recién está abriendo sus puertas, que los cubanoamericanos triunfadores den un paso al frente, conozcan el museo y aporten a su funcionamiento, como se hace en todos los museos importantes de Estados Unidos”, apunta Fuentes.
En cuanto a la tarea de atraer más público, los seguidores del arte en Miami apuestan por el museo, a pesar de su juventud.
“Un museo necesita establecerse en la comunidad para lograr masa crítica”, dice Alfredo Triff, profesor del Miami Dade College y de Historia del Arte en la Universidad de Miami. “Si la comunidad percibiera la institución como un lugar novedoso que les toca directamente, la asistencia aumentaría. Creo que es necesario un programa audaz que incluya sectores claves de la comunidad para construir esa masa crítica e involucrar asistencia. Y claro, eso cuesta dinero, y el dinero responde al éxito”.
La exhibición OF/BY/FOR se extiende hasta el 11 de marzo. American Museum of the Cuban Diaspora, 1200 Coral Way, Miami, (305) 529-5400.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de febrero de 2018, 8:48 a. m. with the headline "¿Política, ignorancia o desinterés? Los cubanos de Miami no visitan su propio museo."