Sur de la Florida

Versailles celebró sus 50 años con una fiesta a la cubana, spanglish y precios de 1971

“El Versailles es un lugar para ver y dejarse ver. En su ventanita, los miamenses llevan 50 años arreglando el mundo mientras se entregan a una de sus actividades favoritas, tomar café. Al entrar, lo primero que hacen los visitantes es lanzar un paneo por las mesas para ver si hay algún conocido. Y el vuelo de reconocimiento no falla, siempre se encuentra alguien con quien conversar.

Como en tantas ocasiones en la historia de más de 60 años de su exilio en Miami, los cubanos se fueron para el Versailles el 10 de noviembre, la fecha en que el restaurante cumplía cinco décadas desde que Felipe Valls decidió abrir un lugar que tiene todos los antojos de pasteles, croquetas, vaca frita y bistec de palomilla con que sueñan los cubanos.

Lo bueno es que esta vez no protestaban por nada. El lado triste de la historia, que tantas veces lloraron y gritaron en el lugar, no estaba presente en la celebración. La fiesta del miércoles tuvo como plato fuerte un gran ahorro: el menú ofrecía la comida a los precios de 1971. Y eso es de alquilar balcones y sillas de extensión, porque, ¡Oh, My God!, cuánto ha subido el costo de la vida desde entonces.

“Oye, how are you?”, se escucha que dice alguien que estaba en la fiesta. Y por allá le contestan: “Bien, ¿y tú qué? Y ese corto saludo es la esencia del Versailles, una mezcla del inglés y el español, una muestra de cordialidad, que se dice con afecto sin ponerle mucha formalidad.

La celebración de los 50 años también fue un momento para que su fundador, Felipe Valls, recibiera el cariño de la familia, de las nietas que continúan su tradición, y para que Felipe Valls Jr., que lleva el peso de las operaciones del restaurante, recibiera una proclama de la ciudad de Miami de manos del alcalde Francis Suárez.

“Nos sentimos muy orgullosos del comienzo del Versailles, de los años que le hemos dedicado a mantener esa comida auténtica de la buena”, dijo Felipe Valls Jr. “Nos enorgullece que Versailles haya llegado a los que ha llegado, que lleve 50 años abierto, una meta que seguimos mejorando”.

Una bailarina al estilo Tropicana hace su número durante la fiesta por los 50 años del Versailles, el 10 de noviembre.
Una bailarina al estilo Tropicana hace su número durante la fiesta por los 50 años del Versailles, el 10 de noviembre. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Y la fiesta siguió con los altavoces tocando salsa, la voz de Willy Chirino, las bailarinas al estilo Tropicana y los bailadores, que venían por el café y la alegría, que para lo demás siempre hay tiempo.

Tantos recuerdos e imágenes en esos espejos

Hasta los espejos del gran salón del Versailles, el sello que dejó Juan Pérez-Cruz, un decorador con una pasión por el estilo francés y que además era tío del cantante Pitbull, conspiran para que la gente se multiplique.

En sus 50 años de vida, el Versailles y la idea de multitud han sido sinónimos en una ciudad en que la gente pasa mucho tiempo en sus autos, y que cuando quiere celebrar algo –o protestar– enfila esos mismos carros para el restaurante cubano de la Calle Ocho.

Felipe Valls Jr., sus hijas Nicole (izq.) y Luly Valls, brindan con Mojitos en el salón de los espejos del restaurante Versailles, que celebra 50 años como el restaurante cubano más popular de Miami, el 25 de agosto.
Felipe Valls Jr., sus hijas Nicole (izq.) y Luly Valls, brindan con Mojitos en el salón de los espejos del restaurante Versailles, que celebra 50 años como el restaurante cubano más popular de Miami, el 25 de agosto. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Si el Heat o los Marlins se anotan una victoria, en el Versailles suenan las pailas y las cucharas para unir la música con la alegría. También suben las pancartas y los gritos de “Libertad” si Cuba se ve en una de sus tantas encrucijadas, como ocurrió el pasado 11 de julio cuando los cubanos de Miami acamparon más de una semana en Versailles para apoyar a los de la isla, que salieron a las calles en las protestas más grandes de los últimos 60 años.

Por eso cuesta imaginar que el Versailles haya estado vacío y en silencio alguna vez. Pero eso fue lo que ocurrió cuando en marzo del 2020 el condado de Miami-Dade ordenó cerrar los restaurantes por la pandemia. Entonces la familia Valls, dueños del Versailles, llegaron a un acuerdo con Sedano’s y ubicaron a 400 empleados del restaurante y varias sucursales de La Carreta a trabajar en los supermercados, que vivían en este momento una buena racha porque casi todo en la ciudad estaba cerrado.

El alcalde de Miami, Francis Suárez, y los comisionados Manolo Reyes y Joe Carollo presentaron una proclama de la Ciudad al dueño del Versailles, Felipe Valls Jr., durante la fiesta de aniversario de las cinco décadas del restaurante, el 10 de noviembre.
El alcalde de Miami, Francis Suárez, y los comisionados Manolo Reyes y Joe Carollo presentaron una proclama de la Ciudad al dueño del Versailles, Felipe Valls Jr., durante la fiesta de aniversario de las cinco décadas del restaurante, el 10 de noviembre. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Fue tan triste ver el Versailles vacío. Lloramos todos, hasta los empleados, nos abrazamos”, rememora Nicole Valls, vicepresidenta de operaciones de Valls Group, que junto a sus hermanas Luly y Desirée, integran la tercera generación de la familia que opera el restaurante fundado por su abuelo Felipe Valls en 1971.

“Solo estábamos haciendo take out y yo entraba y era tan raro”, sigue contando Nicole sobre la época de la pandemia, de la que aun no se han recuperado del todo porque tienen escasez de empleados y se han visto forzados a adelantar la hora de cierre a medianoche entre semana y a la 1 de la mañana los viernes y sábados.

Cuesta imaginar que el Versailles tenga que dejar por un momento esa tradición de trasnoche que lo hizo favorito de varias generaciones de miamenses que salían del teatro o de la juerga en busca de croquetas o yuquitas con mojo de cilantro. Por ahí, en cualquier momento de esa comida tardía, puede saltar en el recuerdo la risa expansiva de Olga Guillot.

La cantante —santiaguera como Felipe Valls Sr.— era punto fijo en esas madrugadas de otra época en el Versailles, al igual que Israel López “Cachao”, que a veces pasaba después de tocar en los clubes de la ciudad, entre ellos el Copacabana, frente al Versailles, y también de los Valls.

El sándwich cubano y la Ventanita del Versailles

Versailles es testigo de una época en que esta ciudad era mucho más pequeña, menos cubana y casi nada latina.

“Miami era un pueblo tranquilo. No había casi tráfico. Ir a Dadeland era como ir a Disney World”, recordó Felipe Valls Jr. sobre el Miami donde su padre decidió abrir un restaurante en la avenida 35 y la Calle Ocho, más allá de donde se movía la vida de la ciudad, entre el downtown y la avenida 12.

Muchos le advirtieron a Felipe Valls Sr. que era una locura irse tan al oeste, pero para entonces el empresario ya no tenía límite. Después de su llegada a Miami en 1960, había vendido equipos de restaurantes usados, importado cafeteras espresso, inventado La Ventanita, para que las cafeterías siguieran vendido café y cortaditos a pie de calle después que se popularizara el aire acondicionado, y había vendido su restaurante Badía’s, ubicado donde esta El Pub en La Pequeña Habana.

Además del Versailles, hoy Valls Group, con 2,000 empleados, es dueño de La Carreta, que tiene sucursales en nueve puntos del sur de la Florida; del restaurante MesaMar, en Coral Gables; de Casa Cuba en South Miami y Casa Juancho, un clásico de La Pequeña Habana enfocado en la comida española.

Nicole y Luly Valls, que forman la tercera generación de la familia Valls, que dirige el Versailles, con su padre, Felipe Valls Jr., en La Ventanita del restaurante, donde los clientes suelen venir a tomar café y conversar al aire libre.
Nicole y Luly Valls, que forman la tercera generación de la familia Valls, que dirige el Versailles, con su padre, Felipe Valls Jr., en La Ventanita del restaurante, donde los clientes suelen venir a tomar café y conversar al aire libre. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Tienen además una planta distribuidora, una empacadora y una donde mezclan su propio café, La Carreta, que además de servirlos en sus establecimientos, lo venden a otras cafeterías de Miami. Las croquetas del Versailles también se venden en los supermercados Whole Foods.

“Solo hay un Versailles, y perdería la magia si hubiera más de uno”, explica Nicole Valls, sobre la decisión de no abrir otros Versailles en la ciudad. Aunque sí tienen varios cafés Versailles en el Aeropuerto Internacional de Miami.

Tamara Pena observa los precios del menú original de 1971 en la fiesta de los 50 años del Versailles, el 10 de noviembre.
Tamara Pena observa los precios del menú original de 1971 en la fiesta de los 50 años del Versailles, el 10 de noviembre. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

A pedido de muchos clientes, que quieren el Versailles clásico, tampoco piensan modernizar la decoración “un poco loca”, como señala Luly Valls, porque mezcla los espejos y candelabros “fancy” con las mesas y uniformes de las camareras, típicos de diners.

Hasta ahí llega ese deseo de mantenerse congelados en el tiempo, porque el Versailles, que vende más de 7,000 sándwiches cubanos al mes en su local de la Calle Ocho, ahora los envía a varias ciudades de Estados Unidos a través del sitio www.goldbelly.com, que ofrece algunas de las comidas más populares del país.

Al menú han sumado platos como el arroz de coliflor, con un toque de cilantro, ajo y limón, una opción para los que están haciendo dieta, explican Nicole y Luly, que han incorporado la tecnología y las redes sociales a las operaciones del grupo de restaurantes.

“En el Versailles hay gente de todos los ambientes y de todas las edades, igual le gusta a la gente de mi edad, que sigue las tendencias de ir a los lugares de moda, que a alguien mayor”, señala Luly, que al igual que Nicole, come todos los días de la semana en el restaurante, pero se refrena de llevar un date al restaurante porque siempre hay alguien de la familia por el salón.

Las hermanas conversan con el Nuevo Herald sentadas en una mesa junto a la puerta trasera por donde un día vieron entrar a Beyoncé y a Jay-Z, unos de los famosos que han visitado el lugar.

“Jay-Z pidió rabo encendido y Beyoncé algún plato con pollo y jarras de sangría y mojito”, cuenta Luly, indicando que JLo estuvo una vez en el restaurante, pero pidió take out.

Versailles, epicentro de la política en Miami

Más que centro de famosos, el Versailles ha sido un imán para los políticos, que a lo largo de los años han venido a cortejar el voto y a ofrecer su apoyo a los cubanos. Los presidentes George W. Bush y Bill Clinton, el senador John McCain y más recientemente el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, han probado un café o asistido a mitines o a cenas en su homenaje en el restaurante.

“Ha sido algo que no podemos controlar”, dice Valls Jr., que ahora preside el imperio de restaurantes de la familia y a veces llega a su oficina en el Versailles y encuentra 1,000 personas manifestándose frente al restaurante.

Contrario a lo que muchos puedan pensar, “las protestas no son buenas para el negocio”, señala Valls Jr., “te mata la venta a la mitad, toman todo el parqueo y la basura que dejan por todos lados es tremenda, pero yo lo haría con doble venta o mitad de venta, por la cosa cubana”.

“La atención de los medios que adquiere Versailles durante estos eventos sobrepasa las pérdidas”, reconoce Valls Jr.

La dos muertes de Fidel Castro, la falsa y la verdadera, en noviembre del 2016, reunieron a más de 60 canales de televisión y medios de prensa en el estacionamiento del Versailles, que ha ido creciendo con los años. Los cubanos también llegaron a celebrar y de momento había un mar de gente en las cercanías del restaurante.

Pero nada comparado con la energía y la esperanza que se vivió durante las manifestaciones de apoyo a los cubanos que se lanzaron a la calle el 11 de julio, señala Valls Jr.

“Esta protesta ha sido diferente a las otras, la energía, las lágrimas, la forma en que la gente estaba en la calle, se veía una pasión, hablaban de su familia en Cuba. Es muy diferente a cuando vienen a celebrar al Heat”, señala Valls Jr., que mandó a uno de sus amigos en España una foto tomada con un drone, que mostraba tanta gente congregada en el Versailles, que solo se veía la punta del letrero que anuncia “el restaurante cubano más famoso del mundo”.

Un mar de exiliados cubanos se reunió en el Versailles el domingo 11 de julio cuando estallaron las protestas en varias partes de Cuba.
Un mar de exiliados cubanos se reunió en el Versailles el domingo 11 de julio cuando estallaron las protestas en varias partes de Cuba. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Esa energía fue contagiosa para los Valls, que reconocen que les gustaría abrir un día un Versailles en Cuba.

“En el Vedado o en el Malecón, esa zona de La Habana me gusta mucho, y en Santiago, por supuesto”, dice Valls Sr., sobre el lugar donde pondrá su Versailles en Cuba cuando primero se celebre en Miami “la caída de lo que queda del régimen”.

Mientras, Valls Jr. anticipa algunos cambios para el Versailles de la Calle Ocho. Como ya tienen tanto parqueo y a la gente le ha gustado la carpa que montaron afuera del restaurante por el COVID-19, ahí planea hacer una estructura de acero y cristal como las de las viejas estaciones de trenes europeas. Se abrirá en invierno para cenar al fresco y se cerrará en verano cuando los miamenses no quieren poner un pie afuera por el calor. También visualiza un pequeño bar y una zona de espera más amplia para entrar al restaurante.

“El Versailles tiene fama mundial, pero es un restaurante muy simple y familiar. Queremos mantener eso y seguir dando buena comida a buen precio”, dice Valls Jr., indicando que como el modelo funciona, quieren mejorarlo, pero no cambiarlo.

“Es el lugar que puedes venir en chancleta y shorts y también en traje, y te sientes bien”, apunta.

Un lugar para encontrarse con sus raíces

El Versailles también es un punto de atracción para los turistas que vienen a Miami, y muchos latinoamericanos encuentran allí los sabores de su tierra que no hay en otras ciudades de Estados Unidos.

Atraído por la fama del restaurante y por las celebridades que lo visitan, el publicista mexicano Alberto Gómez, que entonces vivía en Los Angeles, hizo una de sus primeras paradas en el Versailles en el 2002, y se topó con el “licuado de lechosa (fruta bomba)”.

“De niño era uno de mis favoritos, y en California es muy difícil que lo hagan. El del Versailles me encantó y hasta la fecha me gusta pedirlo”, dijo Gómez, que vive en Miami desde hace 16 años y siempre lleva a sus padres al restaurante cuando vienen.

Desde República Dominicana, Raisa Rojo, una doctora cubana que viene a Miami con frecuencia, siempre regresa al Versailles a reencontrarse con sus raíces.

“Todas las penas y alegrías de nosotros de alguna manera se discuten ahí”, dijo Rojo, indicando que el “menú es muy extenso y muy cubano y representa muchas cosas sentimentales: las mariquitas de plátano, la sopa de pollo, el bistec de palomilla”.

A Boris Vázquez, un empresario cubano que vive en Bogotá, el sabor y la variedad de platos siempre lo atraen al restaurante.

“Cualquier cosa que quieras, es casi seguro que la encuentras”, anticipó Vázquez, indicando que su valoración del Versailles pasa por el “tema nostálgico”.

“Me trae recuerdos de la tierra donde nací, en la que incluso cuando voy, no encuentro esos platos disponibles”, apuntó.

Por su parte, Idarmis Prieto, que se mudó de Miami a Orlando hace un tiempo, destaca la variedad del bakery del Versailles, y sobre todo las croquetas, que son las preferidas de una amiga que también vive en Orlando, que le pide a los que vienen a Miami que le lleven algunas.

“Siempre me ha gustado mucho el rabo encendido del Versailles”, dijo Prieto, que en ese sentido comparte el gusto de Jay-Z.

La familia Valls está consciente de que los clientes están cambiando, como una gran mayoría de los manifestantes que llegaron después de las protestas del 11 de julio.

Nicole y Luly Valls con algunos de los platos del Versailles, que celebra su 50 aniversario con un evento público el 10 de noviembre.
Nicole y Luly Valls con algunos de los platos del Versailles, que celebra su 50 aniversario con un evento público el 10 de noviembre. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

“El reto va a ser mantener la esencia de la historia de los cubanos del tiempo de mi abuelo, mantenernos como tendencia, pero sin cambiar”, concluye Nicolle Valls.

Como los espejos del Versailles, cada cubano tiene una historia que contar relacionada con un recuerdo, una época de su vida en Miami que incluye al restaurante.

El escritor cubanoamericano Gustavo Pérez Firmat le dedica una viñeta al Versailles en su libro Life on the Hyphen The Cuban-American Way.

Allí se encuentra “todo el ajíaco que puedas comer, y todas las joyas que puedas usar multiplicadas por el número de paneles de espejos –y encima de todo eso, una camarera que te dice: ‘Mi vida’ “, dice Pérez Firmat, quien confiesa que su “idea de la inmortalidad” es quedar para siempre en esos espejos del Versailles.

Por su 50 aniversario, que celebrarán con un evento público el 10 de noviembre, Versailles se ha asociado con HistoryMiami Museum para recoger materiales y formar un archivo con fotos, recuerdos y objetos de la herencia cultural y de la experiencia del exilio cubano, que luego se convertirá en un proyecto de arte más abarcador.

Puede compartir materiales fotográficos, videos, historias o experiencias escritas relacionados con el Versailles en: http://www.historymiami.org/potential-donation-form/ y enviar historias http://www.historymiami.org/miamistories/

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2021, 10:01 a. m. with the headline "Versailles celebró sus 50 años con una fiesta a la cubana, spanglish y precios de 1971."

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Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
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