Murió Otto, el perro que luchó contra la invasión de las pitones en los Everglades
Otto no era un perro cualquiera.
Era un guerrero, un pionero, un compañero fiel en la batalla silenciosa contra una amenaza que ha diezmado la fauna de los Everglades: las gigantescas pitones birmanas.
Este canino, un German Wirehaired Pointer, murió en servicio el pasado 5 de julio, atropellado por un auto mientras perseguía a una iguana —otra especie invasora—. Falleció como vivió: con el instinto de caza despierto.
La noticia fue dada a conocer por su dueño, Mike Kimmel, conocido como “Python Cowboy”, quien publicó un video visiblemente afectado en su cuenta de Facebook. Allí explicó que Otto fue arrollado durante una cacería, mientras acompañaba a uno de los trabajadores de su empresa.
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“Desafortunadamente no sobrevivió”, dijo Kimmel en el video que anunció la trágica pérdida.
Kimmel aseguró que la muerte de quien fue su sombra en los pantanos y su guía silencioso entre la espesura ha sido uno de los momentos más difíciles de su vida.
“No era solo mi perro, era familia y una parte fundamental de esta misión que estamos emprendiendo”, expresó, en alusión a la erradicación de las enormes serpientes invasoras que han tomado el sur de Florida.
Otto fue uno de los primeros perros entrenados para rastrear nidos de pitones birmanas en los Everglades, un entorno hostil donde estas serpientes han devastado a especies nativas.
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Una de sus últimas expediciones da cuenta de su capacidad: detectó cuatro nidos, ayudó a capturar una pitón de más de 15 pies (4.5 metros) y permitió la remoción de unas 100 serpientes del ecosistema, entre ellas huevos. Todo eso, en apenas una hora.
Otto no cazaba por deporte, sino por propósito. Era parte de un esfuerzo desesperado por restaurar el equilibrio en uno de los ecosistemas más frágiles y emblemáticos de Estados Unidos. Cada nido que localizaba, cada serpiente capturada, era una pequeña victoria en la larga guerra contra esta plaga.
“La leyenda nunca muere”, afirmó Kimmel, quien aseguró que Otto le regaló los mejores cinco años de su vida. “Me enseñó mucho más de lo que yo a él”.
Y su legado continúa. Otto le dejó diez cachorros quienes —según su dueño— seguirán con la misión que él comenzó.
En los pantanos ya no se escuchará el jadeo decidido de Otto tras las huellas del peligro. “Nada será igual sin él”, lamentó Kimmel. “La cacería de iguanas y pitones es una de las labores que extrañaré de él”.
“Era un perro versátil y pionero en la cacería de iguanas y pitones en un nivel profesional”, concluyó.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de julio de 2025, 0:04 p. m..