El paisaje cambiante de La Pequeña Habana, nuevas construcciones y restauración
El enorme complejo residencial de dos torres de 14 pisos cada una y un total de 320 unidades de lujo que la empresa The Astor Companies está erigiendo en la esquina de la avenida 19 y la Calle Ocho puede entenderse como un indicio del pujante auge urbanístico y el rumbo sostenido del gran progreso de Miami, pero al mismo tiempo debe tomarse como un alerta sobre la posible desaparición de una parte histórica de la ciudad, reconocida por inmuebles de baja altura y estilo mediterráneo.
Sin lugar a dudas, el paisaje urbano alrededor de La Pequeña Habana cambia aceleradamente, fomentando un nuevo rostro a partir de rápidas urbanizaciones, que, al igual que ocurrió en distintos momentos del siglo XX, tienen como sello distintivo algo de improvisación, prisa y desorden. Incluso de peligro, al hacer desaparecer a golpe de demolición, las pocas estructuras con valor histórico que aún se mantienen en pie en los alrededores. Construcciones que datan de los años 1920, 30 y 40 están en peligro.
El corazón de La Pequeña Habana tiene un corredor muy específico que desde hace muchos años se ha tratado de conservar y a la vez modernizar para ponerlo a la altura de los tiempos. Hace alrededor de tres décadas se trató de imprimirle una nueva fachada siguiendo el concepto del Latin Quarter, bajo la égida del Little Havana Development Authority, creada por la comisión de Miami y que entre otros proyectos impulsó el desarrollo del Parque del Dominó, pero a la postre no logró sus objetivos. La Pequeña Habana siguió conservando su nombre y su ambiente esencialmente cubano, salpicado por la presencia de otras comunidades latinoamericanas, que en conjunto han mantenido la vitalidad del vecindario.
El comienzo de los Viernes Culturales en el 2000, marcó quizás, su punto de giro más notable y su huella se hace sentir hoy con estabilidad y equilibrio. Una de las personas más reconocidas en el área es Bill Fuller, quien a través de su compañía Barligton Group ha invertido muchos recursos en la compra, remodelación y reactivación de viejos edificios en La Pequeña Habana. Su empresa se centra en el desarrollo urbano, con un compromiso enfocado en la revitalización y conservación histórica. Fuller y su asociado Martín Pinilla han gestionado proyectos comerciales por cifras que superan los $50 millones.
Fuller ejerce una gran influencia en el barrio. Conoce a fondo las distintas estructuras, su historia y tiene claras las posibilidades de cada una de ellas. “Esta zona se ha conservado porque durante muchos años los inversionistas no se interesaron en ella”, señala Fuller para explicar por qué hay tantas estructuras viejas a lo largo de La Pequeña Habana. “Era tan pobre el área, que nadie quería invertir en ella”. Hoy en día es todo lo contrario.
Revalorización del vecindario
Al igual que South Beach, en la playa, que estuvo abandonada durante décadas, La Pequeña Habana con sus edificios estilo Art Deco, mediterráneo y la arquitectura neocolonial hispana de principio del siglo XX, se ha revalorado y convertido en un conjunto urbano atractivo para los inversionistas y los turistas. Según datos proporcionados por la autoridad que administra los Viernes Culturales, en el 2011 visitaron La Pequeña Habana unas 150,000 personas; hoy en día más de 3.5 millones de visitantes recorren el sector anualmente.
Es evidente la revitalización. La esquina de la Calle Ocho y la avenida 15, justo donde se encuentran el Teatro Tower, quizás la estructura emblemática del área, y el Parque del Dominó, hay un constante movimiento de turistas, que arriban en ómnibus para recorrer las calles, comprar y conocer de la historia de una parte de la ciudad que fue consolidada por la presencia de exiliados y emigrantes de América Latina.
El esfuerzo por reconocer el aporte de los hispanos se remonta a los años sesenta y setenta. Principalmente, destaca la labor de los Kiwanis de La Pequeña Habana, a través del Carnaval Miami y el Open House Calle 8. Otras actividades que intentaron revitalizar la arteria fueron el Paseo de las Estrellas y el tradicional Desfile de los Reyes Magos cada enero. Aunque algunos esfuerzos quedaron en el camino, su puesta en marcha fue de alguna manera un catalizador para lo que hoy se va consiguiendo, a pesar de la desaparición de edificaciones emblemáticas como el Teatro Martí, el Cine Tívoli y la transformación de la escuela Miami Senior High, para ampliar su estructura, mientras se sepultaba su alegórica fachada. Estas parecen ser evidentes señales de la falta de rigurosos estudios de preservación. Si a eso se añade que prácticamente todo el este de La Pequeña Habana lo está absorbiendo la expansión de Brickell y su sector urbanístico y financiero, se puede inferir que parte del oeste de ese corredor podría estar también en peligro.
El actor nicaragüense Christian Ocón tiene en los bajos del edificio Welsh, construido en los años 1920, Moyi’s, su negocio de antigüedades. Por el anticuario pasan turistas europeos que se fascinan y compran en su tienda.
“La Pequeña Habana crece y los negociantes vemos en ella un gran potencial”, afirma Ocón. “Quienes nos visitan en la tienda, no solo invierten su dinero, sino también sienten curiosidad por saber de este edificio, de su estructura y estilo arquitectónico, donde en los dos pisos superiores, hay en la actualidad 12 apartamentos ocupados”.
Los turistas desean llegar a un lugar y que ese sitio le diga algo, que sea más que un paseo comercial. En la acera de enfrente al Teatro Tower, se encuentra el famoso bar Ball & Chain, que fuera parte esencial de la hoy histórica Pequeña Habana y su vida nocturna en los años 1940 y 1950. Por su escenario pasaron en la época difícil de la segregación racial figuras legendarias como Chet Baker acompañado de su quinteto; la memorable Billie Holiday, así como Count Basie y su big band. Todos cantantes, pianistas, maestros del jazz que le imprimieron impulso a la arteria.
Estos cantantes negros también actuaban en Miami Beach, pero como no podían dormir en los hoteles de La Playa, pasaban la noche en el Tower Hotel, en la calle 7 y la avenida 15, apenas a una cuadra del Ball & Chain. Hoy ese edificio está abandonado, tiene en la puerta un cartel de demolición, pero la empresa Barligton Group, de Fuller, lo compró por $1.7 millones y se apresta a reconstruirlo para devolverle su imagen y vitalidad, desde un ángulo contemporáneo y a su vez tradicional. Ese es parte del proyecto central de la empresa, invertir en la remodelación de lugares históricos, conservando su esencia original.
La Pequeña Habana sigue siendo un territorio eminentemente de hispanos. Ya no tanto de cubanos como en los años 1970, cuando el 85 por ciento de los residentes del área pertenecía a esta nacionalidad, pero el contexto latino prevalece todavía, enriquecido por centros comerciales y restaurantes regentados por mexicanos y centroamericanos. Aun así su deterioro es marcado. El Fideicomiso Nacional para la Preservación Histórica incluyó al vecindario de La Pequeña Habana en su lista del 2015, como uno de los 11 lugares históricos más amenazados. Estos datos son graves, pues los cambios en la zonificación y la falta de estudios consistentes que definan con prontitud qué lugar debe conservarse, amenazan algunas edificaciones, más cuando hay inversionistas atentos a lo que pasa en el sector para comprar, invertir y levantar sobre los sitios históricos, negocios modernos y condominios.
Cada último viernes de mes se realiza entre la 14 y la 17 avenida, el ya popular y turístico Viernes Culturales. Además de música, arte y cultura, uno de los eventos más interesantes es el paseo a pie que conduce el historiador Paul George por los alrededores, mostrando la riqueza arquitectónica y cultural del área.
“Muchas personas se citan a las 7 p.m. en la puerta del Teatro Tower para partir junto a George en su recorrido, que además es gratuito”, comenta Pati Vargas, directora de Viernes Culturales. “Paul da 12 paseos diferentes, uno cada mes, abarcando diferentes áreas. Cerca de 70 personas se le unen en cada jornada”. Luego añade: “Lo más importante del Walking Tour es el interés que despierta entre los asistentes, en particular los locales, al descubrir la grandeza histórica de una parte de Miami. Son los mismos ciudadanos los que piden que se preserven esas estructuras”.
A pesar del reconocimiento que tienen los Viernes Culturales como un festival mensual de carácter familiar y artístico, la institución que lo coordina presenta continuas dificultades financieras, pues no siempre están disponibles los fondos necesarios que aporta el Condado de Miami-Dade. Para Vargas, el éxito que ha logrado en los cinco años que ella lleva al frente del evento, se debe “a la perseverancia, a ser consistente en la idea de llevarlo adelante y recibir la solidaridad de quienes están interesados en la cultura”, concluye.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de septiembre de 2015, 1:30 p. m. with the headline "El paisaje cambiante de La Pequeña Habana, nuevas construcciones y restauración."