Carlos Migoya, el hombre que rescató al Hospital Jackson del abismo
No es necesaria una experiencia anterior en el cuidado de la salud. Se prefiere un historial de corregir a instituciones en problemas.
La descripción de empleo de hace cinco años para rescatar del borde de la ruina financiera a la red de hospitales públicos de un siglo de antigüedad de Miami-Dade, el Jackson Health System, no pedía un ejecutivo experto en el cuidado de la salud.
En su lugar, como a menudo ocurre en una crisis, el trabajo fue a parar a un candidato poco convencional: Carlos Migoya, un banquero retirado y antiguo concesionario de autos quien francamente no necesitaba el salario o el dolor de cabeza de cambiar a una empresa pública de $1,700 millones anuales en una industria que apenas conocía.
Pero Migoya había hecho antes este tipo de cosas, al trabajar en el 2010 por un dólar al año como administrador de la ciudad de Miami cuando los contratos inflados por los sindicatos amenazaban hundir en tinta roja los libros municipales de contabilidad.
Y después de 35 años administrando algunos de los mayores bancos de la ciudad, en una carrera que lo hizo rico, Migoya buscaba dejar un legado para la ciudad que lo recibió en 1961 como un niño cubano inmigrante.
“Si pudiera cambiar las cosas en el Jackson Memorial, sería el mayor legado que pudiera dejar para la ciudad”, recuerda Migoya, quien este mes cumple 66 años, sobre lo que pensaba sobre el trabajo.
Bajo, fornido y calvo, con la apariencia optimista de un hombre acostumbrado a superar los pronósticos, Migoya dice que aceptó el empleo en contra del consejo de “algunos de mis mejores amigos”, quienes le dijeron que no había forma de tener éxito.
“Dije: ‘Miren, si fallo, al menos lo intenté’ ”, manifestó. “Pero necesitamos darle una oportunidad”.
Cinco años después de hacerse cargo de uno de los mayores sistemas de hospitales públicos del país, Migoya, quien era un neófito en el cuidado de salud, parece estar bien en el camino de dejar una marca indeleble en una de las instituciones más ilustres de Miami-Dade.
Ha colocado al Jackson en un camino de estabilidad financiera, ha forjado un lazo más fuerte con sus sindicatos, ha revigorizado su afiliación con el Sistema de Salud de la Universidad de Miami (UHealth), que suministra más del 90 por ciento de los médicos del Jackson, y ha vendido al público –y a los votantes del Condado– una versión futura de la red de hospitales públicos financiada principalmente con $830 millones de apoyo de los contribuyentes.
Vea un mapa completo con el Sistema de Salud Jackson de Miami.
El Jackson tiene ahora más dinero en el banco que lo que había cuando Migoya se hizo cargo, incluso cuando el hospital gasta más para entregar el cuidado de lo que recibe en ingresos de los pacientes. El dinero de los impuestos del Condado es el que hace la diferencia.
Más pacientes con seguro de salud eligen al Jackson para cirugías y otros cuidados. Son menos las infecciones y lesiones y un auditor externo verificó este mes el cuarto año consecutivo de un superávit presupuestal –62 millones para el 2015, el mayor de la historia en el sistema de hospitales.
Sin dudas, Migoya también ha tenido el viento a su favor.
La Ley de Cuidado Asequible ha llevado a un aumento en el número de personas con seguro de salud en el sur de la Florida, lo que ha reducido la carga financiera del Jackson en el cuidado de los indigentes. Y la recuperación de la economía ha llevado a un gran aumento en los impuestos a las ventas en Miami-Dade y otros apoyos del Condado para el Jackson.
Pero a pesar de las reservas financieras que se lograron el año pasado, un campo minado de desafíos está por delante. El más urgente para el Jackson, los fondos federales para que los hospitales cuiden a los no asegurados disminuirán de nuevo a partir de julio al mismo tiempo que los indicadores de salud pública muestran un aumento en las muertes por enfermedades crónicas y otras necesidades de cuidado de salud.
Sin embargo, el consenso abrumador entre los que supervisan y trabajan en el Jackson es que Migoya ha sido el hombre correcto para el cargo.
“Lo ha guiado en tiempos difíciles y ha hecho un trabajo tremendo”, dijo Carlos Giménez, alcalde de Miami-Dade, quien junto con la comisión del Condado controla la composición de la junta del Jackson y ratifica el presupuesto del sistema de hospitales.
“Sin dudas, Migoya ha tenido un gran impacto en cómo se administra el Jackson y cómo lo percibe la comunidad en general”, destacó Eduardo Bancalari, un especialista en neonatología de UHealth y jefe del servicio a los recién nacidos en el Jackson Memorial.
“El transformó este lugar”, dijo Martha Baker, enfermera certificada y presidenta del sindicato que representa a 5,000 médicos, enfermeras y otros profesionales del Jackson. “ No sólo hace su trabajo. De lo que dice y de observar adónde va, vemos que está realmente interesado en hacer un Jackson más sostenible para el futuro”.
Cuando Migoya comenzó en el Jackson el primero de mayo del 2011, el sistema de hospitales estaba sin efectivo después de perder $419 millones en tres años, principalmente por gastos mayores que los presupuestados y una gran cantidad de deudas no cobradas.
Rechazó la venta a operador privado
Expertos del cuidado de la salud y funcionarios locales electos propusieron que Miami-Dade vendiera el sistema propiedad de los contribuyentes a un operador privado, o rebajara significativamente su misión de cuidar a todos los residentes del Condado, sin importar su capacidad de pago.
En vez de ser una persona que caminaba y trataba de ser ‘El Hombre’, puso una gran cantidad de personal a su alrededor, y trabajó con este
Joe Arriola
presidente del Fideicomiso de Salud Pública del JacksonPero Migoya rechazó esas propuestas. Diseñó un plan para controlar los costos –en gran parte al negociar con los sindicatos más de $50 millones anuales en concesiones de salarios y beneficios– para establecer mejores prácticas de las oficinas ejecutivas en las salas de operaciones y transformar la imagen del Jackson de un proveedor de último recurso a la de un hospital de elección.
Joe Arriola, presidente del Fideicomiso de Salud Pública que gobierna al Jackson, dijo que una de las cualidades que le impresionaron más sobre Migoya fue su estilo de dirección.
“En vez de ser una persona que caminaba y trataba de ser ‘El Hombre’ ”, dijo Arriola de Migoya, “puso una gran cantidad de personal a su alrededor, y trabajó con este, dejó que hiciera lo que hacía y Carlos hizo lo que hace –está más envuelto en las finanzas, la visión y un poco de la parte política”.
Migoya no perdió tiempo una vez que la junta del Jackson lo eligió para el cargo. Antes de estar de acuerdo con su contrato de $595,000 anuales como salario base, que ha crecido desde entonces, voló a Tallahassee en busca de dinero estatal para el sistema de hospitales.
Después sustituyó al equipo directivo, entrevistó a candidatos y les dio poder para establecer mejores prácticas y procesos que midieran la productividad y revisaran las pérdidas y ganancias, departamento por departamento.
Esta fue la parte fácil, dijo Migoya. “Administrar una empresa es administrar una empresa”, agregó. “La necesidad de asegurar que todos son responsables y crear ese ambiente es lo mismo”.
Decisiones más difíciles ocurrieron a menos de un año de ocupar su cargo, cuando Migoya pidió grandes concesiones a los sindicatos, como licencias obligatorias sin pago, así como una reducción de casi $52 millones del acuerdo anual del Jackson con la UM, en parte al subcontratar a médicos de salas de emergencia.
“Como pueden imaginar, eso no fue especialmente cómodo”, dijo Pascal Goldschmidt, decano de la Escuela de Medicina Miller de la UM, quien a la vez era jefe ejecutivo del floreciente sistema de salud de la Universidad.
Poco después, Migoya propuso que el Jackson recortara casi 1,200 empleos a tiempo completo –casi un 11 por ciento de la fuerza laboral en ese momento– y contrató a trabajadores a tiempo parcial para cubrir los vacíos.
Las acciones tuvieron apoyo político, pero los líderes laborales se opusieron enérgicamente, al acusar a Migoya y a su equipo ejecutivo de tratar de privatizar el Jackson después de años de apoyo de los contribuyentes.
En retrospectiva, dijo Baker, la presidenta del Sindicato, “él realmente trataba de establecerse como el nuevo sheriff del pueblo”.
Pero en medio de su lucha, dijo Baker, ella fue testigo de una “transformación” en Migoya que la convenció de que él tenía en su corazón el mejor interés para el sistema de hospitales: se resistió al alcalde.
“Giménez decía que quizás el Jackson no necesitaba hacerlo todo y Migoya defendía al Jackson”, dijo Baker. “En realidad desafiaba a los funcionarios electos en su postura de que quizás deberíamos reducir el tamaño del Jackson”.
El presentimiento de Baker probó estar en lo cierto, dijo ella, porque dos años después de obtener las concesiones sindicales e imponer los despidos, Migoya desafiaría al alcalde de Miami-Dade y a los miembros de la junta del Jackson al restaurar los salarios y entregar un bono a los empleados del hospital.
La medida enojó a Arriola y debilitó a Giménez, quien había alcanzado un estancamiento en sus propias negociaciones con los otros sindicatos del Condado. Ellos también buscaban un alivio para sus concesiones en el contrato.
“Esto es basura”, escribió Arriola en un memorando que envió a Migoya una hora después que se anunció el trato, aunque desde entonces concedió que el director general estaba en lo correcto. “En realidad, ahora tenemos una agradable asociación con los sindicatos”, manifestó.
“Al mirar hacia atrás”, dijo Giménez, “iba a desbalancear lo que tratábamos de hacer, al tratar igual a todos los sindicatos”. Pero lo consideró “sólo un desacuerdo” y dijo que no disminuía su respeto por Migoya como profesional y amigo personal.
Las relaciones con UM
Arreglar la fracturada relación del Jackson con la UM requería un grupo de habilidades diferentes.
Desde el principio, Migoya había dicho que deseaba encontrar eficiencias en el contrato anual del Jackson con la Universidad, que estaba valorado en unos $139 millones en ese momento, y pagó a UHealth por sus médicos que trataban a pacientes sin seguro del Jackson, como parte del entrenamiento de los residentes de la facultad, así como encabezando los departamentos clínicos y otros servicios del Jackson.
Semanas de tensas negociaciones llevaron a un nuevo acuerdo que podría reducir los pagos del Jackson a la UM a unos $113.5 millones con la promesa de encontrar unos $36 millones adicionales en ahorros. Pero se mantuvieron los resentimientos, y dos meses después que se anunciara el trato, la relación de décadas rodó cuesta abajo.
El Jackson y la UM, colaboradores desde 1952, se hicieron cada vez más competitivos después que en el 2007 la Universidad compró el ex Centro Médico Cedars de 560 camas, justo en la calle de enfrente del Jackson Memorial.
Un miembro de la Junta del Jackson acusó abiertamente a los médicos de la UM de llevarse los pacientes asegurados del Jackson y enviarlos a su propio hospital en la acera de enfrente, y dijo que la Universidad consolidaba en su hospital líneas de servicios redituables, como urología y ortopedia.
“Muchas personas en ese momento, en la junta y en otros lugares, pensaron que UM era la mala”, dijo Goldschmidt, quien rechazó las acusaciones de que los médicos de la universidad robaban pacientes y negocios al Jackson.
Pero le dio crédito a Migoya de ser “clave para cambiar la química entre ambas organizaciones”, al agregar: “El se dio cuenta de que nuestros médicos traían pacientes privados, que trabajaban duro, que traían muchos ingresos al Sistema de Salud Jackson”.
No molestó que la UM también diera un considerable apoyo político a la campaña del Jackson para ganar la aprobación de los votantes de $830 millones en bonos de deuda para financiar reconstruir y remodelar sus instalaciones, para atraer más pacientes.
Los votantes de Miami-Dade ratificaron el referendo en noviembre del 2013, con lo que comenzaron una era de optimismo para el Jackson y abrieron la puerta para un compromiso renovado con la UM.
Como resultado, dijo Goldschmidt, “hubo una oportunidad para tener juntos una visión y una estrategia para el futuro. Créase o no, nunca habíamos tenido una estrategia antes de eso”.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de mayo de 2016, 0:19 p. m. with the headline "Carlos Migoya, el hombre que rescató al Hospital Jackson del abismo."