Un caso de fraude electoral en Miami que se le escapó a la justicia
Todo parecía indicar que se trataba de un caso raro, pero evidente, de fraude de votación.
Dos hombres estaban acusados de manejo ilícito de las boletas por correspondencia de otras cuatro personas en las elecciones del 2013 por la alcaldía de Homestead, presentando al menos una de ellas por los precisos candidatos que el votante no quería apoyar. Los investigadores del Condado Miami-Dade tenían huellas digitales y de la palma de la mano, archivos de llamadas telefónicas y historias sospechosas por parte de los acusados.
Pero ellos no contaban con la falta de cooperación por parte de los votantes que habían sido víctimas del supuesto fraude, aun cuando fueron los votantes mismos quienes alertaron inicialmente a las autoridades del mismo.
En el juicio del primero de los hombres, los testigos cambiaron su testimonio original. En el juicio del segundo, una de los testigos dijo que ella no recordaba en absoluto el día en que tuvo lugar el incidente.
Y así James Brady y Samuel Jean, los dos trabajadores de campaña acusados de fraude electoral en el 2014, no fueron a la cárcel. Brady, de 33 años, vecino de Florida City, no fue convicto: la fiscalía retiró los cargos de delito mayor de tercer grado y de infracción presentados contra él en febrero luego que una de los testigos clave, la votante Betty Brockington, dijo en el juicio que “no se acordaba de lo que había pasado en el día en cuestión”, de acuerdo con un memorándum de la fiscalía estatal de Miami-Dade al cierre de la investigación.
“Estoy contento de que esto se haya acabado”, afirmó Brady, quien dijo que ha estado enfocado en su ministerio, consejería juvenil y su familia. “No estoy enojado con nadie. Considero que el estado hizo su trabajo, sólo que hubiera preferido que no se hubieran demorado tanto. Cuando uno tiene algo como esto colgando encima de su cabeza, es difícil concentrarse”.
Su abogado defensor, Pat Trese, dijo que Brady había sido “completamente reivindicado” tras probar su inocencia ante las débiles pruebas presentadas por la fiscalía.
“El proceso y la fiscalía estatal acabaron llegando al fallo correcto”, dijo Trese.
Jean, de 43 años, vecino de Homestead, aceptó un acuerdo extrajudicial ofrecido por la fiscalía en octubre del año pasado después de que Brockington y sus familiares cambiaron sus historias “de manera significativa” en el juicio de Jean, según el memorándum de cierre. Jean no disputó los cargos, que eran dos cuentas de delito de mayor cuantía de marcar una boleta de forma ilícita, y aceptó someterse a libertad provisional, lo cual terminó el mes pasado. Bajo el acuerdo, él recibió una “retención de adjudicación”, lo que significa que no aparecerá ninguna declaración de culpabilidad en su historia. Jean acordó asimismo testificar en contra de Brady, aunque al final nunca tuvo que hacerlo.
Jean y su defensor público, Henri Rauch, no pudieron ser localizados para que comentaran al respecto. Tampoco se pudo localizar a Brockington, de 57 años, o su sobrina Robkevia Scott, de 24, quienes fueron las que denunciaron a Brady y Jean.
La acusación de la familia causó furor en octubre del 2013, pocas semanas después de que Homestead eligiera a un nuevo alcalde. Brady y Jean trabajaban para el candidato Mark Bell, quien negó haber tenido nada que ver en el caso y no fue acusado nunca de haber hecho nada indebido. En ese momento, su esposa, Lynda Bell, era comisionada de Miami-Dade; ella es ahora una candidata republicana a la Cámara de Representantes de la Florida. Mark Bell perdió su campaña por la alcaldía. El año siguiente, Brady perdió la suya a un escaño de la comisión de Florida City.
De acuerdo con tres de los cuatro votantes de Homestead, Brady y Jean se aparecieron en la casa de los Brockington dos días después de que Jean viniera por primera ver para comprobar si las boletas de voto en ausencia de la familia habían llegado. Brady y Jean llenaron las boletas luego que la familia les dijo por quiénes querían votar: el concejal Jimmie Williams III y Jeff Porter, quien acabó siendo elegido alcalde.
Pero la familia no se fijó cómo estaban siendo marcadas las boletas, y no las comprobaron antes de que fueran selladas en sus sobres respectivos. Brockington, Snead y Robinson firmaron las boletas, y Brady y Jean se las llevaron.
Llegado el turno de Scott, ella vio que la boleta estaba siendo marcada a favor de otros candidatos: Bell y el candidato al concejo Norman Hodge Jr. Ella le arrebató la boleta a los trabajadores y se quedó con ella como evidencia de que ellos estaban cometiendo fraude. Scott se quejó a la Comisión de Ética y Confianza Pública de Miami-Dade.
Al principio, tanto Brady como Jean negaron haber tocado las boletas. Cuando las huellas digitales de Jean fueron detectadas en la boleta de Brockington, él admitió a la fiscalía que había marcado al menos una boleta, quizás dos. Eso es ilegal, aunque Jean alegó que no lo sabía.
Brady dijo que él no sabía nada de la prohibición, y alegó que las boletas ya estaban selladas cuando él y Jean llegaron a casa de los Brockington. La huella de la palma de la mano de Brady fue detectada en la boleta de Snead. Brady dijo que él no había hablado con Jean después de visitar la casa de los Brockington. Archivos de llamadas telefónicas mostraron que los dos hombres habían intercambiado varias llamadas, y que habían llamado a un tercero, el trabajador pagado de campaña Jean Batiller.
Brady había cambiado partes de su historia antes. Al ser confrontado inicialmente por el Miami Herald sobre la acusación de la familia Brockington en su contra, él dijo que no trabajaba para Bell, sino para un hombre llamado “Tyrone”, cuya existencia negó más adelante.
Jean y Brady se entregaron a las autoridades en octubre del 2014. Brady renunció al puesto que ocupaba en ese momento como secretario de correspondencia del Partido Republicano de Miami-Dade. Al enterarse de los arrestos a través del Herald, Brockington dijo entonces a un reportero, “Oooh, caramba. Yo no querría que ellos pasen un montón de años en la cárcel o nada de eso, yo sólo quiero enseñarles una lección”.
Sus arrestos siguieron a un par de años tumultuosos en la política de las boletas en Miami-Dade. En el 2013, Jeffrey García, jefe de despacho del entonces representante federal Joe García, demócrata de Miami, se declaró culpable de un intento de manipulación de boletas y cumplió una condena de 65 días en la cárcel. Ese mismo año, dos boleteros de Hialeah, Deisy Cabrera y Sergio “El Tío” Robaina, no disputaron cargos de posesión ilegal de más de dos boletas en las elecciones a la alcaldía del Condado en el 2012 y fueron sentenciados a libertad condicional. Ninguno de los candidatos fue acusado por la fiscal estatal Katherine Fernández Rundle, demócrata que busca su reelección en agosto.
En su memorándum del 24 de febrero para cerrar ambos casos, la fiscal estatal adjunta Isis Pérez de la unidad de corrupción pública de Miami-Dade culpó directamente a la falta de cooperación de los testigos por el fracaso del enjuiciamiento de Jean y Brady. Cuatro veces, escribió Pérez, las tres mujeres — Brockington, Scott y Robinson — se negaron a ir a la fiscalía estatal a hacer sus declaraciones o a aceptar el transporte que la fiscalía les brindó. Ellas se presentaron a hacer deposiciones sólo después de que el tribunal así se lo ordenó amenazándolas con considerar su negativa como desacato al tribunal.
“Las testigos dejaron bien en claro que no querían declarar, y que sólo se habían presentado a la definición porque ‘el Estado’ había amenazado con encarcelarlas”, escribió Pérez. Ellas llamaron luego por teléfono al abogado de Brady —lo cual es extremadamente inusual— y alegaron lo mismo, lo cual llevó al abogado a informar a la fiscalía que había estado en contacto con las testigos.
La fiscalía había decidido que “no se ofrecería” a Brady y Jean acuerdos extrajudiciales sin tiempo de cárcel. Pero después de que Brockington, Scott y Robinson cambiaran sus testimonios, “el Estado no tuvo otra alternativa” que ofrecer libertad condicional a Jean.
Para cuando llegó el momento del juicio de Brady, las tres testigos “se negaron a hablar con el Estado para cualquier tipo de preparación previa al juicio”, escribió Pérez. Incluso después de que la fiscalía leyó a Brockington su declaración en el caso, ella dijo que “eso no le refrescaba la memoria”.
La fiscalía no se arriesgó a que lo mismo sucediera con Scott y Robinson. Ellos se dieron cuenta de que el testimonio de Jean en contra de Brady no sería suficiente porque él alegó que en ningún momento había visto a Brady llenando boletas realmente, sólo con ellas en la mano y con un bolígrafo también en la mano.
“En base al testimonio del testigo, aunque claramente falso”, escribió Pérez, “el Estado no pudo proceder”.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2016, 6:48 p. m. with the headline "Un caso de fraude electoral en Miami que se le escapó a la justicia."