Cuba

El Cometa Cubano, de un barrio de Miami al Salón de la Fama. Documental de ESPN rescata su historia

Cuando Carlos Álvarez recuerda uno de sus juegos en el equipo de la Universidad de la Florida, en Gainesville, donde se convirtió en una estrella del football universitario, resalta un detalle. “Perdí tres dientes, pero cogí la bola”, dice “El Cometa Cubano”, que es como lo apodó entonces un reportero, para describir su rapidez como jugador y el hecho de que era cubano, algo poco común en el norte de la Florida en 1969, y más aún en un equipo de football.

Ese joven de casi seis pies de altura y 180 libras no había llegado para rendirse, y el incidente de los dientes no iba a detenerlo. En el partido contra la Universidad de North Carolina quedó fuera durante dos jugadas, pero luego regresó al terreno y continuó, contó Álvarez a el Nuevo Herald a propósito de un documental sobre su vida, The All-American Cuban Comet, que estrena y presenta en varias ocasiones esta semana SEC Network, de ESPN.

El documental, que como describe su director, Gaspar González, es una historia de inmigrantes, de éxito, pero también de enfrentamiento al racismo y de lucha por ser aceptado de alguien que es diferente, llega en un momento clave por las recientes polémicas por la participación de atletas en diversas formas de protestas políticas.

“Si te callas, estás diciendo que eso está bien”, es una de las frases de condena a quienes guardan silencio ante las injusticias que Álvarez, hoy un prominente abogado, dice en el documental.

Álvarez señaló que su entrada en 1968 a la Universidad de la Florida tuvo de trasfondo acontecimientos como la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King y las luchas por los derechos civiles. La llegada al equipo de los primeros jugadores afroamericanos, Willie Jackson y Leonard George, no se produjo hasta 1970. Esta situación siempre molestó a Álvarez, que veía que él, que ni siquiera era ciudadano norteamericano, podía jugar, y que los afroamericanos, que eran enviados a combatir en la guerra, no podían formar parte del equipo.

Carlos llegó a Estados Unidos con su familia en 1960 cuando tenía 10 años, y se había acostumbrado a ser único en muchos aspectos. Vivían en North Miami, alejados de los cubanos que solían establecerse en la Pequeña Habana y otros vecindarios más al sur. En su escuela primaria nadie hablaba español y Carlos, que no hablaba inglés, tuvo la suerte de encontrarse una maestra, “un ángel guardián” como la llama, que se dio cuenta que él le llevaba dos años de adelanto al grupo en matemáticas.

“Ella me mandaba a la pizarra a hacer ejercicios de matemáticas y eso me daba confianza”, recordó Carlos, que había estudiado en el colegio de La Salle en La Habana y estaba fuerte en esa materia.

Para la familia Álvarez no habría vuelta atrás. A diferencia de otros cubanos, ellos no soñaban con las próximas Navidades en La Habana. Al llegar a Estados Unidos, su padre, un abogado que había sido compañero de estudios de Fidel Castro, les dijo que se quedarían aquí, que había que aprender inglés y mirar hacia adelante.

Carlos Álvarez recibe su primer trofeo como jugador de football, una pasión que en sus comienzos desarrolló para convertirse en norteamericano.
Carlos Álvarez recibe su primer trofeo como jugador de football, una pasión que en sus comienzos desarrolló para convertirse en norteamericano. Cortesía Carlos Alvarez

Precisamente para encajar en su nuevo entorno, Carlos, que le encantaba el béisbol y tenía como ídolo a una de sus leyendas, Orestes Miñoso, comenzó a jugar al football. Al destacar en este deporte, que a medida que más lo jugaba, más le apasionaba. Se ganó una beca para ir a la Universidad de la Florida, donde sus dos hermanos mayores, César y Arturo, estudiaban leyes.

Con el tiempo, César Álvarez se convirtió en el director ejecutivo de uno de los bufetes más importantes del país, Greenberg Traurig, y Arturo, fallecido el año pasado, desarrolló también una destacada carrera y fue fundador de la Cuban American Bar Association (CABA), en 1974.

Un cubanoamericano de éxito

Gaspar González señala que dos aspectos de su biografía en común con Álvarez lo llevaron a indagar más en su historia y a filmarla. Como el abogado y estrella del football, González se crió en North Miami, y también fue a la Universidad de la Florida, solo que dos décadas después, en una época muy distinta a la de Alvarez, que como él recuerda, a finales de los años 1960 todavía imperaba la segregación, y los afroamericanos tenían que tomar en bebederos e ir a baños separados.

“De los muchachos que vinieron de Cuba y se terminan de criar en Miami, el primero que es conocido fuera de aquí es Carlos Álvarez”, dice González. “Estaba en todas las revistas y periódicos nacionales de deportes, y en la radio se hablaba de él”.

El documentalista ejemplifica el impacto que tuvo Álvarez en los cubanos de esa época con un telegrama que encontraron entre los papeles del abogado cuando estaban preparando el documental. Los trabajadores cubanos de la Western Union en el downtown de Miami le habían enviado un telegrama diciéndole a Álvarez lo orgulloso que estaban de sus logros.

Al final de su segundo año, ya el joven, que era wide receiver, había conseguido establecer récords importantes en el juego y había sido seleccionado entre los mejores jugadores de la Southeastern Conference (SEC) y además entre los más destacados de todas las universidades del país.

Álvarez también fue elegido para continuar una carrera como profesional con el equipo de los Dallas Cowboys, pero una lesión en la rodilla le impidió continuar. El football lo perdió pero fue a estudiar leyes con una beca a Duke University, donde continuó destacándose por sus resultados académicos.

Carlos Álvarez (der.) recibe el premio por excelencia profesional y en el deporte de F.A.C.E (Facts about Cuban Exiles) junto a su hermano el abogado César Alvarez (izq.) y el empresario y filántropo Mike Fernández, en mayo el 2019, en Coral Gables.
Carlos Álvarez (der.) recibe el premio por excelencia profesional y en el deporte de F.A.C.E (Facts about Cuban Exiles) junto a su hermano el abogado César Alvarez (izq.) y el empresario y filántropo Mike Fernández, en mayo el 2019, en Coral Gables. AETPHOTO715

En una carrera de 40 años ha sido abogador mediador, y ha defendido causas relacionadas con el medio ambiente.

En 1986 entró al Salón de la Fama de la Universidad de la Florida y en el 2011 al del football universitario.

“Me convertí en jugador de football para ser americano, pero a los 19 años me di cuenta que podía ser americano y también cubano”, dijo Álvarez, que cuando regresaba a Miami se sentía orgulloso de lo que habían conseguido sus compatriotas.

Ahora considera que si puede inspirar a un niño como en su caso lo hizo Miñoso —aunque no estoy en su “liga”, aclara con modestia— ya se siente satisfecho.

The All-American Cuban Comet se transmite por SEC Network, de ESPN, martes 27 de octubre, 8:30 p.m.; miércoles, 28, 10:30 a.m.; jueves 29, 9:30 p.m.; domingo, 1 de noviembre, 12 p.m. ET

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de octubre de 2020, 5:45 p. m. with the headline "El Cometa Cubano, de un barrio de Miami al Salón de la Fama. Documental de ESPN rescata su historia."

Sarah Moreno
el Nuevo Herald
Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University. @SarahMoreno1585
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