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El nuevo gobierno no aparece y los españoles se impacientan

Pedro Sánchez, izquierda, líder del PSOE, habla con Pablo Iglesias, líder de Podemos el pasado miércoles en Madrid.
Pedro Sánchez, izquierda, líder del PSOE, habla con Pablo Iglesias, líder de Podemos el pasado miércoles en Madrid. AP

Pablo Iglesias, líder de Podemos, resumió sus esfuerzos por hacer posible “un gobierno de cambio y de progreso” en España encabezado por la izquierda con una oración: “Algunos compañeros me dicen que cedemos demasiado, pero en política hay que ser generoso”.

Tras los resultados de las elecciones de diciembre, en las que ningún partido consiguió suficientes escaños en el Parlamento para formar gobierno, tanto las organizaciones tradicionales (Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español) como los partidos emergentes (Podemos y Ciudadanos) han estado enfrascados en negociaciones buscando evitar una nueva convocatoria a elecciones.

La jugada ahora parece ser “de Podemos a cedemos” para que los otros (PSOE y Ciudadanos) también hagan concesiones. “Nosotros ya hemos cedido. Espero que los demás estén a la altura”, declaraba Iglesias, quien instó al líder del PSOE, Pedro Sánchez, a unir fuerzas con otras organizaciones minoritarias como Compromís e Izquierda Unida para sumar 161 escaños.


Esta ecuación necesitaría la abstención de Ciudadanos o de las fuerzas independentistas, pero Sánchez considera necesario que participe Ciudadanos y conseguir así el respaldo de 199 escaños y 15 millones de votos.

Este fin de semana Podemos ha decidido que serán sus bases, unos 400,000 simpatizantes, quienes tendrán la última palabra sobre un posible pacto que facilite un gobierno encabezado por Sánchez.

Queda menos de un mes para evitar nuevas elecciones en España. Si en la última semana de abril no ha habido un acuerdo, los españoles llegarán a la fecha límite del 2 de mayo sin gobierno y se convocará a nuevas elecciones.

Según una encuesta difundida este fin de semana en El Español, el 80% de los españoles no quiere nuevas elecciones. En un sondeo de El País se perfilan unos resultados similares a los actuales, si los españoles volvieran a votar el 26 de junio. Todas las encuestas anticipan una pérdida de votos en la izquierda, motivada por una mayor abstención. Podemos parece perder fuelle y, según el sondeo de El Español, es el partido cuya valoración ha empeorado más.

Las divisiones internas en Podemos, la difícil coexistencia con las “mareas” o formaciones aliadas, y la incertidumbre de unas nuevas elecciones, han llevado a Iglesias a afrontar esta semana su encuentro con Sánchez desde una perspectiva más humilde.

 

Captó la atención mediática regalando a Sánchez un libro sobre la historia del baloncesto español, una pasión que comparten. En la dedicatoria Iglesias le decía a Sánchez: “Es bueno empezar por lo que nos une”.

El líder de Podemos ha renunciado a ser vicepresidente en un gobierno liderado por el socialista Sánchez con el argumento de que los socialistas le veían con recelo y no quería ser un obstáculo a un gobierno de cambio en España.

Una hábil maniobra pues renunciaba a algo que nadie le había ofrecido. Aún así, su antiguo escudero, Juan Carlos Monedero, comentaba que Iglesias estaba cediendo demasiado con este paso. Más relevantes fueron otras cesiones: levantó su veto a negociar con Ciudadanos, siempre que sea para que esta formación liberal se abstenga y facilite un gobierno de izquierda.

Y también dejó de lado la exigencia de un referéndum en Cataluña, asunto que quiere que aborden las fuerzas de izquierda catalanas. A estas cesiones públicas hay que sumar: una reforma fiscal menos ambiciosa; derogar solo la reforma laboral del PP, y no la del PSOE; rebajar la velocidad de la reducción del déficit; y limitar el plan de gasto público a 60,000 millones de euros.

El Banco de España comienza a mostrar urgencia para que haya nuevo gobierno por temor a una desaceleración de la economía y la Comisión Europea ha hecho saltar las alarmas por el déficit de 5.16%, una mochila que será dura de asumir para el nuevo gobierno, sea el que sea.

Por lo pronto, Sánchez ya firmó con Albert Rivera, líder de Ciudadanos, un programa de 200 medidas que quieren poner en marcha como gobierno de coalición.


“Ese documento lo suscribiría el 80% de los españoles, y también el PP. Estoy convencido de que no habrá elecciones porque a nadie, salvo a (Mariano) Rajoy le conviene ese escenario. Muchos en el PP también quieren que Sánchez gobierne para que haya una regeneración interna y se vaya Rajoy”, afirma Álvaro Nieto, subdirector de la revista Tiempo.

Nieto asegura que lo que necesita Sánchez es que le faciliten la investidura (con la abstención de Podemos o la del PP, incluso). “Podemos se abstendría si Ciudadanos no participa directamente en el Gobierno y de ese modo Podemos seguiría haciendo oposición desde la izquierda. Así el PP podría regenerarse e incluso apoyar luego las leyes promovidas desde el Gobierno de Sánchez”.

Para Carlos Salas, columnista en La Información y experto en economía, Podemos pretende demostrar que si hay un fracaso, no es por su culpa. “Las empresas han paralizado sus inversiones hasta saber qué ocurre y, como ha dicho el ministro Luis de Guindos, a los mercados les preocupa más Podemos que Cataluña. Los inversores quieren saber si cambian las reglas del juego y una fundamental es la reforma laboral”, explica Salas, quien cree que Podemos sufre un debate crucial pues es posible que nunca vuelva a estar tan cerca del poder.

Sin embargo, como escribía Enrique Gil Calvo en un artículo en El País, Podemos “no es un partido como los demás, sino que se arroga la capacidad de conjurar las fuerzas populares de toda la colectividad. Su modelo mediático es un superhéroe colectivo dotado de poderes excepcionales”.

Esta fuerza le impide, según su propia lógica, participar en una coalición clásica. Sin embargo, si le conviene evitar nuevas elecciones, podría abstenerse para que Sánchez fuera presidente del gobierno. Cedería de momento el “trono” a los socialistas, a los que Iglesias sueña con vencer en las urnas. Pero el juego de tronos no habría terminado y daría la batalla en el Parlamento.

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