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La exportación de pandillas latinas a España

Miembros de las fuerzas especiales policiales españolas controlan el área donde ocurrió un robo por parte de una pandilla, en Sevilla, en el sur de España.
Miembros de las fuerzas especiales policiales españolas controlan el área donde ocurrió un robo por parte de una pandilla, en Sevilla, en el sur de España. AFP/Getty Images

La historia se repite año tras año: niños que han quedado al cuidado de familiares porque sus madres han emigrado al extranjero. Un desarraigo familiar cargado de soledad. Una senda que ha llevado a muchos jóvenes latinoamericanos a buscar el amor de su familia ausente en la calle, junto a una pandilla. Al menos, esta es la radiografía de cientos de chicos que han llegado a España reagrupados por sus progenitores.

Es el caso de ‘Veterano’, apodo de este joven dominicano de 21 años, quien llegó a Madrid en 2009. Aterrizó en un país ajeno. De gente extraña, de cultura y sabores diferentes. A un mundo que no era el suyo.

A sus tiernos cinco meses de vida, su madre emigra a Madrid, dejándolo a él y a sus dos hermanos en Santo Domingo al cuidado de unos familiares. De su padre no habla, pues nunca lo conoció. Y a su madre la fue conociendo desde la distancia, por las dos veces que ella viajó a Santo Domingo para visitar a sus retoños.

Con solo nueve años, en las calles de Santo Domingo, Veterano conoce a unos pandilleros que le invitan a unirse a su grupo. Chicos que ven un espejo de su propia vida en sus “panas”, pues, como Veterano, muchos de sus progenitores han emigrado a EEUU o Europa.

Con ellos, Veterano se siente arropado. Jura lealtad, un vinculo de profundidad que no se rompe el día que su madre lo trae, con 13 años, hasta España. Pues, aquí hay una red de la banda Trinitarios.

Una tarde de Jueves Santo, en el centro de Madrid, mientras fervientes católicos y curiosos emergían por las calles para ver las tradicionales procesiones de Semana Santa, Veterano charla con el Nuevo Herald.

“Cuando llegué fue todo extraño, nueva cultura y gente, yo quería estar con mi mamá, quería su cariño, amor, todo”, cuenta.

Pero ella tenía poco tiempo. Trabajaba limpiando casas, y al llegar solo quería descansar. En aquella época “yo conocí a amigos y a gente en la calle, me arrimé más a ellos. Y fueron supliendo el cariño que no me daba mi madre”, explica el joven, de pelo rizado, con un pañuelo en la cara.

Con voz suave y un acento caribeño que lo lleva a arrastrar las ‘r’, aclara que prefiere no quitarse el paño. Aunque haya accedido hablar, no se siente confiado. Hace dos días pasó la noche en una comisaría de policía. Y sus papeles de residencia están caducados. El gobierno le ha rechazado la renovación por tener antecedentes penales. Por lo que ahora mismo se encuentra en un limbo legal, que no le permite trabajar ni estudiar.

El germen de las bandas en España

El fenómeno de las bandas latinas se formó en España junto a la masiva llegada de inmigrantes de Latinoamérica a principio del 2000. El 14 de febrero de ese año, el ecuatoriano Éric Javier Velasteguí Jara fundó los Latin Kings. Velasteguí está cumpliendo pena en la cárcel. Y su agrupación debilitada.

Así también de fragmentada está la agrupación de los Ñetas, otra de las bandas que ha estado en el foco noticioso por mucho tiempo, en la que la mayoría de sus integrantes son de origen ecuatoriano, pero que últimamente han dado poco de que hablar. Ambas agrupaciones, al ser las primeras bandas latinas en España, han tenido una fuerte persecución policial. Incluso los Latin Kings trataron de reformarse como asociación en Barcelona, algo que no terminó de funcionar.

Sin embargo, a mediados del 2000, mientras los Latin Kings y Ñetas perdían fuerzas, crecían las agrupaciones Dominican Don’t Play (DDP) y Trinitarios. Anteriormente, las bandas se identificaban por su look pandillero. Pero actualmente han ido cambiado la vestimenta para pasar inadvertidos.

La investigadora y experta en inmigración, Rosa Aparicio, del Instituto Universitario José Ortega y Gasset, explica que “la situación ha cambiado bastante. Las bandas latinas han estado calladas por la acción policial, y eso llevó a que muchos pandilleros estuvieran desaparecidos”. Agrega que en la actualidad “los DDP y Trinitarios han conseguido subsistir”. Aparicio dice que en parte es lógico que muchos de estos jóvenes se unan a las bandas pues “han salido del sistema escolar y muchos de sus padres (por la fuerte crisis económica que ha azotado a España desde 2009) están sin empleo”. Así también asegura que “los dominicanos han venido tarde, con 14 o 16 años, por lo que les ha costado adaptarse”.

El gobierno español ha aplicado, con mano firme, órdenes de expulsiones para muchos de estos jóvenes. Procesos que varían en función del origen de los integrantes de las bandas latinas. Si son foráneos, se aplica la Ley de Extranjería y si nacieron en España, la de Seguridad Ciudadana.

Recientemente, Madrid ha sido el escenario de algunas reyertas. Peleas por rivalidades entre las propias bandas, que, defienden territorio de acuerdo al barrio. Manejan cuchillos caseros, cadenas o machetes, alguna que otra pistola, aunque no suele ser habitual por lo dificultad de conseguir armas de fuego.

En una de estas disputas, un joven dominicano de 15 años falleció apuñalado en la Puerta del Sol, en pleno corazón de Madrid, el pasado 7 de marzo. Noticia que levantó todas las alarmas.

Según estadísticas de Ricardo Gabaldón, jefe del grupo de bandas latinas de la Brigada de Información, solo en Madrid residen alrededor de 350 integrantes de bandas latinas. Las detenciones no han dejado de sucederse en los últimos tres años y suman más de 1,500, la mayoría por reincidencia.

Una puerta sin salida

Veterano justifica su afiliación a la banda porque “nosotros venimos del tercer mundo, de países bajos, y por algo nos reunimos en el mismo sistema”. Añade que las autoridades españolas “deberían estar más pendientes de los yihadistas, ellos sí son peligrosos. Yo no me considero de banda, me considero de una familia”, dice.

Con respecto al terrorismo islámico y las bandas latinas, el político español César Mogo, quien fuera jefe de gabinete de la secretaria de Estado de Inmigración durante el gobierno del partido socialista (PSOE), explica que, por la vulnerabilidad de estos jóvenes, teme que “puedan caer en manos de redes yihadistas, quienes reclutan a personas en Europa”.

De hecho, según datos de la policía, desde España ya han salido más de 150 personas para recibir entrenamiento en Siria.

Sin embargo, Veterano niega cualquier vinculación con un grupo islámico, aunque reconoce que los barrios donde se mueven las bandas latinas son zonas de fuerte penetración de inmigrantes, entre ellos, muchos marroquíes, el segundo colectivo de inmigrantes más numeroso en España, con 749,000 personas. Los ecuatorianos son el grupo más representativo de Latinoamérica con 176,000 habitantes. Seguidos por los colombianos, 151,000. Y de República Dominicana hay 75,000 registrados, según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

El joven dominicano insiste en que no tiene interés de regresar a vivir a Santo Domingo, pese a que no trabaja ni estudia en Madrid. Y de lo poco que logra, “lo consigo en la calle”, explica. Porque si “me llegaran a deportar, debería seguir en la banda allí. Uno es trinitario hasta la muerte”.

Asimismo se conoce que muchas de las bandas latinas menudean con el microtráfico de drogas. Muchos de estos jóvenes reparten hachís por España. Un túnel de difícil escapatoria, ya que en España más del 50 por ciento de los menores de 25 años se encuentran sin trabajo, siendo el país con más jóvenes desempleados de Europa.

Veterano sabe que le ha dado más de un dolor de cabeza a su madre. Ellos dos están solos en España, tras la muerte de la abuela, y por el regreso a República Dominicana de sus hermanos. Después de que falleciera su abuela por un cáncer de útero, quien llegó a Madrid desde Nueva Jersey, el chaval ha querido asentar cabeza.

“Me hace mucha falta mi abuela”, dice, besando una medalla de la virgen de Altagracia.

Aunque agradece que en la banda aprendió “a caminar por la calle, no a lo palomo, sino que humildemente. Si yo no hubiera conocido a esa gente, mi coro, lo hubiera pasado muy mal. Cuando llegué a España sufrí de bullying. La banda me protegió”, dice.

De momento “estoy tratando de reinsertarme en la sociedad. Aunque sabes que te digo, nunca dejas de ser Trinitario. Por la calle los rivales te pueden reconocer, te ven y le dan al caco y te pueden apuñalar. Espero Dios me dé vida”, enfatiza.

Con un suspiro, aclara: “Yo bailo de todo, menos salsa”.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de abril de 2016, 1:45 p. m. with the headline "La exportación de pandillas latinas a España."

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