Todos los caminos de Trump conducen a Rusia
Lo que hay detrás se sabrá con el tiempo. Lo que ahora sabemos es que en la última semana Donald Trump ha actuado como un amigo de Putin y como un enemigo de la CIA, la agencia que simboliza el poderío americano alrededor del mundo. No contento con atacar a los espías de Langley y desestimar su informe sobre la intervención de Moscú para ayudarle en las elecciones, Trump ha doblado el desafío nombrando a un íntimo del Kremlin como secretario de Estado, Rex Tillerson, jefe de Exxon Mobil. Un gran regalo para Vladimir, con quien el petrolero lleva años haciendo negocios de billones de dólares, por los que el zar le condecoró en 2013 con la “medalla de la amistad”.
Y una gran interrogante para los ciudadanos de Estados Unidos: ¿Está dispuesto Trump a sacrificar el trabajo de los servicios de inteligencia para congraciarse con Putin? ¿A qué se debe su extraña admiración al líder ruso? ¿Hacia dónde piensa llevar al país? ¿Cuáles son sus verdaderas prioridades?
Esta última pregunta es la clave de todas las demás, dado el enorme conflicto de intereses que representan sus cientos de empresas y socios alrededor del mundo, incluida Rusia, de donde su hijo Donald Jr dijo en 2008 que “provienen una desproporcionada cantidad de nuestros activos. Nos llueve mucho dinero desde Rusia”. Gran parte de las respuestas se halla en los impuestos que el presidente electo se niega a revelar.
Al igual que se niega a aceptar verdades que contradicen su versión de la realidad. “Es ridículo, no me creo que los rusos hayan interferido [en la elección]. Es otra excusa”, ha declarado Trump. Y además “soy listo y no necesito recibir a diario los intelligence briefings de la CIA”, los resúmenes diarios de las amenazas globales, que históricamente han guiado la política de los ocupantes de la Oficina Oval.
No parece muy “listo” entrar en rumbo de colisión con los profesionales de inteligencia de los que va a tener que depender para decisiones trascendentales. Y encima por defender a un declarado adversario de EEUU como Putin, cuando lo que debería hacer es denunciar el ciber-sabotaje ruso contra lo más sagrado de nuestra democracia, y ordenar una exhaustiva pesquisa. Es lo que cabe esperar de un mandatario de Estados Unidos (Obama ya lo ha hecho), que en el caso de Trump sería además la única forma de eliminar la sombra de Rusia que ya planea sobre su presidencia.
Quienes sí se han tomado muy en serio el informe de la CIA son los líderes republicanos de ambas cámaras del Congreso que, en un acto de distanciamiento de Trump, han anunciado una investigación conjunta con los demócratas sobre el ciber-sabotaje electoral. El senador Mitch McConnell y el congresista Paul Ryan le advierten así que con la seguridad nacional no se juega. “Los rusos no son nuestros amigos”, reitera McConnell. Añade Ryan: “La intervención de Rusia en nuestras elecciones es inaceptable. Rusia siempre ha sido un agresor que socava nuestros intereses”.
McConnell y Ryan son parte de un creciente frente de resistencia a los impulsos autoritarios del presidente electo. Le están tomando las medidas, y él a ellos también. Trump no parece apreciar a los perritos falderos, como muchos habían pensado. Y si no que le pregunten a los “leales” Giuliani, Christie y Gingrich, a quienes ha dejado sin un triste cargo de consolación a pesar de que fueron sus únicos apoyos cuando todos los republicanos le huían. (Tomen nota los trumpistas que ha depositado en él esperanzas ciegas).
El Congreso sí ha tomado nota y su mensaje al próximo inquilino de la Casa Blanca parece ser “nada de cheques en blanco”. El primer test de ese rejuego de poder será la confirmación de Tillerson en el Senado. Ya los senadores John McCain y Marco Rubio cuestionan sus vínculos con Putin. “Ser amigo de Vladimir no es un atributo”, ha recalcado Rubio en un twitter. Y McCain ha sido todavía más duro: “No veo cómo alguien puede ser amigo de un matón, asesino y agente de la KGB”.
Deben darle una audiencia justa pero también interrogarle rigurosamente. ¿Va a abogar Tillerson como ha hecho en el pasado a favor de levantar las sanciones a Rusia? Si se levantaran Exxon ganaría billones de dólares en acuerdos que quedaron paralizados por las sanciones de Obama y la Unión Europea. En concreto un acuerdo para extraer petróleo de Siberia representaría $500,000 millones y, de paso, una bonanza para los $218 millones que posee Tillerson en acciones de Exxon.
En momentos en que Putin financia los movimientos populistas europeos, con el fin de crear un efecto dominó que rompa la Unión Europea y la OTAN, EEUU es el único que puede frenar sus anhelos imperialistas, por eso es tan inquietante el alineamiento de Trump con los intereses del Kremlin. Cambia el orden internacional que ha regido desde la Segunda Guerra Mundial. Y por eso es vital el papel del secretario de Estado. ¿Por qué Trump se ha decidido finalmente por Tillerson? Lo que le diferenciaba del resto de los contendientes son sus excelentes relaciones con Moscú, mientras que los otros (Giuliani, Petraeus, Romney y Corker) tenían en común lo contrario: ser muy críticos con la Rusia de Putin.
Dicho esto, en una democracia siempre hay que conceder el beneficio de la duda. Pero de momento todos los caminos de Trump conducen a Rusia.
Periodista y analista internacional.
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Esta historia fue publicada originalmente el 14 de diciembre de 2016, 11:58 a. m. with the headline "Todos los caminos de Trump conducen a Rusia."