Opinión

Los tres caminos de Trump para el 2017

El presidente electo, Donald Trump, junto a su esposa, Melania, habla con reporteros durante una fiesta de víspera de Año Nuevo en su propiedad de Mar-a-Lago, en Palm Beach.
El presidente electo, Donald Trump, junto a su esposa, Melania, habla con reporteros durante una fiesta de víspera de Año Nuevo en su propiedad de Mar-a-Lago, en Palm Beach. AP

La ruta que tome Donald Trump en el 2017 puede marcar el destino de EEUU. Entre las opciones que tiene a mano resaltan tres. Un primer camino sería el que recientemente asomó como presidente electo cuando con mano firme objetó el costo del futuro avión presidencial y cuando retuvo 1000 empleos en EEUU, que se perderían por una mudanza a México. Otro camino sería si efectivamente cumple con creces todas sus promesas electorales. Y un tercer camino sería un atajo de los dos anteriores, que en cualquier caso es mejor que no hacer nada.


Al parecer Trump ha reconocido que muchos de los preceptos demócratas son beneficiosos para el país, o sea, se pueden hacer negocios sin desangrar a la nación, se pueden expandir las sucursales sin perjudicar a los empleados, se puede proteger la frontera sin discriminar a los inmigrantes, se puede lograr una atención médica de calidad sin arruinar a las aseguradoras, etc., etc.

Ese sería el primer camino que tomaría Trump, sin permitir interferencias de cualquier índole, ni de familia, amigos, partidos, ni menos aún de gobiernos extranjeros. Todo se haría en función de mejorar al país, robusteciendo el dólar, creando empleos e incrementando el crecimiento económico.

Desde el 2009 el desempeño empresarial ha sido espectacular toda vez que las ganancias corporativas aumentaron un 144% (FactCheck.Org), amparadas por un extraordinario crecimiento del 167% en el índice bursátil S&P 500. Tal vez por estas cifras, los sectores más acaudalados del país respaldaron la candidatura demócrata en las pasadas elecciones. Y quizás por esta realidad, Trump está adoptando muchas de estas posturas para su futura gestión presidencial.

La segunda opción que tiene Trump, sin duda, es un camino más espinoso, si es que pretende llevar a cabo sus promesas electorales.


Establecer un sistema de deportaciones programadas para más de 11 millones de inmigrantes indocumentados supone un gasto enorme de recursos; infinidad de litigios legales, construcción de cárceles a granel, incremento de la fuerza policial, elaboración de un plan logístico descomunal, etc., etc.

La muy pregonada elevación de un muro entre México y EEUU sería un gasto irrazonable ya que a partir del 1ro de diciembre 2016, Canadá volvió a eliminar el visado para los mexicanos; ello significa que ahora se abra otra puerta de entrada a EEUU.

Por supuesto, sería un exabrupto si Trump propone también hacer un muro entre Canadá y EEUU. Esa sería la antesala para la construcción de muros acuáticos con la finalidad de proteger la frontera marítima, por ejemplo contra una estampida de cubanos temerosos de perder su beneficio inmigratorio.

Todo esto terminaría por convertir a EEUU en un país amurallado.


La amenaza de aumentar el arancel a las importaciones mexicanas y chinas no harían sino aislar a EEUU, cuya tasa de crecimiento sería nula o negativa si su comercio exterior se viera limitado a un desventajoso intercambio comercial con el Reino Unido y la Unión Europea, además de la nueva propuesta que pueda ofrecer Rusia. Adicionalmente, establecer una guerra comercial con México y China tendría como resultado el aumento del índice de precios al consumidor en EEUU, es decir, el 98% de los productos que consumimos en EEUU tendrían precios mucho más elevados.

La disminución de impuestos propuesta por Trump al sector más pudiente, hará que aumenten las inversiones en la Bolsa, sin que esto tenga una contrapartida en la manufactura doméstica, en otras palabras, sucedería lo mismo que en la etapa del binomio Reagan-Thatcher cuando se hizo algo similar; hubo grandes negocios, pero el crecimiento económico del país fue cero (0) durante ese período.

Un tercer camino que puede adoptar Trump sería una combinación de los dos previos, o sea, lo mejor de ambos.


Por ejemplo, desde el 2009 la producción de armas de fuego ha aumentado un 134% (FactCheck.Org). Si se infiere que la proliferación de armas es causal del incremento de la criminalidad y el terrorismo, debería limitarse la posesión de ellas en manos del público, muy a pesar de la influencia de esa industria.

En el mismo período, la generación de energía solar y eólica aumentó un 342%. Y Trump, con su visión empresarial, debería invertir masivamente en ese sector, favoreciendo así a la población ya que reduciría la factura eléctrica y el consumo de combustible. Todo esto aún a pesar de la tenaz oposición de las petroleras, que insisten en la producción de crudo entorpeciendo en consecuencia el desarrollo del automóvil eléctrico.

Este punto parece improbable en vista de la reciente nominación de Trump para secretario de Estado. En efecto, Rex Tillerson es CEO de la mayor petrolera del mundo (Exxon-Mobil) y desde el 2011 ha creado 11 corporaciones con la mayor petrolera rusa para la exploración y explotación de crudos. Esto, en teoría, clarifica la intención de Trump en esta materia.


Adiós por ahora al automóvil eléctrico.

Como vemos, Trump tiene tres caminos a elegir. Depende del que tome, será una leyenda o una pesadilla. En su equilibrado juicio está el destino de la gran nación americana.

Economista y periodista.

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