Las protestas contra el presidente electo
Recientemente, después de la elección presidencial, se han estado viendo diferentes tipos de marchas y protestas en varios estados de la Unión. Una multitud de personas provenientes de un nutrido grupo de organizaciones diversas han conformado la mayoría de los marchantes.
Lamentablemente, se han observado indicios de vandalismo, como vidrios rotos, fuegos callejeros, objetos lanzados, etc. Muchos dirían: “Todas las manifestaciones son parecidas, en ocasiones hasta pérdida de vidas humanas entran en escena”.
Pero pensemos, ¿acaso esta es una manifestación cualquiera? No, es una protesta por el triunfo de Donald Trump.
Todos tienen el derecho constitucional de protestar pacíficamente, en especial aquellos grupos que puedan sentirse indignados por la victoria de alguien que los ofendió abiertamente. Sin embargo, es importante y necesario destacar que aunque el Partido Demócrata apoya muchas de las causas, que amparadas en una justicia económica y social, puedan manifestarse públicamente, no necesariamente esto significa que sea el propio partido el que estimule o promueva dichas protestas, es decir, las organizaciones por sí mismas han tomado la iniciativa de protestar.
Incluso, no solo hay organizaciones protestando, también hay personas totalmente ajenas al proceso, como son delincuentes comunes, encapuchados, comunistas y otros caimanes del mismo pozo que en nada representan al Partido Demócrata.
Por situaciones como esta y por la ausencia de un liderazgo eficaz y unido en la dirección partidista, es que ha venido observándose un sostenido declive en distintos eventos electorales desde el año 2008. Según el investigador de Harvard y doctor en Ciencias Políticas Carl Klarner, los demócratas, desde entonces, han disminuido sus victorias así: Senado federal 10.2%, Congresistas 19.3%, Legislaturas 20.3% y Gobernaciones 35.7%.
Referente a las protestas, desde el punto de vista psicológico, los votantes y la población en general pueden percibir en forma errónea que el Partido Demócrata es quien protesta. Y realmente no es así, tal y como se apreció recientemente cuando el presidente Obama invitó a la Casa Blanca a su sucesor, a fin de propiciar una etapa conciliatoria, muy beneficiosa en estos momentos de tensión.
¿Significa esto que todo es una hipocresía, o sea, que primero se insultan amenazadoramente y después se abrazan? No, es que tradicionalmente ha funcionado así. Hay que aplacar las tensiones para que el país continúe en la normalidad y no se destape una espiral de violencia con insospechadas consecuencias, sin que esto signifique que no se ejercerá una oposición normal en su oportunidad.
Ya el Presidente de EEUU dio un primer paso adelante.
Ahora le corresponde a Donald Trump apaciguar los ánimos caldeados. Parecería lógico que el magnate asuma esta posición. Sería una actitud propia de un estadista preocupado por su nación, a menos que las protestas en sí estén manipuladas y persigan un objetivo maquiavélico, por ejemplo, una justificación para empezar con deportaciones masivas en los primeros 100 días de gobierno.
Ojalá no sea así y se logre un consenso nacional. Eso esperamos por el bien de los Estados Unidos de América.
Economista y periodista.
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Esta historia fue publicada originalmente el 14 de noviembre de 2016, 3:23 p. m. with the headline "Las protestas contra el presidente electo."