Nuestros guerreros de despacho
Desprecio los guerreros de despacho, particularmente los que pululan por la Casa Blanca. Son civiles que nunca han sido soldados ni han estado cerca de un campo de batalla, salvo los que aparecen en videojuegos bélicos y películas de acción.
Sin embargo, son más agresivos que Gengis Kan. Con ligereza irreflexiva justifican operaciones militares estadounidenses de todo tipo, de esas que les cuestan las vidas a los soldados de verdad. Ahora exigen una guerra contra el régimen de Bashar Al Asad. Sin medir las consecuencias, reclaman la intervención masiva como respuesta a un repulsivo ataque con armas químicas perpetrado por Al Asad que ha causado la muerte de varios adultos y niños. (En efecto, el viernes pasado Estados Unidos comenzó a lanzar misiles Tomahawk contra Siria.)
Estos impostores se encuentran en todas las administraciones que conozco haciendo gala de la soberbia que caracteriza a su triunfalismo necio, belicista, sobre todo cuando hablan off the record con periodistas que quieren impresionar.
Un ejemplo reciente de su modus operandi: hace unos días guerreros de despacho identificados como “fuentes anónimas” proclamaban una inminente victoria definitiva en Irak y Siria, la culminación de la “batalla final” que liquidará al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) inaugurando una Pax Americana en el Cercano Oriente. El triunfo contundente que el presidente Donald J. Trump le ha prometido al país. Según esta visión infantil de la naturaleza de las guerras que asolan a Siria e Irak, la destrucción de ISIS es el único objetivo que nos debe preocupar en la región. Aniquilando el califato, aniquilamos la enfermedad letal.
Esta simpleza ignora la realidad del Cercano Oriente. Es como declarar que una persona con un cáncer del páncreas que ha hecho metástasis en el hígado, el peritoneo y los pulmones está “curada” porque los médicos han conseguido eliminar el tumor pancreático.
ISIS no es ni remotamente el único tumor maligno que enferma la región. De momento es el más “operable” y hace falta acabar con él, expulsarlo de Mosul, Raqa y el territorio que desgobierna, despojarlo de sus fuentes de ingresos, eliminar a los terroristas que intentan poner en práctica la inhiyaz ila al-sahraa, “la retirada al desierto” que les permitiría seguir matando a los kuffar, los no creyentes abominables de países musulmanes, Europa y Estados Unidos.
Pero el triunfo contra ISIS no cura al Cercano Oriente de sus otros tumores malignos. El más peligroso de ellos es Irán, una potencia regional que ha impuesto su dominio sobre el gobierno de Irak. Tiene bajo su mando a miles de soldados que pelean en Irak y Siria y aspira a crear un territorio mayoritariamente chíita que se extendería desde Irak hasta las fronteras de Siria y el Líbano con Israel. Después de Rusia constituye el principal sostén del régimen de Al Asad. Con la ayuda de la Rusia de Putin, Teherán ha armado hasta los dientes a Hezbolá, un ejército chíita terrorista que se prepara para hacerle la guerra a Israel en cuanto se lo permita su intervención en Siria. De ahí que el mes pasado Israel haya tomado la decisión justificada de bombardear una base militar cercana a la ciudad de Palmira donde aterrizan aviones rusos cargados de armamento para el ejército sirio y Hezbolá. No es la primera vez, y no será la última, que la fuerza aérea israelí destruye en Siria cargamentos de armas destinadas a Hezbolá, un instrumento de guerra iraní que amenaza la seguridad del Estado judío.
Existen otros tumores malignos en la región, además de Irán, ISIS y Hezbolá. Por ejemplo, Al Qaeda. En estos momentos la banda terrorista juega al largo plazo. Tras adoptar un perfil más bajo ha ido creciendo y consolidándose en una zona de Siria, reclutando yihadistas sunitas inconformes con la estrategia del Estado Islámico.
Al parecer los guerreros de despacho ignoran estos hechos. Mientras tanto, su jefe estrecha los vínculos de Estados Unidos con repelentes monarquías sunitas como la de Arabia Saudita. Es la movida más reciente de la Administración Trump en un Cercano Oriente enfermo de guerras, extremismos, odios confesionales, terroristas y crisis humanitarias. Un Cercano Oriente donde las victorias “definitivas” de Estados Unidos serán casi tan improbables como los deseos que los genios les conceden a los mortales en Las mil y una noches.
Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de abril de 2017, 3:06 p. m. with the headline "Nuestros guerreros de despacho."