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Opinión

Fuego y furia

El líder norcoreano Kim Jong Un (izq.) y el presidente de EEUU, Donald Trump, entablaron la semana pasada un duelo retórico en el que Trump amenazó con lanzar una lluvia de “fuego y furia” contra Pyongyang si continúa amenazando a EEUU con sus misiles.
El líder norcoreano Kim Jong Un (izq.) y el presidente de EEUU, Donald Trump, entablaron la semana pasada un duelo retórico en el que Trump amenazó con lanzar una lluvia de “fuego y furia” contra Pyongyang si continúa amenazando a EEUU con sus misiles. AP

El presidente Donald J. Trump jugó muy mal al golf el martes pasado. Por eso estaba de mala leche cuando le informaron que Corea del Norte había vuelto a lanzarle una amenaza a Estados Unidos. El comunicado norcoreano advertía que el reino de Kim Jong Un tomaría “medidas estratégicas despiadadas, incluidas acciones físicas”, en respuesta a las sanciones económicas aprobadas contra Pyongyang por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Con su reacción encolerizada Trump le subió la parada retórica al régimen comunista. Según el ultimátum del presidente, a Corea del Norte le esperaba un armagedón si volvía a “amenazar” a Estados Unidos. Sin precisar las características de esa amenaza catalizadora, Trump advirtió que el país de Kim Jong Un se encontraría “con un fuego y una furia que el mundo nunca ha visto”. Por medio de esta hipérbole peligrosa, tan parecida a las bravuconadas de Corea del Norte, el presidente trazó su propia “línea roja”, semejante a la línea que Obama garabateó en Siria hace unos años. Como consecuencia de la declaración trumpista los mercados mundiales y gobiernos aliados se preguntaban si EEUU estaba al borde de una guerra nuclear en la península coreana.

Por suerte, al cabo de pocas horas Trump hacía caso omiso del ultimátum y volvía a los hoyos de su campo de golf en New Jersey. De hecho el general Kim Rak Gyom, jefe de la cohetería estratégica de Corea del Norte, comentó que el tiempo excesivo que Trump le dedicaba al golf demostraba que no acababa de entender “la gravedad de la situación”. Y el día después de la advertencia presidencial, Corea del Norte amenazó con atacar la isla de Guam, un territorio estadounidense en el Pacífico. Pero el presidente no dio la orden de lanzar su ataque de furia y fuego. Permitió que el secretario de Estado Rex Tillerson y el secretario de Defensa James Mattis intentaran subsanar el daño que el presidente le había hecho a la credibilidad de Estados Unidos. Así Tillerson y Mattis le aseguraron al mundo que el lenguaje de su comandante en jefe estaba “diseñado para enviarle un mensaje fuerte a Corea del Norte”.

Para los norcoreanos el lenguaje del presidente sería una prueba más de que el aborrecido enemigo yanqui está a punto de atacarlos. Y es posible que en un futuro no muy lejano a EEUU no le quede otra alternativa que la acción militar contra un Pyongyang que se ha ido convirtiendo en una creciente amenaza para la seguridad de Corea del Sur, Japón y los propios Estados Unidos. En el desarrollo de su arsenal nuclear Corea del Norte ha progresado mucho más rápidamente de lo que expertos en Washington calculaban. Por ejemplo, un análisis secreto de la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos (DIA por sus siglas en inglés) concluye que el régimen de Kim Jong Un ha logrado producir una ojiva nuclear miniaturizada. De esas que pueden montarse en misiles balísticos intercontinentales capaces de alcanzar el territorio de EEUU.

Con todo, cualquier operación militar contra Corea del Norte, la variante “fuego y furia” que Trump invoca o un ataque quirúrgico preventivo que supuestamente aniquilaría la infraestructura militar del país comunista, tendría consecuencias imponderables, sobre todo para Corea del Sur y Japón. Una guerra con EEUU supondría la destrucción del régimen de Kim Jong Un pero también asolaría la zona metropolitana de Seúl y le infligiría gravísimos daños a la economía de Corea del Sur, una de las más fuertes de la Tierra.

Antes de recurrir a la acción militar Washington y sus aliados deberían explorar otras opciones. Por ejemplo, convencer a China de la necesidad urgente de controlar a su protegido demencial. Los chinos insisten en que ejercen poca influencia sobre Pyongyang pero mienten descaradamente a fin de ocultar una estrategia peligrosa. Su objetivo es evitar el colapso de Corea del Norte y la unificación de las Coreas bajo la tutela de EEUU al tiempo que buscan debilitar la posición estadounidense en Asia. Este juego chino aumenta el riesgo de una guerra devastadora tanto como los ultimátums insensatos del presidente Donald J. Trump.

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

Esta historia fue publicada originalmente el 12 de agosto de 2017, 1:16 p. m. with the headline "Fuego y furia."

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