A mí me gustan mayores
Bueno, en verdad-verdad, prefiero que tanto parejas como amigos sean más bien contemporáneos pero no podía resistirme a emplear esa frase de la canción de Becky G, Grandes, donde admite su devoción por los hombres mayores, “que me abran la puerta”. Becky G nos dejó a todos encandilados tanto como presentadora de la gala de los Latin American Music Awards, que como artista, interpretando su single y creando un momento de televisión casi tan histórico como aquel en el que Madonna presentó al mundo Vogue en los MTV Awards de 1990. Para mí fue la misma sensación de estar delante de la historia. Becky un pelín más vulgar, o mejor dicho inexperta, amateur y con una escenografía y coreografía de fin de curso que la impoluta sofisticación e ironía de Madonna. Pero es que en el 2017 la imperfección es más valorada que antes. Esa estética de novatos, les gusta muchísimo a los millenials. La limpieza, lo pulido parece una cosa, como dice la propia Becky G, de mayores.
Por eso esta entrega de los Lamas fue un éxito, porque hubo errores, desaciertos casi catastróficos, como si la competencia fuera quien conseguía el mayor descalabro. Alejandra Guzmán llegó vestida como si fuera una novia del amado líder de Corea del Norte, Kim Jong-Un. El paroxismo entre volantes y revolcadas en el suelo de Gloria Trevi, que podría haber acertado en el tono del vestido, un gris perla con un poquito de azul, pero que se dejó llevar por su polémica personalidad y se agachaba cada dos pasos, como si fuera un cisne desorientado. Para mí, tuvo su punto de poesía, de artista, que en el fondo es lo que Gloria Trevi. Pero también tuvo su poco de homenaje a Bjork, la cantante y actriz islandesa que una vez se vistiera de cisne, con un cisne enrollado en el cuello y la cintura. Es que los Latin American Awards son para eso, para ponerse lo que sea al cuello, meter la pata, volverse loco. O loca, o los dos a la vez.
A mí me resulta fascinante que en cada entrega, estos premios los lideran los hombres, al menos lo que pasa en la alfombra roja. Son los que mejor comprenden el rollo de excentricidad que poseen. Por eso, la alfombra morada de los LAMAS fue precisamente Bad Bunny, este inquietante nuevo personaje, que escribe canciones trapp, de alta y controversial vulgaridad y que llegó vestido con un conjunto Gucci profusamente estampado, una especie de jardín de Alicia en el país de las maravillas pero pasado por el huracán Irma. Era un Gucci, cuyo nuevo diseñador Alessandro Michele disfruta difuminando todo lo que puede las fronteras entre lo femenino y lo masculino. Bad Bunny tiene el don de la polémica, sus canciones muchas veces son acusadas de machistas, de una misoginia agresiva pero con ese aspecto de los Latin American Awards volvió a cerrar y abrir muchas bocas, convirtiéndose en un nuevo gurú de la androginia. O quizás, la asexualidad.
Mis amigos que sostienen que los millenials le tienen pavor al sexo y por eso andan enredados en este curioso mundo entre efebos y sirenas para no tener contacto sexual. “No quieren salir despeinados en el selfie. Reservan toda su seducción para esos selfies”, insisten mis amigos. Sin embargo, nunca hubo más sexo y escatología pública que en estos días. Me divierte mucho el Gucci de ahora pero en realidad, no me asusta tanto que se ensucie durante una noche loca. Quizás por eso, como Becky G, siga inclinándome por los mayores.
Escritor y presentador venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de octubre de 2017, 3:56 p. m. with the headline "A mí me gustan mayores."