Opinión

EN NUESTRA OPINION: El giro del senador Rubio

Marco Rubio contesta a las preguntas de la prensa.
Marco Rubio contesta a las preguntas de la prensa.

Fue decepcionante ver al senador Marco Rubio entre la minoría de 36 miembros cuando el Senado aprobó un acuerdo sobre el presupuesto que podría evitar otro cierre del gobierno. Pero no fue una sorpresa: después de recibir una lluvia de críticas de extremistas del Tea Party este año por elaborar un sólido paquete para la reforma migratoria, el senador de Miami ha dado un marcado giro a la derecha para recuperar el apoyo de los ultra-conservadores.

Esto es doblemente decepcionante en un legislador que una vez declaró que se postuló al cargo porque quería “resolver problemas”. La incapacidad del Congreso de aprobar un presupuesto hasta ahora es un síntoma evidente de la disfunción que representa el mayor problema en Washington.

El acuerdo fue lo bastante bueno como para ganar el apoyo de nueve republicanos, entre ellos prominentes conservadores como los senadores Orrin Hatch, de Utah, y John McCain, de Arizona. Ellos decidieron dejar a un lado el juego político, pero el senador Rubio parece tener otras prioridades.

Le dijo a Fox News que la medida “no contempla la deuda en serio”. Cierto. Pero ante la alternativa —otro momento de suspenso sin sentido en torno a mantener el gobierno funcionando— aprobar el presupuesto era lo razonable.

La opción del senador en esta votación clave aumenta la impresión de que, en la mitad de su término de seis años, su deseo de resolver problemas está ocupando un segundo lugar ante sus aspiraciones presidenciales.

Eso podría explicar el cambio del senador en materia de inmigración. Fue uno de los arquitectos del plan de reforma integral del Senado, y explicó su posición en un artículo en el Wall Street Journal: “Me postulé al cargo porque quería resolver problemas, y Estados Unidos tiene un problema de inmigración muy serio”.

La moderación no agradó a sus partidarios del Tea Party que antes lo adoraban. El senador Rubio dio marcha atrás a su propio plan para favorecer una reforma por partes, menos prometedora, que no contempla una vía a la ciudadanía. Sus portavoces dicen que se trata solamente de un reconocimiento de la realidad, pero dejó alicaídos a los defensores de la reforma.

Más tarde, el senador Rubio se sumó al fallido esfuerzo de bloquear los fondos para la nueva ley de cuidado de la salud, que condujo al cierre del gobierno. Pero eso no le impidió aceptar un subsidio federal de $10,000 que viene con el plan, aunque algunos colegas republicanos lo rechazaron como un “acuerdo especial”.

En noviembre, el senador Rubio votó en contra de volver a autorizar la Ley sobre la Violencia Contra las Mujeres, diciendo que objetaba ciertas cláusulas nuevas de la medida. E hizo causa común de nuevo con la minoría derechista cuando el Senado votó para prohibir la discriminación en el centro de trabajo por orientación sexual e identidad de género, diciendo que daría lugar a “demandas frívolas”.

Ninguna de estas propuestas es perfecta, pero esa es la naturaleza de la legislación, como el senador Rubio sabe muy bien desde la época en que era presidente de la Cámara del estado. Pero constantemente parece adaptar sus votos a una estrecha base partidista.

La nominación del juez de circuito de Miami-Dade William Thomas para llenar un puesto vacante en el sistema judicial federal es ilustradora. El juez Thomas, si es confirmado, sería el primer magistrado de la raza negra abiertamente homosexual en un tribunal federal. El senador Rubio al principio lo recomendó, pero después le quitó su apoyo, alegando una preocupación sobre dos decisiones judiciales, aun cuando un fiscal contra quien el magistrado falló en un caso escribió al senador apoyando al juez Thomas. La oficina del senador Rubio señala que ha respaldado a varios elegidos por el presidente Obama para puestos judiciales; los críticos dicen que su oposición al juez Thomas se basa en una política contra los homosexuales.

Al acercarse el 2016, la campaña presidencial ganará intensidad. Con su obvio atractivo político, el senador Rubio debería ser un fuerte competidor por la nominación de su partido si decide postularse, pero sus cálculos no deberían requerir el respaldo a una agenda política que no corresponde a las necesidades de un estado grande y diverso como la Florida.

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