Opinión

EN NUESTRA OPINION: Miedo a la información

Una bandera cubana ondea el 31 de diciembre en la céntrica calle habanera de Neptuno, en vísperas de la celebración de los 55 años de la revolución. El gobernante Raúl Castro arremetió contra la entrada en la isla de información sin censura.
Una bandera cubana ondea el 31 de diciembre en la céntrica calle habanera de Neptuno, en vísperas de la celebración de los 55 años de la revolución. El gobernante Raúl Castro arremetió contra la entrada en la isla de información sin censura. EFE

En su discurso por el 55 aniversario de la revolución cubana, pronunciado el pasado 1 de enero en Santiago de Cuba, el mandatario cubano Raúl Castro dio una voz de alerta. Dijo que poderosas fuerzas subversivas dentro y fuera de la isla trataban de socavar el régimen, y que se dirigían especialmente a la juventud.

Castro no dio muchos detalles sobre esa presunta campaña subversiva, pero apuntó sobre todo a la información que llega a la isla, especialmente en formatos digitales, y que no pasa por la censura oficial. “Se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y capitalismo... favoreciendo el individualismo, el egoísmo y el mercantilismo”, dijo el gobernante.

La denuncia de esta presunta campaña para socavar el comunismo cubano suena a paranoia. Desde que Gutenberg inventó la imprenta hace casi seis siglos, la transmisión de ideas no ha hecho más que ir en aumento. Hoy, tras la revolución de la informática que tuvo lugar en las últimas décadas del siglo pasado, el flujo de ideas ha alcanzado proporciones epidémicas. La Internet ha conectado al mundo de una forma que antes solo era concebible en el terreno de la ciencia-ficción. Y ni siquiera una sociedad aislada como la cubana ha podido escapar a la invasión de las comunicaciones.

En esa avalancha de datos hay de todo. Hay ideas neoliberales, desde luego, pero también numerosas críticas contra el capitalismo realizadas desde el mismo interior de las sociedades capitalistas, y sin censura. Si los cubanos tuvieran la Internet libre a su alcance, verían tanta información de un bando como del otro. No estarían recibiendo –como teme Castro– un bombardeo de sermones a favor del libre mercado como parte de una campaña orquestada para minar al régimen socialista, sino una lluvia de información muy diversa.

Si la información en Cuba fuera abierta, los cubanos tendrían la posibilidad de comparar lo mejor y lo peor de los dos mundos y tomar decisiones libremente. Ya lo hacen en gran medida, porque la tecnología actual y el diluvio de datos son capaces de burlar a la censura más férrea, pero los cubanos todavía están lejos del libre acceso a la información que disfrutamos de este lado del mar.

Eso es precisamente a lo que teme Castro, a que la gente pueda hacer comparaciones y pensar por su cuenta, fuera de los cánones oficiales. A que estén más en contacto con el mundo exterior y lo vean tal como es, con sus luces y sus sombras, y no de la manera en que siempre lo ha pintado la propaganda oficial. Por eso arremete contra la comunicación. Por eso les hace una advertencia indirecta desde la tribuna a los blogueros y los periodistas independientes que tratan de informar a la población desde fuera de los medios estatales, mientras el viernes la policía cubana lanzaba una oleada de arrestos contra disidentes que planeaban repartir juguetes a niños el Día de Reyes.

José Martí, el Apóstol de la independencia cubana, a quien Castro mencionó en su discurso, dijo que “ser cultos es el único modo de ser libres”. Su pensamiento mantiene plena vigencia: en el mundo de hoy, estar informado es posiblemente la única manera de ser libre. A lo que teme el régimen cubano es a que todos tengan acceso a la información, a que piensen por sí mismos.

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