Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

‘Agosto’ es una incursión a la tragedia de la crisis de los balseros cubanos

Una escena de la película “Agosto”, del director cubano Armando Capó.
Una escena de la película “Agosto”, del director cubano Armando Capó. YouTube: TIFF Trailers

En términos personales hubo dos momentos que no olvidaré de mi cobertura del pasado Festival Internacional de Cine de Toronto, en su edición número 43: la proyección de la perturbadora y deplorable película La Red Avispa, del director francés Olivier Assayas, con sus estrellas rutilantes sobre el escenario y un público ajeno a la historia aplaudiendo ciegamente, así como el estreno mundial de un filme cubano pequeño pero de gran corazón, Agosto, dirigido por el cineasta independiente Armando Capó.

Pudiera decirse que los balseros ya tienen un género en la filmografía de la isla. Se destacan, sobre todo, los documentales que han registrado, desde diversos ángulos, la épica peligrosa de escapar del castrismo y sus frustradas promesas.

Entre los largometrajes de ficción que recurren al tema, se encuentran, entre otros, dos dirigidos por extranjeros: Una noche, de Lucy Molloy y La partida, de Antonio Hens. Ambos explotan la llamada porno miseria que caracteriza la creciente marginalidad urbana de la isla.

El año 1994, cuando coincidieron la crisis de los balseros, el llamado maleconazo y el período especial, solo ha sido abordado por el excelente cortometraje Afuera, dirigido por Vanessa Portieles y Yanelvis González.

En Agosto también se dan cita las mismas ominosas circunstancias, pero el escenario es la distante ciudad de Gibara, donde un adolescente irá madurando a la carrera, tanto en la experiencia del esquivo primer amor, como en la certidumbre de que su comunidad se desgaja inevitablemente, ante sus ojos asombrados.

Cada generación cubana parece contar con su momento extremo de desencanto social. La del año 1994 fue la única que mostró una protesta callejera, abortada personalmente por el dictador y sus represivos seguidores. El niño de Agosto y sus padres ven la versión oficial en la televisión.

Las crisis han contado con el síndrome de la “olla de presión”, desde las primeras maneras de fugarse del paraíso proletario. Actualmente, sin embargo, todas las imaginativas vías se han ido clausurando.

Armando Capó cuenta una historia de frustración, como para restañar heridas, ha dicho en más de una entrevista. La infancia del protagonista termina abruptamente, aunque sus padres hagan lo indecible por protegerlo.

Es un filme sin inquina, de un pueblo que ha tratado de lidiar, a duras penas, con una forma de vida impuesta, sin alternativas. Los adolescentes se abocan a sus vacaciones de verano y mataperrean libremente, mientras los adultos, obstinados, quieren aprovechar otra de las pocas oportunidades con que cuentan para salir de la desesperanza.

Los experimentados actores Lola Amores y Rafael Lahera interpretan a los padres, como ha solido ocurrir en Cuba durante los últimos 60 años, enfrascados en la toma de decisiones extremas.

El principiante Damián González es el discreto y silencioso Carlos, quien sostiene una relación muy cercana con su abuela, la gran Verónica Lynn, e inquiere, con su profunda mirada, sobre la realidad que lo atropella y nadie le ha explicado.

El guion es de Abel Arcos, quien escribiera La obra del siglo, dirigida por Carlos M. Quintela.

Conducidos por Armando Capó, quien ostenta una notable filmografía documental, Agosto se aleja de estridencias que suelen caracterizar el cine nacional. Todos los componentes de la obra se confabulan en su narrativa serena pero tensa, para revelar la realidad carcomida por la inoperancia de una ideología en bancarrota.

Hay violencia solapada, miedo, desencanto, ausencias, desespero, incógnitas, familias y comunidades quebradas, que pasan de la inercia social, a la toma de decisiones públicas, como la de construir y montar una balsa ante la vista de todos y la anuencia del régimen, taimadamente autorizados por el dictador en comparecencia televisiva.

Agosto está siendo primorosamente promovida y atendida por dos de sus productoras, Marcela Esquivel y Claudia Olivera.

Es una película emocionante que no culpa a ninguna intromisión externa de los desvaríos castristas. Es una incursión al corazón de la tragedia.

Twitter: @alejandroriostv.

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA