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Opinión

¿Se pueden fabricar los virus?

Desde hace años se ha verificado que los virus se pueden crear. Lo tenebroso del caso es que algunos pudieran crearse precisamente para originar una epidemia, por motivos de guerra, terrorismo, comerciales, religiosos e incluso, por enajenación mental.

Ahora mismo se presenta el caso del coronavirus, el cual se originó en la ciudad china de Wuhan y ha acabado con la vida de más de 130 personas y contagiado a más de 6,000. Como otros, se dice que este virus tiene su origen en animales, donde un murciélago enfermo fue devorado por una serpiente, la cual a su vez terminó siendo consumida por humanos.

Es altamente contagioso y toda persona que visitó ese inmenso territorio Chino, al regresar a sus países y presentar síntomas de influenza, es susceptible de ser aislado en cuarentena, al menos en EEUU. En otras naciones, con menos controles, los síntomas pueden pasar desapercibidos y por ende la infección, de existir, pudiera propagarse mundialmente.

Hablamos que el virus se originó en animales, como la fiebre porcina o el SIDA que se transmitió de un simio. Sin embargo, nos preguntamos en este caso, ¿y si no fue así? ¿Acaso el virus primario del murciélago no pudo ser sintetizado en un laboratorio para infectar a los humanos por diferentes vías?

Desde luego, cuando aparece un riesgo de epidemia como este, no tarda en surgir una vacuna especializada para controlarla, lo cual supone la manufactura masiva del medicamento, la atención profesional del caso y el seguimiento adecuado.Todo esto genera ingresos a granel para diversos sectores lo cual mueve la economía y enriquece a muchos.

Y esto se corrobora aún más con los virus de influenza que aparecen cada año, los cuales son mitigados con las vacunas preventivas y los tratamientos posteriores. Por cierto, cada año las nuevas cepas de gripe enferman gravemente a 5 millones de personas y matan a unas 650,000, según la Organización Mundial de la Salud.

Llama la atención que siendo la gripe el virus más peligroso reincidente cada año, las personas se aterrorizan ante virus remotos como el zika, el ébola y ahora el coronavirus, entre otros.

En la historia de la humanidad, tres grandes epidemias han cobrado millones de vidas; la peste bubónica en el siglo XIV, la viruela en el siglo XVIII (actualmente erradicada) y el cólera en el siglo XIX. Aunque de ellas solo la viruela fue causada por un virus y las otras por bacterias, todas han sido tratadas con vacunas. Y evidentemente, estas vacunas, además de haber salvado millones de vidas, han producido y continuarán haciendo miles de millones de dólares.

Por supuesto, el espíritu comercial es la base de nuestro sistema y el resorte que impulsa a los emprendedores. No obstante, hay que destacar que en la manufactura de vacunas se experimentan con virus que requieren confidencialidad y alta seguridad para que no caigan en manos inescrupulosas.

Por ejemplo, vemos el caso del virus conocido como SARS que logró “escaparse” de un laboratorio de máxima seguridad en Pekín en el 2007, infectando a nueve personas que afortunadamente fueron detectadas a tiempo y se pudo evitar su propagación.

Otro caso es el referente al profesor de la Universidad de Wisconsin Yoshihiro Kawaoka en el 2014, quién fue capaz de crear una nueva cepa mortal del virus de la gripe aviar (HINI), que es resistente al sistema inmunológico humano. De acuerdo al científico, la finalidad del experimento era mejorar el diseño de nuevas vacunas para combatir este virus. O sea determinar cómo podría mutar en el futuro, para asٕí poder combatirlo mejor.

Sin embargo, los profesores Robert May y Marc Lipsitch de las Universidades de Oxford y Harvard respectivamente, opinan que el desarrollo de estos virus mortales son actividades de alto riesgo porque podrían crear una epidemia global ya que los laboratorios de una universidad no son precisamente centros con una seguridad máxima como lo requiere el caso. O sea, grupos terroristas, enemigos del país y hasta dementes pudieran intentar acciones malignas.

Esto nos indica que la ciencia es positiva y beneficiosa para el ser humano, pero lamentablemente la maldad siempre ha existido y existirá y cualquier invento o descubrimiento puede ser manipulado con malas intenciones.

Por el riesgo que implica, cualquier inversión en la seguridad científica está plenamente justificado.

Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de enero de 2020, 3:13 p. m..

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