Pandemia y elecciones a todo galope
Cuando el 7 de diciembre de 1941, los japoneses bombardearon Pearl Harbor en un ataque sorpresa que pudo ser prevenido, nadie llamó al presidente Franklin Roosevelt traidor o lo culpó del ataque. No ha sucedido así con Donald Trump.
Los demócratas han acusado al presidente de ambas cosas mientras enfrenta una de las peores crisis en la historia de esta nación. Una gran plaga que azota a la humanidad y ha infectado a mas de un millón de norteamericanos, causado más de 80,000 muertes, y paralizado nuestra economía enviando a las filas del desempleo a 30 millones de norteamericanos.
A diferencia de Roosevelt que contaba con informes de inteligencia precisos, Trump nadaba en un mar de desinformación que China diseminaba por el mundo, amparada por el World Health Organization mientras destruía datos, muestras de laboratorio, silenciaba doctores y periodistas y cerraba Wuhan al tráfico doméstico, pero no al internacional, facilitando la propagación del virus por el mundo. Se calcula que mas de 5 millones de personas salieron de Wuhan antes de que oficialmente impusieran la cuarentena el 23 de enero.
Pero lejos de acusar a China, cuya grave negligencia y engaño intencional es culpable de este descalabro mundial, los demócratas culpan al presidente Trump. ¡Irónico! Porque lo acusaron de “racista” cuando impuso la primera medida para protegernos, prohibiendo los viajes entre Estados Unidos y China el 31 de enero, solo 10 días después que se confirmara el primer caso de COVID-19 en Estados Unidos.
Los demócratas siguen fieles al mismo libreto desde hace tres años: negar, ignorar o distorsionar la verdad para crear una falsa realidad que les permita invalidar las elecciones del 2016.
Ahora no necesitan inventar. Esta pandemia es real, y esperan sea la bala de plata que atraviese el corazón de la efervescente economía creada por Donald Trump en solo tres años de presidencia. Por ello arrastran los pies para restablecerla, y su mensaje es pesimista y sombrío.
Es un hecho que Donald Trump enfrenta un gran reto para su reelección; pero los demócratas tienen uno mayor. Lograr la victoria con Joe Biden, un candidato con síntomas de senilidad tan visibles que no se necesita buscar nada en su pasado para descalificarlo. Solo hay que enfrentarlo en un debate con Donald Trump. Biden tartamudea y se confunde. Es obvio que no esta apto para ser comandante en jefe.
A simple vista su selección luce tan irracional como la que hizo Calígula, el enajenado y sanguinario emperador romano, cuando, según dicen, nombró cónsul a su caballo predilecto. Sin embargo, hay razones y una estrategia detrás de la selección de Biden.
Entre él y Bernie Sanders, era el menor de dos males a pesar de un nebuloso pasado político, con acusaciones de acoso sexual y corrupción en beneficio de su familia. Biden es el rostro “moderado” de un partido donde la izquierda radical ha hecho nido. La prueba esta en un reciente Gallup poll señalando que 76% de los demócratas votarían por un presidente socialista. Si no apoyaron a Sanders, no fue por rechazo al socialismo; sino porque reconocen que un socialista confeso no puede ganar las elecciones generales.
Ello no significa, sin embargo, que hayan renunciado a la agenda izquierdista que promueven y es rechazada por la mayoría de los norteamericanos: fronteras abiertas; servicios gratis a indocumentados; abortos costeados por los contribuyentes y autorización para estos hasta el momento del nacimiento; sufragio en prisión para reos convictos de cualquier crimen, etc. La lista no termina aquí, pero hay suficiente para espantar a los demócratas moderados y a los independientes.
Con Joe Biden encabezando el ticket, los demócratas esperan que eso no suceda, y que el odio hacia Trump los haga ignorar su incapacidad física. Joe es solo el cebo para atraer incautos. La tarea de gobernar recaerá sobre la mujer elegida Vicepresidente y un grupo de asesores. Los demócratas podrán entonces reestructurar nuestro país a su visión socialista.
Queda por ver si los independientes y demócratas moderados aceptan esta artimaña que degrada la institución más alta de nuestro país, e insulta a los electores.
La estrategia demócrata es simple, y quizás se inspiró en el irracional Calígula y su caballo-cónsul que se llamaba Incitatus y significa, coincidentemente, “a todo galope”. Los demócratas, en una febril quimera, ven a Biden a todo galope cruzar la línea de meta en primer lugar. Un consejo: No subestimen a Donald Trump.
Escritora y activista de derechos humanos.