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Grupo de militares alerta sobre el peligro que representa Trump | Opinión

Solo se pueden entender los cataclismos actuales entendiendo quién es realmente Donald Trump. Y la mejor descripción que se ha hecho de él fue un perfil de la revista The New Yorker en 1997, en su etapa de mayor euforia por el dinero, el sexo y la fama, y lejos aún de la política: “Vive una existencia sin que le molesten los estruendos del alma”.

En absoluto le están molestando los estruendos de la indignación contra el racismo y la brutalidad policial. Con su “naturaleza desalmada está haciendo un daño incalculable a la nación”, titulaba el Washington Post.

En vez de dar mensajes de calma y unidad, ha incrementado su retórica incendiaria y autoritaria, llegando hasta el extremo de amenazar con usar el Ejército para reprimir los derechos constitucionales de los manifestantes. Y el Ejército ha dicho no. Primero por boca del propio secretario de defensa, Mark Esper, que se ha pronunciado en contra de invocar la Ley de Insurrección, que Trump pretendía usar a estilo dictatorial.

Y, de forma más rotunda, por boca de un centenar de altos cargos militares y civiles del Pentágono retirados –incluidos cinco ex secretarios de Defensa. Amén de todos los ex presidentes y otros líderes religiosos y cívicos, que han roto su silencio para denunciar el peligro que representa Trump para la democracia. Lo han expresado mediante declaraciones públicas, artículos o cartas colectivas, a modo de un ¡ya basta! Unánime.

Somos testigos de un punto de inflexión en la presidencia de Trump, que llega en el momento justo para detener lo que podría acabar siendo una pesadilla autoritaria.

Y llega por un efecto acumulativo de enojo e incredulidad ante el escándalo permanente al que Trump nos ha sometido violando todas las normas posibles.

¿Cuál ha sido la última gota que ha desbordado el vaso del aguante? Los matemáticos lo explican con la “teoría de la catástrofe”, según la cual los cambios drásticos e impredecibles se producen tras una paulatina sucesión de pequeñas circunstancias. Ponen como ejemplo las avalanchas, impredecibles, hasta que una última y pequeña cantidad de nieve las detona.

Aquí y ahora, la avalancha social es en pro de un cambio. Pero no un cambio maquillado para pasar la página y seguir igual. No. Un cambio drástico, en el que de verdad se cumpla el ideal de libertad y justicia para todos.

El asesinato del hombre afroamericano George Floyd por la policía ha servido como catalizador de una subcorriente de quejas, algunas viejas como el racismo endémico, y otras recientes sobre el derrotero abismal al que Trump está conduciendo al país.

Y esta avalancha difícilmente tendrá vuelta atrás. Puede que Trump, atrincherado en su búnker de la Casa Blanca, no haya articulado ni una palabra de unidad, pero está uniendo a una mayoría del país. En su contra. ¿Se han percatado de que ha estado días escondido?

El primer militar en dar un paso al frente fue el ex secretario de Defensa, general Jim Mattis. Y por ser quien es, idolatrado en el Ejército, y por el silencio con que ha sobrellevado los ataques de Trump a las normas constitucionales, su declaración cayó en Washington como una bomba que abría las compuertas de la indignación, contenida por años. En muchos círculos, militares y civiles, se interpretó además como un “permiso” para hablar, casi como una liberación de las cadenas trumpistas.

“Donald Trump es el primer presidente en toda mi vida que no trata de unir al pueblo americano, ni siquiera finge intentarlo. En cambio trata de dividirnos”, afirmaba Mattis en su larga declaración escrita. “Lo que ahora estamos viendo [las protestas] es la consecuencia de tres años de ese intento deliberado [de Trump]”.

“Nunca me imaginé que las tropas recibieran la orden de violar los derechos constitucionales de sus conciudadanos, ni mucho menos que fuera para facilitar una extraña foto al comandante en jefe”.

La foto que menciona Mattis fue la que disparó todas las alarmas el 1ro. de junio. Se la tomó Trump fuera de la Iglesia de San Juan, blandiendo sacrílegamente una Biblia boca abajo, después de gasear a manifestantes pacíficos que le estorbaban en el camino para hacerse la foto propagandística.

Con el show pretendía dos cosas: demostrar que su amenaza de sacar al Ejército para “dominar las calles” iba en serio (¡que ha tenido que dar marchas atrás ante la lluvia de críticas!); y, sobre todo, disimular la cobardía de haberse escondido en el búnker de la Casa Blanca, ahora convertida toda ella en un mega búnker rodeado de vallas, donde se guarece el “macho” Trump.

Sus gestos déspotas no van a borrar su pésima gestión de la pandemia, ni de la economía, ni su racismo. Su proyección de fuerza bruta no va a borrar su abrumadora debilidad de cry-baby (niño llorón).

Después de las valientes palabras de Mattis, las críticas a Trump se sucedieron en cascada para denunciar sus violaciones a la Constitución: el general John Allen (“Las amenazas de Trump de usar el Ejército contra los manifestantes pueden ser el principio del fin del experimento americano”); Martin Dempsey (“América no es un campo de batalla ni los ciudadanos son enemigos”), etc. La lista de militares y altos cargos de Defensa es larga e imposible de reproducir por falta de espacio.

Una de las cartas, firmada por 89 ex funcionarios del Pentágono dice: “El presidente continua usando lenguaje inflamatorio contra las protestas legales… Nosotros reiteramos el juramento a la Constitución… Estamos alarmados de cómo el presidente pretende violar nuestro juramento amenazando con ordenar a miembros del Ejército que violen los derechos de nuestros conciudadanos”.

La más escalofriante quizá es la que hace el general Mattis comparando la retórica de Trump con la de los Nazis: “El slogan nazi para destruirnos era ‘divide y vencerás’… El nuestro era ‘en la unión está la fuerza’. Debemos apelar a esa unidad para superar esta crisis… Debemos rechazar y hacer que rinda cuentas quien está a cargo burlándose de la Constitución”.

Ojalá. Pero el problema es que al haber ido por la vida sin que le haya molestado el alma, sin conciencia, Trump no distingue entre el bien y el mal. Solo siente lo que le toca su ego.

Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de junio de 2020, 1:31 p. m..

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