Eterna Rosita Fornés: recordando la dignidad y decencia de la vedette cubana
La más grande vedette cubana, Rosita Fornés, ha fallecido en Miami, donde estableció residencia en el 2019, luego de alternar su hogar, durante los últimos años, con La Habana.
Tuve la suerte de entrevistarla en dos ocasiones. La primera vez sería por los años ochenta en un hermoso apartamento que tenía frente al zoológico de El Nuevo Vedado. Fue para el programa Entre Nosotros que dirigía Raisa White, sobre el acontecer cultural de la isla.
Tenía algo de magia acceder a un lugar donde el tiempo parecía detenido. Afuera, el agobio de la indigencia consustancial al socialismo. Dentro de sus predios estilizados y pulcros, el universo que ella había logrado sostener contra todos los pronósticos.
La rodeaba un equipo de asistentes que cuidaban su apariencia y atendían a la visita con hospitalaria prestancia. Nuestros técnicos eran sus amigos y sabían con quién estaban lidiando, la admiración era manifiesta.
Me llamó la atención cómo les recordaba su ángulo más favorecido ante la cámara. No recuerdo qué otras estrellas entrevistadas hayan insistido en ese detalle.
Rosita era una suerte de fantasma vivo del pasado que la ramplona avalancha verde olivo había coartado poco tiempo después de 1959. Ella parecía estar consciente de su exclusividad en el universo proletario por el cual abogaba el castrismo. No les reclamó favores para sobrevivir, pues confió, absolutamente, en el amparo que le otorgaba su vasta legitimidad artística y fama internacional.
La leyenda más bien refiere que nunca dejó de profesar su fe católica y siempre colaboró con colegas defenestrados por el régimen, como fue el caso de Meme Solís, a quien siguió interpretando no obstante haber sido borrado de los medios de comunicación oficiales.
Para el castrismo era un “rezago del pasado”, como Gina Cabrera o Maritza Rosales, quienes debieron aminorar su presencia en la cultura nacional por no contar con un registro expresivo tan amplio como el de la Fornés.
En la segunda entrevista que tuve la suerte de realizarle en abril del año 2012 para mi programa La Mirada Indiscreta, del Canal 41, AmericaTeVe, recorrimos muchos temas caros a su vida personal y artística. La misma sencillez, igual sonrisa y elegancia.
En una pausa comercial del programa, los amigos que la acompañaron la instigaron para que se refiriera a Alfredo Guevara, presidente del Instituto de Cine Cubano (ICAIC), quien fuera, al parecer, el causante de su larga ausencia en el cine nacional, pero declinó elegantemente la idea, como si estuviera por encima de esas circunstancias pedestres que ella había vencido por su clase artística y personal.
Fue en 1985 que Juan Carlos Tabío le dio la oportunidad a Rosita Fornés de regresar al cine con una comedia encantadora, Se permuta, en un papel totalmente novedoso para su carrera como me confesó en la entrevista de televisión. Una pícara cubana común que trataba de lidiar con el mejoramiento habitacional en medio de la escasez crónica de viviendas.
En 1986 desempeñó un papel de diva venida a menos en Plácido, de Sergio Giral y luego habría otras dos incursiones cinematográficas, cortesía de Orlando Rojas, que la consagrarían en el decursar de su larga carrera: Papeles secundarios (1989), donde interpreta la tiránica directora de un grupo teatral, y Las noches de Constantinopla (2001).
El periódico Granma, órgano del Partido Comunista cubano, ha publicado un obituario atropellado, donde ni siquiera se menciona dónde falleció la artista.
Paradójicamente, sin embargo, hace hincapié en su carrera durante la República como si el tránsito a la dictadura hubiera sido natural, sin heridas.
Rosita Fornés se resistió a ser víctima del descalabro que acontecía en su país, donde siguió siendo mimada por el público. Se ausenta con dignidad y decencia. Su arte esmerado salvó para la posteridad un capítulo de la cultura cubana que hubiera sido barrido por la ordinariez castrista.
Twitter: @alejandroriostv. Correo: alejandrorios1952@gmail.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de junio de 2020, 3:51 p. m..