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Opinión

Tras las huellas de Ana Frank, de Ámsterdam a Auschwitz

FILE - This June 12, 2009 file photo, shows a photo of Anne Frank at the opening of the exhibition: “Anne Frank, a History for Today”, at the Westerbork Remembrance Centre in Hooghalen, northeast Netherlands. A new study by the Anne Frank House museum in Amsterdam said Friday, Dec. 16, 2016, there is no conclusive evidence that the Jewish diarist and her family were betrayed to the Netherlands’ German occupiers during World War II, leading to their arrest and deportation. (AP Photo/Bas Czerwinski, File)
FILE - This June 12, 2009 file photo, shows a photo of Anne Frank at the opening of the exhibition: “Anne Frank, a History for Today”, at the Westerbork Remembrance Centre in Hooghalen, northeast Netherlands. A new study by the Anne Frank House museum in Amsterdam said Friday, Dec. 16, 2016, there is no conclusive evidence that the Jewish diarist and her family were betrayed to the Netherlands’ German occupiers during World War II, leading to their arrest and deportation. (AP Photo/Bas Czerwinski, File) ASSOCIATED PRESS

En un viaje que realicé a Ámsterdam hace ya casi 10 años, una de las excursiones incluidas en el tour era un paseo en barco por el llamado Canal del Príncipe, el más largo de los cuatro que rodean la ciudad.

La embarcación, aunque pequeña, tenía una amplia cubierta desde la que podían verse, entre los árboles de las orillas, las iglesias, monumentos y edificios que se levantaban a lo largo de ellas.

Cuando ya estábamos llegando al final del recorrido, justo antes de pasar por debajo de un puente, el barco se detuvo por un momento y el guía anunció por los altoparlantes: “Si miran a la izquierda pueden ver la casa de Ana Frank”.

Todos en el grupo miramos hacia un edificio color marrón de tres pisos frente al cual un grupo de personas esperaba para entrar. Y mientras lo hacíamos, escuchamos una breve explicación de cómo Ana, una niña judía de 13 años, había estado escondida en esa casa hasta que fue detenida y enviada junto a sus padres y su hermana a un campo de concentración.

Cuando el barco continuó su navegación, le dije a mi esposa: “Tenemos que regresar mañana para visitarla”. Pero nunca llegamos a hacerlo. Ni siquiera recuerdo lo que hicimos al otro día. Lo que sí recuerdo es que siempre lamenté no haberla visitado.

Y hoy lo lamento todavía más porque acabo de ver, con el corazón apretado en un puño, el conmovedor documental Descubriendo a Ana Frank: Historias paralelas, que acaba de ser estrenado en Netflix.

El filme, dirigido por las cineastas italianas Sabina Fedeli y Anna Migotto, está estructurado en varios planos de narración fílmica que se van alternando con coherencia hasta el final.

Por una parte están los fragmentos del diario, leídos con su portentosa dicción por la actriz inglesa Helen Mirren desde la misma habitación de Ana: “Querida Kitty: oigo cada vez más fuerte el trueno que se avecina y que nos matará”.

Y por la otra, están las escenas en que la joven actriz Martina Gatti, en un claro intento por llegar a las nuevas generaciones, va documentando a través de #Hashtags, la trágica vida de Ana Frank.

A estos dos segmentos le van intercalando viejas películas en blanco y negro en las que pueden verse la estación ferroviaria donde recibían a los prisioneros, las barracas donde los hacinaban y las cámaras de gas donde los exterminaban.

También, incorporadas convenientemente, aparecen varias entrevistas hechas a un grupo de mujeres que sobrevivieron el holocausto y que narran, ya en el ocaso de sus existencias, los espantosos tiempos que —al igual que a Ana— les tocó vivir de niñas.

La contundencia de sus testimonios y la crudeza de las imágenes que las acompañan, son lo mejor del filme: el doloroso recordatorio de que no hay en la historia otro crimen tan atroz ni tan meticulosamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis.

Descubriendo a Ana Frank: historias paralelas, es un poderoso documental en el que puede comprobarse, de la manera más desgarradora, los horrores del genocidio cometido contra el pueblo judío.

El final de este estupendo filme es de una poética visualidad: la joven Martina Gatti, que ha estado documentando con su móvil la vida de Ana Frank, llega al fin a su habitación en penumbras justo cuando la veterana actriz Mirren, que acaba de leer con la voz temblorosa por la emoción la última entrada del diario, abandona la estancia.

Todavía, antes de que cierre la puerta, pueden escucharse sus palabras: “Querida Kitty: es un milagro que todavía no haya renunciado a todas mis esperanzas porque parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, sigo aferrándome a ellas pese a todo, porque aún creo en la bondad interna de los hombres”.

Tres días más tarde los nazis llegaron y se la llevaron detenida. Y su habitación quedó vacía y en silencio para siempre.

Escritor cubano. Correo: manuelcdiaz@comcast.net.

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