Martha Flores, una vida llena de servicio a la comunidad
No es fácil explicar el significado de la carrera periodística de Martha Flores.
En términos de longevidad, no hay nadie que compare. Estamos hablando de más de medio siglo opinando, entrevistando, analizando. Martha fue la primera mujer hispana que debutó con un programa radial en Miami. Trabajo duramente para poder reunir a su familia que se quedó en Cuba cuando ella partió a los Estados Unidos; sus padres y su pequeño hijo.
Cuando yo terminé mi programa en el Canal 51, llamado, “Política Al Día”, recomendé a Martha para sustituirme. Yo era un neófito en la televisión, y ella era una veterana en periodismo, pero me pidió ayuda, ideas, datos, y toda clase de información sobre el manejo de un gobierno municipal.
Pero lo más asombroso de Martha Flores era su dominio de la noche radial. Por muchos años ella dominó las ondas radiales desde la 8 p.m. hasta la medianoche. Cualquier persona, aún mucho más joven que ella, se quedaría corto de energía, soñoliento, laborando en esas últimas horas. Su programa “La noche y usted” hizo grandes contribuciones a la comunidad que la escuchó y la quiso durante décadas.
No era así para Martha. Ella cobraba energía con el paso de la noche. Ella disfrutaba cada minuto, cada segundo, cada entrevista, como si fuera una de esas reporteras de noticias que prepara asiduamente una o dos entrevistas cada noche. Lo que para otros era uno o dos minutos de transmisión por noche, para Martha eran cientos de minutos en el aire, sin mucho descanso, excepto por los anuncios.
Hacia el final de su vida Martha me llamó con mucho embullo y premura. Había leído mi artículo en el Nuevo Herald sobre la mala fe demostrada por los chinos comunistas cuando taparon el comienzo del coronavirus en Wuhan y en lugar de alertar al mundo, siguieron permitiendo que sus ciudadanos viajaran a todas las esquinas del mundo contagiando a diestra y siniestra, para después beneficiarse con ventas de sus productos médicos. Se emocionó tanto con el tema que casi no tuve que añadir nada a su explicación.
Martha quería al pueblo estadounidense como si fuera oriunda de aquí. Quería a Cuba como a sus padres. Quería a Miami, y tenía un lugar especial en su corazón para Maurice Ferre y para mí. Así lo expresó en el último programa que hicimos —poco más de un mes antes de su fallecimiento.
Se murió con las botas puestas, luchando por su patria natal y su patria adoptiva.
Era no solo la reina de la noche sino la reina del día: optimista, sin rencor, sin odio, y con amor por su patria, su familia y sus oyentes.
Xavier L. Suarez, comisionado de Miami-Dade, Distrito 7.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de julio de 2020, 0:17 p. m..