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Opinión

Los enemigos de la democracia salen a flote con la pandemia

Vivimos en una sociedad que actualmente atraviesa por una de las crisis mayores que ha tenido que enfrentar en su historia. Desafortunadamente en esta pandemia, donde todos debemos unirnos para derrotarla, también hacen su aparición los depredadores comerciales, que sin duda representan lo peor de nuestra sociedad.

Estos seres inescrupulosos aprovechan la menor oportunidad para obtener ventajas económicas a costa del sufrimiento de seres humanos que nunca esperaron tener que lidiar con un evento fortuito tan desastroso como este.

El caso de la amenaza a las hipotecas y la próxima escasez de viviendas después que empiece el desalojo por falta de pagos, es uno de los ejemplos más patéticos que nos ocupa. Resulta que existen algunas entidades financieras, tales como bancos, mortgages services y otros prestamistas, que están a la caza para iniciar embargos hipotecarios, sobre todo cuando la propiedad está muy cerca de ser pagada en su totalidad.

Para una familia que por 30 años ha venido amortizando su préstamo hipotecario, resulta muy doloroso tener que enfrentar súbitamente un proceso de embargo a pocos meses de saldar su deuda. Mientras más cerca está el préstamo en terminar de pagarse, más agresivos se muestran estos depredadores que saltan de alegría ante la posibilidad de adueñarse de una propiedad con un valor tangible significativo.

Se conocen casos, cuyo pago estuvo tardío por apenas un mes, que han recibido cartas de “intención de foreclosure”, les han cobrado un recargo por tardanza y los han reportado a las Agencias de Crédito (bureaus), a pesar que el deudor les había solicitado una extensión o moratoria por el coronavirus. A estos elementos poco le ha importado el desastre nacional y han ejercido todo su poder sin ningún tipo de consideraciones.

Entendemos que los negocios son para hacerlos producir y obtener ventajas económicas cuando sea posible. Comprendemos que dentro de la legalidad “les cabe el derecho” y ellos no tienen porqué ser una “casa de beneficencia”. Pero tampoco deben refugiarse en la mínima legalidad para dejar sin techo a familias que sin proponérselo, han visto truncados repentinamente sus fuentes de ingreso.

Sucede que la legalidad se puede usar en forma perversa o en forma humanitaria. Muchas entidades financieras han extendido la duración del préstamo y han colocado los pagos atrasados al final; eso es ayudar creativamente. Sin embargo, los depredadores siempre eligen la forma perversa porque su intención es apropiarse del inmueble.

Se ha conocido el caso de personas que han llegado a desequilibrarse al ver perdida toda una vida de trabajo por la acción de estos seres inescrupulosos. Más de un trastornado han irrumpido en oficinas legales o comerciales y han empezado a disparar.

Otro tipo de abuso y agresividad que se ha destapado en esta pandemia es la de algunos servicios que se prestaba a los pequeños negocios principalmente, como son el servicio de dispensadores de agua para los clientes o la recogida privada de basura, por ejemplo.

Acontece que muchos negocios estuvieron cerrados por tres meses y el pago mensual por estos servicios no se realizó. Como consecuencia, los proveedores eligieron el camino de la perversidad en vez de la conciliación, y por un balance de unos $150, no enviaron notificación de cobro sino que traspasaron la cuenta a una agencia de cobranzas, probablemente filial, quienes imponen un elevado fee a la vez que amenazan con los Bureaus de Crédito.

Finalmente, otro problema que se ha agudizado, es la disminución del salario real de muchos empleados. Sucede que el COVID-19 descubrió una realidad en ciernes; cerca de un 40% de los empleados físicos no son necesarios en la oficina ya que pueden desempeñar sus trabajos desde sus casas. En vista de ello, el empleador ni corto ni perezoso, ha enviado a sus casas a miles de trabajadores no sin antes reducirles sus horas laborables.

Adicionalmente, muchas veces les han disminuido el salario real ya que se argumenta que ahora el empleado se ahorra el transporte y el gasto de comida. Y esta reducción de salario no es obligatoria de aceptar, pero termina siendo forzosa ante la eventualidad de quedar desempleado.

La democracia ha demostrado ser el mejor sistema político creado por el hombre, aún con sus imperfecciones. Y como en todo sistema, también conviven en él seres despreciables que lucran con el dolor humano y que desgraciadamente se convierten en el caldo de cultivo donde se gestan elementos antidemocráticos que toman como ejemplo a esta minoría perversa, los ponen como pantalla y los utilizan para intentar acabar con el sistema.

Y la democracia es tan noble que permite la existencia en su seno de elementos que quieren destruirla.

Ya es hora que se adopten medidas, que también basadas en la legalidad, sirvan para repeler a estos depredadores que tanto daño le hacen a la democracia.

Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de agosto de 2020, 3:38 p. m..

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